Señoras egresadas
En pocas semanas, Norma Angela Menna y Amanda Palermo finalizarán los estudios secundarios en el CENS Nº451
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Por Alejandro Vis
La conversación en un aula de la Escuela 3, en avenida Rivadavia 514, tiene como tema ocasional a la edad. “Vos sos más joven”, le dice Amanda Palermo a Norma Angela Menna, entre comentarios sobre fechas de cumpleaños y acerca de cuántos van a cumplir cada una.
“Cuando recién empecé en la sede de la Biblioteca Hugo Delgiorgio, me hicieron un reportaje en la radio Indie Rock y dijeron que yo era la alumna mayor”, agrega Amanda.
Ambas cursan el último año en el CENS Nº451 (Centro Educativo de Nivel Secundario) y en pocas semanas van a finalizar los estudios. Norma, en la sede de avenida Rivadavia, y Amanda, en la mencionada biblioteca del barrio Benito Machado.
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Una pregunta de Ailén Aguinaga, su nieta de 23 años que estudia Licenciatura en Educación en Bahía Blanca, abrió un camino valioso para Norma. “Abuela ¿a vos te queda algo pendiente en la vida?”, fueron sus palabras. Sin necesidad de pensar la respuesta, Norma hizo un gesto afirmativo y señaló: “la secundaria”.
La reacción de su nieta le dio impulso. “¡Vamos, te anoto!”, expresó por entonces. A fines de 2022, fueron juntas al CENS Nº451, se inscribió y al año siguiente comenzó a estudiar.
Norma se crió en la zona rural y realizó la primaria en la Escuela 38, ubicada “en avenida San Martín al fondo, cruzando el puente”, en Paraje San Juan. Habla de los vecinos y describe vivencias familiares, en un hogar que se amplió con el nacimiento de su hermana menor Mirta.
Para asistir a la secundaria debía “venir al pueblo. Mi padre estaba dispuesto a traerme todos los días, pero yo no quise”.
Buscó la manera de desarrollar un oficio y aprendió a ser costurera. “Me ayudó a ganarme la vida, un conocimiento que resultó muy útil”, valora.
Además hizo tareas de limpieza en diversos lugares como “el Banco Comercial, La Previsión, el Centro Bulonero, La Voz del Pueblo, entre otros”. En el Hogar para Ancianos encontró “el trabajo que más me gustó. Fui mucama, cuidé a los residentes hasta que me jubilé”.
Formó una familia y tuvieron dos hijos con José Antonio Aguinaga, ya fallecido: “José Daniel, que trabaja en La Mercantil Andina; y Juan Antonio, propietario de un taller de frenos en avenida Caseros”, explica.
Habla con agradecimiento. Porque “es hermoso estar con los compañeros y los profesores. Me interesa escuchar y aprender”.
Por un segundo, mira hacia atrás: “Yo me equivoqué en la vida, el estudio te abre puertas, te desenvolves mejor. Pero ya está”. Ahora se encuentra a un paso de finalizar el secundario, un logro que “para mí es muy importante”.
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El incentivo para Amanda, el comentario oportuno, provino de la bibliotecaria Sofía Kisbye. “Un día me dijo que iban a abrir una sede del secundario para adultos en la Biblioteca Hugo Delgiorgio y a mí siempre me gustó estudiar -subraya-. De chica fui al Nacional. Me encanta el lápiz y el papel”.
Allí cursa de lunes a jueves en horario de tarde, a diferencia de Norma que asiste en la tarde-noche. La biblioteca está ubicada a tres cuadras de su casa: “ahora somos ocho alumnos que asistimos en Benito Machado”, puntualiza.
Regresa, en su relato, a la infancia y adolescencia. La primaria en la Escuela 15 y el inicio de la secundaria en el ex Colegio Nacional; “no continué, había que trabajar sí o sí, estoy hablando de 1963”. Su primer empleo, a los 15 años, fue para toda la vida, en el hogar de la familia Lamas-Pereyra.
Con sus ingresos, pudo pagar cursos relacionados con contabilidad y máquina. La meta del secundario se fue postergando.
Sobre este aspecto, cuenta que “cuando tuve la oportunidad de estudiar, había que trabajar. Con el tiempo llegaron mis dos hijos, Andrea y Sergio; me quedé sola (falleció su marido Hugo Vitali, hace 36 años) con los niños chiquitos. Recibí la ayuda de mi hermana y mi cuñado que se fueron a vivir conmigo, así pude trabajar”.
Hubo etapas difíciles durante sus estudios en el CENS. “Eramos seis hermanos, cuatro fallecieron. Dos de mis hermanas murieron cuando yo ya estaba haciendo el secundario de adultos. El único día que falté es por la pérdida de una de ellas, en el caso de mi otra hermana no porque era domingo”, observa.
Pese a que es una alumna que asiste siempre, por momentos sintió dudas: “Alguna vez decía hoy me quedo y mi hija me llevaba o mis nietas (tiene tres nietas, dos por parte de Andrea y una a través de Javier). Eran unos pocos segundos, enseguida pensaba interiormente ¿Por qué voy a abandonar? Uno ha pasado tantas cosas”.
Le queda un hermano, Jorge, quién se encuentra en el geriátrico municipal. Conocido en el barrio de Villa del Parque y más allá también, en otros lugares de la ciudad, como El Zorro: “Recibe una atención excelente, yo no lo abandono por nada. El nació a pocos metros de ahí, la casa cumplió 90 años”.
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Amanda está contenta. “En las distintas sedes, es un grupo muy lindo. Venimos desarrollando un trabajo sobre el agua, van a intervenir también quienes cursan en la Escuela 15 y en la Escuela 3”, sostiene. Y recuerda que “el año pasado hicimos una encuesta sobre la deserción escolar”.
Norma afirma que “al igual que Amanda, jamás falté. Cuando era chica si quería faltar, pero uno cambia”.
Las dos debieron cursar los tres años. “Es para uno mismo, yo voy entusiasmada”, exclama Amanda. Coinciden en que es muy positivo “estar ocupados, como cualquier persona grande. Dios nos da salud”.
¿El futuro? Seguir activas es la clave. A Amanda le gustaría formarse como asistente social, “pero debe ser mucho, es complicado. Con la enfermedad de mi hermano, me genera mucho interés”.
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Sonríen, juntas en el aula. “¡Habrá que celebrar en diciembre!”, indican con énfasis. Se suma al diálogo Vanesa Codagnone, directora del CENS Nº451 (Ver nota aparte).
Norma destaca, al momento de mencionar pilares que fueron determinantes, la actitud de “mi nieta Ailén, que me motivó. Ella fue el primer empujón y mi nuera que me explica, mis hijos, que me llamaron, me felicitaron. La familia, los amigos”. Su pareja, en un entorno de afectos y acompañamiento, es Hugo Rodríguez.
Con emoción, Amanda manifiesta que “tengo que agradecer muchísimo. A Sofía, la bibliotecaria que me anotó, y a amigos, gente conocida que me ha ayudado cada vez que no entendía algo”.
El egreso será una fiesta. Personal, familiar y grupal. Un título que vale realmente oro. Por lo que significa en la vida de dos señoras alumnas, que no se resignaron y al comenzar cada clase, dijeron acá estoy.

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