Una alternativa para divertirse en la tercera edad
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Cómo es la vida en las instalaciones del Centro de Jubilados de Tres Arroyos, donde 1.400 socios hace 72 años enfrentan los desafíos de la tercera edad. Las amistades, entretenimientos y ocupaciones en el testimonio de Delia Depietri, su presidenta
Por Enrique Mendiberri
Delia Depietri es la actual presidenta del Centro de Jubilados de Tres Arroyos. A sus 70 años no duda cuando se le pregunta qué opina de la frase “viejos son los trapos”. “Es excelente, porque no somos viejos, somos adultos mayores, con una vida vivida, que queremos seguir viviéndola. Sabemos que tenemos que aprovechar y pasarla de la mejor manera día a día”.
Depietri conduce los destinos del centro desde mediados de 2020, cuando en medio de la pandemia que acabó con muchos de la población del Centro, tuvo que hacer honor al cargo que le caía tras la renuncia de Quito Di Rocco, el presidente del que ella era vocal.
“Me encontré con que no conocía nada de todo esto, siempre participé de las reuniones pero después me iba. Es un monstruo, uno muy grande, uno de los más grandes de la Provincia. Nos encontramos con deuda y, a fuerza de lucharla y lucharla, hoy por suerte tenemos la comisión completa”, explica al referirse a la actividad que siguió a sus 30 años de servicio en IOMA.
Este Julio es el mes del 72 añiversario. Fundada un 9 de julio de 1952, el Centro de Jubilados de Tres Arroyos es una de las instituciones más longevas de la ciudad y con un desafío claro: hacerle un poco más feliz la vida a sus 1.400 socios.
Para ello, un abanico de actividades los invita a ir todos los días a partir de las 8 y retirarse cuando el cansancio llegue al cuerpo.
Porque aburrirse, parece más difícil. Al mirar el menú de propuestas: bochas, tejo, truco, mus, burako, canasta, yoga, gimnasia para adultos, músico terapia, folclore, tango y radioteatro, son ofertas que no fallan entre las preferencias de los jubilados.
“Tienen un montón de cosas para entretenerse, como talleres de memoria cognitiva, que consiste en exigencias de la mente para poder estar en comunidad. El Centro de Jubilados es una gran familia, donde por ahí no te acordás cómo se llama el otro, pero somos un grupo que estamos haciendo cosas permanentemente para no caer en cosas de la adultez, como la depresión”, explicó Delia sincera, antes de comentar, “acá están más que bien. Esto es lo que nosotros llamamos el Centro de Día, donde (los jubilados) están desde las 15 sin horario de cierre y juegan a distintas cosa”, explicó acerca de las instalaciones en donde se pautó la nota, junto al edificio principal de la calle Pedro N. Carrera 355.
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Conectados y felices
Como en muchas de nuestras casas, el contacto con las redes sociales impactó en el ánimo de los jubilados que suelen asistir al Centro. Entre ellas, el líder absoluto es Facebook, seguido relativamente de cerca por el WhatsApp, “para nosotros (las redes) es algo excepcional. Los que usan Facebook acá se manejan bastante bien. Es bueno mientras no sea algo demasiado complicado, pero WhatsApp y Face lo manejan. El favorito es Facebook. Nosotros mandamos toda la información por ahí y ellos, entre sí, se van comunicando”, mencionó la presidenta.
En ese sentido, el uso más masivo lo notó a partir de 2018, “había muchos activos, pero después de la pandemia se intensificó el uso de celulares”, dijo.
Los socios son compañeros, son amigos, pero sobre todo “son vitales, son muy vitales”, dice Delia y, para referenciar, pone como ejemplo casos de asistentes que, al principio se resistieron, pero terminaron pasando sus mejores días ahí, “hay ejemplos de algunos que vinieron pesar de no estar del todo seguros y después se quedan. Incluso hay algunos mucho más jóvenes (tipo los docentes o policías), que se jubilan mucho más jóvenes e igual les encanta compartir con otros mayores. Porque ven que no son viejitos que están ahí, son adultos mayores con ganas de mantenerse vivos”.
