Un presidiario continúa hostigando a su ex por teléfono desde la cárcel
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Se trata de un sujeto que está preso por distintos delitos. Hostiga y amenaza a su ex pareja, Milagros Gómez, quien formó otra familia con un trabajador y viven en el barrio Municipal. “¿Cómo va a tener un celular si está preso?”, se preguntó
La historia que Milagros Gómez y Damián Alfaro decidieron denunciar públicamente a mediados de marzo, continúa viva, como si nunca hubieran solicitado la intervención de las autoridades.
Esta pareja de trabajadores tresarroyenses, que tienen un bebé y viven de lo que les deja un almacén en el barrio Municipal, continúan siendo hostigados por la primera pareja de ella, un sujeto preso desde hace años en el penal bahiense de Villa Floresta, con numerosos antecedentes por violencia, daño, incendios y abusos de arma en las calles de nuestra ciudad.
Según comentó Milagros a LA VOZ DEL PUEBLO, tras una serie de nuevos llamados y mensajes amenazantes, fueron a la Comisaría de la Mujer para hacer la denuncia, luego a la Fiscalía y, de ahí, aseguran haber terminado en el Juzgado de Familia, donde se comprometieron a notificar al sospechoso para que cese en su accionar. Aunque nadie les aseguró que al preso le sacarían el celular.
“Fuimos a la fiscalía y nos dijeron que no podían hacer nada, entonces fuimos al Juzgado de Familia y hoy (por ayer) nos llamaron para decirnos que iban a hablar para que (el acusado) deje de llamarnos”, comentó.
Según la mujer, la forma en que las autoridades los trataron durante la realización de la denuncia, los hace sentir casi responsables del drama que les toca vivir, “te molesta todas estas cosas. El día que llamó (el presidiario), tuvimos que ir a la Comisaría de la Mujer. Nos tuvieron dos horas, la bebé se hizo encima, vino con toda la cola paspada. Todas esas cosas son desgastantes, porque uno se rompe todo el día trabajando para después perder tiempo en una comisaría. Al final, uno que está condenado y preso, tiene más derechos que uno que trabaja. ¿Por qué no le sacan el teléfono? ¿Cómo va a tener teléfono si está preso?”, se preguntó indignada.
Desgaste
Harta de recorrer comisarías y edificios judiciales, Milagros siente que está cerca de no poder controlar a C.G. con las herramienta que le provee el sistema, “no sé qué más tengo que hacer. ¿Quién es el juez, como hay que hacer para pedir una audiencia, ante quién hay que hacer una presentación para que te den bola y se pongan en lugar de uno?”, dijo y agregó con bronca, “no pueden mandar a una persona que no tiene derecho de nada. Ya no sé qué hacer. Es desgastante”.
Así, después de tanta burocracia, la única respuesta la encontró en el Juzgado de Familia, un ámbito distinto de los que había conocido en sus primeras presentaciones judiciales, “ellos (por el Poder Judicial) terminan diciendo que ahora lo iban a notificar (a C.G.) para que no nos moleste. En realidad no nos solucionaron nada. Porque son avisos como las penitencias que nos daban nuestros padres cuando éramos niños”, comparó en el cierre.
