| Secciones
| Clasificados
LUNES 24.06.2024
DÓLAR HOY: $890 | $948
DÓLAR BLUE: $1235 | $1265

Silvia Zimmermann del Castillo: “Necesitamos más cultura y menos gritos”

El artículo de este diario que reflejó la presencia de Silvia Zimmermann del Castillo en la Feria del Libro de la Biblioteca Sarmiento, en septiembre de 2023. Junto a ella se observa a Aldo López Sansón

La escritora y pensadora argentina considera central “recuperar el valor del buen decir, del argumentar con veracidad y con cuidado de lo que se dice y de cómo se dice”. Fue amanuense de Jorge Luis Borges, sobre quien disertó en la Feria del Libro de la Biblioteca Sarmiento en 2023

 

  – Por Aldo López Sansón

 

Conversamos con Silvia Zimmermann del Castillo, escritora y pensadora argentina.

 

Zimmermann dirige en Japón los encuentros culturales “Diálogos en el Paraíso”, es directora de la cátedra “Mochiki Okada de la Belleza” en el Instituto Umberto Eco de Estudios Humanísticos de la Universidad de Bolonia y además, preside el Capítulo Argentino del Club de Roma. Es graduada en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

 

Zimmermann fue colaboradora y amanuense, nada menos que de Jorge Luis Borges, y fue el mismo Borges quien la estimuló a dedicarse a la literatura en ocasión de haber tenido contacto con un temprano trabajo suyo de juventud cuando estaba terminando su secundario.

 

En nuestro medio tuvimos oportunidad de escucharla a propósito de la trigésima Feria del Libro de Tres Arroyos, organizada por la Biblioteca Pública Sarmiento, siendo invitada por dicha institución; la misma tuvo lugar en 2023, como cada año, en el salón de actos de la Biblioteca, donde en dos oportunidades, 1970 y 1976, conferenció el mismo Borges.

 

En esta presentación la escritora disertó sobre Jorge Luis Borges: “el lector como creador de mundos alternativos” fue su propuesta.

 

Entre sus trabajos editados se encuentran, “Manuel y la lluvia” y “La dimensión de lo imposible”.

 

Próximamente, “Caminando con Borges” y “Celebración de la luz”.

 

Además es columnista de La Nación y otros medios gráficos.

 

-El autor y médico francés Jacques Ménétrier, en su obra “El mundo ante el abismo”, se preguntaba a principios del siglo XX, acerca del incierto destino de la humanidad, la cual, más allá de sus avances tecnológicos y científicos indiscutibles, no encuentra su justificación, no logra dar un sentido cabal a su existencia en la manera de prodigar, si no felicidad, bienestar a las sociedades, al individuo… ¿Confirma esta visión ciertamente poco o nada optimista del pensador francés?

-Es curioso que traiga a colación esa obra de Jacques Ménétrier: “El mundo ante el abismo”. Curioso para mí, no por su contenido que está relacionado con sus investigaciones científicas- él era médico (Por lo demás, sus aportes fueron bastante controvertidos)-, sino por el título de la obra. Lo digo porque, en mi novela aún inédita “Los conjurados de la profunda noche”, también hablo del abismo, pero en relación con el poema de Stéphane Mallarmé: Una tirada de dados jamás abolirá el azar. Allí habla del Abismo- con A mayúscula. El Abismo es el azar…

 

En ese poema cumbre del simbolismo francés, el poeta nos dice que siempre estamos ante el abismo. Todo lo que pensamos, escribimos, hacemos, son tiradas de dados que no logran jamás abolirlo.

 

Yo diría que, por empezar, llevamos dentro nuestro propio abismo: nuestro inconsciente, ese misterioso campo desconocido de nuestro yo, desde el cual se lanzan dados constantemente. Para bien y para mal.

 

Tal vez sea una tirada de dados de nuestro inconsciente esta coincidencia de estar los dos pensando al mismo tiempo en el abismo.

 

Borges no habla de abismo, pero sí de infinito. Un infinito laberintico, cuyo sentido permanece desconocido para nosotros. Un infinito abismal.

