Raigrás y Crucíferas, las más malas de las malezas
Son las dos especies que más complican y complejizan el manejo en el sudeste bonaerense. La mirada experta del malezólogo chavense Marcos Yanniccari de cómo enfrentarlas
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Como ocurre todos los años, hacia fines de 2025, La Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) presentó el Mapa de malezas, una herramienta clave para seguir de cerca la evolución de resistencias y tolerancias en los sistemas productivos del país. El relevamiento realizado en 2025, que se trató de la séptima edición de la iniciativa, confirma que la problemática sigue en expansión y la situación es cada vez más compleja.
“Cada vez se observan más solapamientos de especies resistentes y tolerantes en los mismos lotes. Las que comenzaron en el sur se diseminan hacia el norte, y viceversa, configurando escenarios de manejo más desafiantes”, indica la Ingeniera Eugenia Magnelli, en una publicación de Red de Innovadores de Aapresid.
“Es importante comprender que la resistencia de malezas se extiende como consecuencia de la mala implementación del sistema de siembra directa, en donde no se trata la producción como un sistema de herramientas integradas, sino que se tiende a simplificar el manejo”, agrega la técnica.
Haciendo foco en las especies más problemáticas en el sudeste bonaerense, es el especialista en malezas, el chavense Marcos Yanniccari (INFIVE-UNLP-CONICET), quien a partir de su mirada experta analiza lo que ocurre por estos campos y en buena parte del sur de la provincia y brinda recomendaciones de manejo.
Raigrás y crucíferas, las top
Las principales malezas que definen la mayoría de las decisiones de manejo en esta zona son el raigrás (Lolium spp.) y el complejo de especies crucíferas, en este último grupo se destaca el nabo. “Ambas especies presentan biotipos con múltiples resistencias a herbicidas: glifosato, inhibidores de la ALS y herbicidas auxínicos en el caso del nabo, así como graminicidas inhibidores de la ACCasa en raigrás”, explica el especialista.
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En el complejo de crucíferas (agrupadas bajo el nombre de “nabos”) se encuentran dos malezas particularmente problemáticas desde el punto de vista de la resistencia: Brassica rapa e Hirschfeldia incana. “Si bien ambas son de difícil control, Brassica rapa ha evolucionado con un mayor nivel de resistencia a glifosato, inhibidores de la ALS y herbicidas auxínicos de forma apilada en una misma planta; incluso, para algunos biotipos, la REM ha difundido también la resistencia a flurocloridona en esa especie”, detalla el chavense.
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“En el caso de Hirschfeldia incana la resistencia a inhibidores de la ALS puede estar asociada a menor sensibilidad a herbicidas auxínicos o glifosato, pero resulta más sensible a estos últimos herbicidas en comparación a nabo o nabolza”, completa.
Herbicidas en jaque
El manejo químico de raigrás y crucíferas se basa principalmente en el uso de herbicidas residuales. “Para raigrás se recurre a pyroxasulfone y bixlozone. En el caso de crucíferas se debería optar por herbicidas cuyos principios activos tengan flurocloridona, diflufenican, inhibidores del FSII y hormonales”, manifiesta Yanniccari.
Sin embargo, la presión de selección continúa recayendo en relativamente pocos activos o relacionados químicamente. “Considerando la alta presencia de estas malezas, la posibilidad de seleccionar variantes con resistencia a estos productos actualmente eficaces se presenta como una amenaza”, dice.
El malezólogo advierte y destaca que el control de malezas no puede sustentarse exclusivamente en el uso de herbicidas preemergentes. “Siempre existen individuos que nacen antes de las aplicaciones y que deben ser controlados mediante herbicidas o mezclas de acción postemergente, cuya eficacia depende tanto del perfil de resistencia del biotipo como de su estado fenológico”.
Y agrega: “La resistencia múltiple de raigrás a cletodim y glifosato genera un escenario difícil para el manejo que garantice el control de aquellas plantas establecidas para que luego actúen los herbicidas residuales”.
En este escenario, el especialista explica que “la incorporación de prácticas no químicas (siembra de cultivos de servicio, remover con pala los manchones de malezas problemáticas, por ejemplo) resulta indispensable, ya que contribuyen a modificar las condiciones de selección, retrasando así la adaptación y evolución de las malezas”.

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