Bajones
Tanto positivismo también tiene momentos de bajón de incertidumbre. Sobre todo, cuando notan que un compañero está faltando, “cuando notamos que una persona empieza a faltar, empezamos a averiguar qué le pasó, qué le falta y tratamos de que se sienta acompañado. Son fuertes mentalmente, algunos tuvieron mucho bajón en la pandemia”, recuerda Delia, antes de compartir la fórmula para mantenerse arriba en esta etapa de la vida, “tratando de no bajonearse, de estar siempre activos, sin pensar como si fuéramos viejitos y no servimos para nada. Servimos y mucho”.
Por eso, el encuentro también es una buena oportunidad para referirse a la manera en que los trata la sociedad, “en general bien, hay raras excepciones, pero bien” y, temas difíciles, como las consecuencias de las disposiciones del poder político nacional, “estamos maltratados de acuerdo a lo que cobramos. Porque realmente es una vergüenza, a nuestra edad, tener que pedirle a nuestros hijos y nietos que nos ayuden”, reconoció con pena, antes de hacer referencia a su propia experiencia, “yo estoy sola y he bajado muchísimo mi nivel de vida. Cuando estaba en actividad viajaba, salía, y ahora no me alcanza. Gracias a Dios soy propietaria, pero hay jubilados que alquilan y a esos, menos les sirven sus ingresos para llegar a fin de mes. Si bien satisfacen sus necesidades básicas, no pueden darse un gusto”.
Llegar e integrarse
Además del Facebook, para llegar al Centro de Jubilados impacta mucho el “boca a boca”, “los socios se van acercando porque les dicen, por ejemplo, que hay una cena. Y nosotros tratamos de que, aquellos que no conocen, mostrarles lo que es el centro. Hay muchos que solamente lo conocen por el frente, pero no saben lo que dicen adentro”, donde al entrar, la energía positiva supera a la nostalgia y melancolía.
Todo es un juego, excepto las bochas, donde Delia reconoce con irónico humor que “existe verdadera competencia”, “en las cartas no pasa tanto. Se gana o se pierde y nada más”, observa antes de revelar un sueño para todos: “yo sueño con una pileta climatizada, pero no tenemos lugar. La gran mayoría va a la pileta. Si tuviéramos una, vendría mucha más gente”, afirmó en el cierre, haciendo alusión a una actividad deportiva (natación) que se robó la atención de muchos jubilados en Tres Arroyos, donde, según Delia Depietri, con felicidad “cada día se ven más alternativas para las personas mayores”.
¿Qué valoraron tanto en su juventud y, de mayores, confirmaron que fue en vano?
No podíamos estar ante tanta experiencia y volverse sin un concepto de souvenir. El balance de un aspecto de una larga vida como souvenir y, en algunas respuestas, útil a modo de ejemplo para las actuales generaciones
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Cayetano De Marco
“Yo siempre trabajé y ahora vale la pena venir acá. La pasé muy bien toda la juventud y ahora la seguimos pasando muy bien acá”
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Mario Pacheco
“Muchas veces trabajar de más, hacer tanto sacrificio para llegar igual”
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Humberto Jaureguibehere
“Todo lo que pasó fue importante y lo repetiría. Uno ahora busca tranquilidad. La preocupación era buscar un peso para vivir un poco mejor. Nada más. Ahora está bueno compartir momentos con amigos y compañeros de la misma edad, con los mismos conocimientos y la posibilidad de ver las cosas que había antes y ahora no”
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Delia Depietri
“Antes priorizaba tener mucha gente alrededor. Muchos amigos. Al final te das cuenta que no es necesario eso hoy en día. Pocos pero buenos”
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Jorge Nañez
“Me fue bien siempre. De joven jugué al fútbol, después trabajé toda mi vida. La pasé muy bien, no estoy arrepentido de nada. Me encontré con este grupo de chicos impagable”
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Miriam Ludueña
“Por ahí hacer hincapié en la cuestión económica. Pasármela trabajando para tener más. La educación y crianza de los chicos. No es que no valió la pena, si la valió, pero ahora nos damos cuenta que uno se excede en cosas que no eran tan así. Ahora buscamos más tranquilidad y nos damos cuenta de un montón de cosas que nos preocupaban y no eran para tanto”