 

A mi entender, no es el abismo lo que debemos ver de forma pesimista. Ese abismo puede permitir el surgimiento de lo inesperado: de la salvación, por ejemplo. Puede ser la patria de la libertad, de la creatividad, de lo nuevo. Antes que temerle, yo propongo enamorarnos de ese misterio y, sin renegar de él, puesto que no lo podemos abolir, ir construyendo sentidos posibles que nos hagan más amable y feliz nuestra finitud, a través del conocimiento, el arte, la fe, la filosofía, la ética. Una tarea ardua, pero creo que posible. Depende de nuestra voluntad.

 

Me fascina el abismo. La fascinación es una mezcla de atracción y temor. El temor que lógicamente provoca siempre lo desconocido.

 

Lo que me estremece en cambio es el NAUFRAGIO. Este también aparece en el poema de Mallarmé y escrito todo con mayúsculas. El naufragio connota un fracaso. Sobre todo, un naufragio en aguas turbias largamente navegadas, y en las que se ha naufragado con anterioridad.

 

Naufragar una y otra vez no tiene que ver con el abismo, sino con la tozudez y la soberbia de malos navegantes.

 

Hoy nuestro país parece naufragar una vez más. Y lo que sigue a un recurrente naufragar, no es el abismo. Ojalá lo fuera. Es en cambio, el estado de máxima entropía de la que habla la teoría del caos: la disipación de la energía gastada y malgastada, la destrucción total de un orden, de un mundo sin la posibilidad de uno nuevo. Y entonces, ahí quedamos, braceando en un lodazal.

 

He tenido la fortuna de ser amiga del científico belga Ilya Prigogine, padre de la Teoría del Caos, Premio Nobel de Química. Además de físico y químico, Prigogine fue un excelso músico, gran conocedor del arte y lector impenitente. De ahí, su profunda admiración por Borges. Prigogine sostenía que la música, el arte y la literatura son caminos de conocimiento que no deben soslayarse. Abordan el misterio de forma diferente a la ciencia, pero de manera igualmente válida.

 

Usted me pregunta si coincido con Ménétrier en que la humanidad no logra dar un sentido cabal a su existencia a pesar de avances innegables. Pues hoy, centrada en nuestra realidad nacional, solo puedo decir que nos obstinamos en naufragar en las mismas aguas turbias del pasado.

 

 

 

-En este contexto de crisis, cambios y adaptaciones ¿Qué lugar ocuparían el arte, la cultura en general? ¿Considera que es la expresión artística una forma de sanidad ante un mundo desbordado por fuertes desafíos?

-El filósofo japonés Mokichi Okada pone el acento en el arte, la poesía, la belleza, que elevan la conciencia de los individuos y de las sociedades permitiendo crear comunidades más sanas.

 

No puedo evitar pensar que nuestra sociedad está muy enferma. Lo demuestra la insanía de los discursos de nuestros gobernantes, aspirantes a “libertadores”, a “rescatistas” de naufragios. Y lo demuestra aún más, el beneplácito con que son recibidos por una sociedad entumecida.

 

Ya en 1973, Borges me manifestó su preocupación ante el estado del lenguaje de los argentinos. La incapacidad de expresarse sin tener que recurrir a la procacidad y el agravio.

 

Hoy, ya ni siquiera se habla. Se aúlla.

 

¿Qué diría Borges? Que somos incorregibles

 

¿Qué diría Prigogine? Que debemos trabajar urgentemente en la construcción de un orden verdaderamente nuevo sobre la base de algún valor que se pueda rescatar de la entropía.

 

¿Qué diría Mokichi Okada ? Que urge curarnos.

 

Por ende, necesitamos más arte, más literatura, más música. Necesitamos más cultura y menos gritos. Más sonrisas de goce inteligente y menos carcajadas circenses.

 

 

-La experiencia nos dice que toda crisis genera cambios y todo cambio supone una adaptación. Un axioma de la biología reza: Adaptarse o morir ¿Deposita esperanzas en el porvenir o su visión es de preocupación y escepticismo?

-Toda estructura organizada, en continuo movimiento, inestable, necesariamente enfrenta crisis. Muchas más, cuanto más compleja es esa estructura: las sociedades modernas, por ejemplo. Todo cambio es un estadio de crisis que no necesariamente es negativo. Y tampoco necesariamente positivo. Se puede cambiar para mejor. También para peor. Porque la cualidad del cambio depende de la calidad de los que lo pilotean.

 

En su origen griego, crisis (krisis) es un proceso de transformación que requiere de una toma de decisión. Usted me habla de adaptación. Yo prefiero hablar de crisis de superación antes que de adaptación. Sí debemos ahora adaptarnos a un calentamiento global desolador, derretimiento de los hielos continentales, resquebrajamiento de hielos antárticos, devastación de la selva amazónica, desaparición de especies de fauna y flora, evaporación de lagunas, desertificación de suelos, más que adaptación, lo llamaría resignación e indolencia. Y pulsión de muerte.

 

Las crisis deberían revolucionar nuestras capacidades para poder trascenderlas positivamente.

 

Si nos adaptamos -como al parecer lo estamos haciendo- a la procacidad, a la mentira, al odio, al capricho, a la venganza, a la demencia, lejos de ser una oportunidad de evolución, el cambio es la clara manifestación de un nuevo y flagrante fracaso social. De lo que se trata es de superar el desafío para ir hacia algo mejor. No de entregarnos con manos atadas al desatino con la ineludible frustración consecuente.

 

 

 

-¿Qué puede decirnos o reflexionar acerca de la contemporaneidad? ¿Atravesamos una nueva crisis? Y de ser así, ¿cómo la caracterizaría?

-Me atrevo a decir que no. NO es una crisis nueva. Ni siquiera es una crisis. Es la misma decadencia que se profundiza. Es, volviendo a la teoría del caos, el nivel más extremo y peligroso nunca alcanzado de entropía, de pérdida de energía, del que acaso no haya retorno. A menos que, como sociedad, tengamos el valor de reconocerlo, de decirlo y de hacerle frente con sinceridad, con coraje, con creatividad, con ética y, por qué no: con estética. Recuperar el valor del buen decir, del argumentar con veracidad y con cuidado de lo que se dice y de cómo se dice. Porque en el habla es donde nos acercamos. Nos dignificamos o nos denigramos. Heidegger decía que el lenguaje es la casa del ser. Creo que deberíamos comenzar por limpiarla.

 

Así como están las cosas, no soy optimista en absoluto. Creo que estamos mal y vamos peor. Temo que esté en peligro la República: ese valor que debemos salvar de la entropía final.

 

 

-Rememorando su presentación, hace no mucho en la Biblioteca Sarmiento, a propósito de la Feria del Libro, durante su disertación puso marcado énfasis de forma manifiesta, en el lector como agente y proyección del texto ¿Podría refrescarnos brevemente su reflexión?

-Sí, claro. Lo aprendí de Borges. El lector dista de ser un ser pasivo. La lectura es pura acción. Actúa en lo más propio y profundo del ser humano: su mente, su espíritu, su capacidad de discernimiento, de comprensión del mundo. Al leer, el lector reescribe lo leído y lo actualiza, lo relaciona con su tiempo y su espacio, su realidad. Lo capacita para transformarla.

 

 

-En otro tramo de la disertación se refirió a que la literatura «es y ha sido siempre noticia…», un hecho interesante para quienes ven a la literatura como un fenómeno o expresión cristalizada, consumada…

-Es la famosa frase de Ezra Pound: “la literatura es una noticia que permanece noticia”.

 

Hoy por hoy, y en la entrópica situación terminal en la que nos encontramos, la verdadera noticia, la novedad, hay que buscarla en las grandes obras literarias: en Dante, en las Utopías, en los grandes escritores de todos los tiempos, en los poetas, como en el lejano poeta persa Sa’di que en el siglo XIII dijo: “Si no te duele / el dolor ajeno,/ que te llamen persona /no mereces.”. Una verdadera primicia en estos tiempos de ajustes feroces y apología de la deshumanización.

 

Podríamos extendernos mucho más con su atrapante conversación, pero el tiempo muchas veces es mezquino. Zimmermann debe retornar a su tarea, en este momento, está revisando su último trabajo, del cual no podemos adelantar nada, pero que será sin suda tan interesante y enriquecedor como su obra ya publicada.

COMENTARIOS

NOTICIAS MÁS LEÍDAS

No se encontraron noticias.

OPINIÓN

COMENTARIOS
TE PUEDE INTERESAR