Una historia de ritmo y poesía
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/05/Payador.jpeg)
Fausto Lopez Bastián es un joven payador tresarroyense, quien tras mucho esfuerzo está dando sus primeros pasos fuertes en el plano internacional.
Por Juan Falcone
Fausto López Bastián tiene 30 años, es ingeniero agrónomo y también payador, y fue parte del grupo que representó a nuestra tierra en territorio uruguayo, obtuvo el segundo puesto en un certamen de jóvenes payadores, donde por su gran desempeño recibió un llamado para cantar en Chile y nuevamente en Uruguay en los próximos meses.
En diálogo con LA VOZ DEL PUEBLO, López Bastián explicó como la guitarra y el verso entraron en su corazón. En primer lugar, gracias a un regalo de su padre comenzó a adentrarse en el universo de la guitarra: “Mi viejo me regaló un casete de grandes éxitos de Alberto Merlo, máximo referente y cantor surero que tuvimos en Argentina. Eran 10 o 12 versos, me los aprendí de memoria en una semana, y los andaba diciendo por todos lados, todo el tiempo”.
Simplemente con cantar los versos no le alcanzaba a Fausto, y le nació la necesidad de acompañar con la guitarra lo que aprendió cantando sobre el casete: “Mi abuela acá de tres me regaló una guitarra. Empecé a tocar muy poquito, lo que me enseñó algún amigo, y más adelante me dieron ganas de hacerlo un poquito más en serio. Y empecé a ir a clases de guitarra, para poder acompañar con milongas, algo llanito. No pretendía mucho más que eso”.
Una afición que surgió como un hobby, pero que años después, cuando ya estaba radicado en La Plata estudiando agronomía, vivió una experiencia que le despertó un nuevo deseo: “Fuimos a una jineteada con algunos compañeros. Yo de chico montaba, me gustaba mucho, así que iba por la zona a montar o a mirar. Pero en esa jineteada en particular, me llamó mucho la atención el payador, que estaba floreando. Ese día le presté mucha menos atención a los caballos y a los jinetes, le presté más atención al payador y me gustó lo que hacía, describía lo que pasaba en un momento mientras le ponía rimas y poesía”.
En ese momento algo cambió en la mente de Fausto, y nació la necesidad de aprender el arte de la payada: “Las mismas décimas que yo me había aprendido, y ese montón de versos que cantaba, él los improvisaba, lo cual me llamó muchísimo la atención. Me puse en contacto por mail con Emanuel Gabotto, que fue mi mentor. Le escribí que lo había escuchado, que me había gustado mucho, que era de tres Arroyos, que estaba estudiando agronomía en la Plata y le consulté como podía hacer para aprender. Para sorpresa mía, me dijo que en ese momento era el único taller de payadores abierto, el otro había sido el de Luis Barrionuevo, en Tres Arroyos, algunos años atrás”.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/05/WhatsApp-Image-2024-05-11-at-20.43.21-682x1024.jpeg)
Primeros pasos
Gabotto lo invitó a acercarse a su clase, una fecha que quedó marcada en la vida de López Bastián, donde recuerda con lujo de detalles aquella primera clase: “Me dijo, te espero para darte una mano, para que veas si te gusta, podés venir de oyente o participar, lo que quieras. Fui recontra entusiasmado, me encontré con Emanuel que te allanaba el camino, te daba herramientas. Estaba más que inmerso en el mundo payador hace muchos años, Emanuel, y con chicos que venían improvisando muy bien, que terminaron siendo grandes payadores”.
No es obligatorio pasar por un taller para aprender a payar, pero Fausto lo describe como una experiencia más que satisfactoria: “Hay payadores que llegan a serlo sin pasar nunca por un taller, pero que un tipo con experiencia te guíe, te marque las cosas que te conviene hacer y las que no, la verdad que te acorta mucho el camino”.
Durante su estadía en La Plata para realizar sus estudios universitarios, Fausto experimentó un gran entrenamiento para la improvisación, logrando tener un buen nivel a la hora de los encuentros con otros payadores. Esas reuniones con asiduidad, mantenían afilados a todo el grupo de payadores que realizaron la formación con él: “Después de recibido, vine a Tres Arroyos y dejé tener ese contacto tan fluido con el taller de payadores y con muchos amigos payadores, y me encontré con un momento que sentía que estaba un poco fuera de estado, porque pasaba de practicar toda la semana, a 20 días o un mes sin hacer una payada y quieras que no te oxidas, se nota eso”.
Ser Payador
Ser Payador, y con la “P” mayúscula, porque no existe un título que te verifique como payador, es una profesión dentro de la cual el aval de los experimentados te da la posibilidad de ser considerado payador. Para ser valorado como tal, también existen los certámenes donde se miden los nuevos talentos: “Cada tanto se hacen certámenes para buscar nuevos talentos que están metiéndose en el arte. Es una competencia sana, por supuesto, pero que busca ver quién está en mejor lugar para meterse en el lote de los payadores profesionales”.
Cada certamen tiene diferentes pruebas, donde el jurado será el encargado de estipular el formato, y juzgar cuál efectuó mejores décimas. Evaluando la calidad de la poesía, el sentido de los versos y se suele utilizar el contrapunto, “que es un enfrentamiento con fundamentos y sin decir malas palabras, pero es una pequeña pelea que queda linda”.
Fausto describió como fue el empezar a considerarse a sí mismo como payador: “Me costó muchísimo decir soy payador, porque sabía los grandes referentes que había y que hay dando vueltas improvisando. Hay payadores de una altura profesional altísima y yo pensaba ‘no voy a decir que soy payador’. Y en ese momento ya estaba contratado en fiestas, iba a peñas, tocaba, improvisaba y hacía payadas. Pero no me costó mucho decirlo o poner en las redes sociales que soy payador”.
El punto de quiebre para considerarse como Payador, fue cuando comenzó a competir en estos certámenes y obtuvo algunas victorias que fueron muy importantes para impulsar su carrera: “Te puedo marcar un punto de ruptura, un certamen en La Montonera que gané. Salí primero en la categoría noveles, que es la categoría para los payadores jóvenes. Y después había una categoría libre, que ya eran payadores consagrados, y gané. Y el premio era participar en el encuentro internacional de payadores en Balcarce, que realizaba Cristian Méndez, y ahí ya salís de la línea entre lo amateur y lo profesional y te metes un poco de lleno”.
Fausto en todo momento remarcó el respeto con el que hay que tratar la payada: “Para ser considerado payador, si te tienen en cuenta los colegas de más experiencia y te llaman para ser parte de encuentros de payadores, creo que ahí estás metido de lleno en el arte. Después hay que hacerlo con mucho compromiso y con mucho respeto, porque es un trabajo difícil y muchos viven de esto, así que hay que hacerlo con absoluta conciencia”.
:format(webp):quality(40)/https://lavozdelpueblocdn.eleco.com.ar/media/2024/05/Caballo-1024x682.jpeg)
Uruguay
Una semana atrás, Fausto se encontraba preparándose mentalmente y entrenando junto a colegas para viajar a Uruguay y representar a nuestra bandera. Una situación donde recibió una llamada que lo marcó previo a competir por parte de su mentor, Emanuel Gabotto: “Me fui preparando para tratar de hacer un buen papel y representar bien a la Argentina, porque al fin y al cabo íbamos a representar a nuestro país. Y Emanuel me llamó antes del certamen y me dijo ‘sos uno de los favoritos, los chicos uruguayos andan bien, pero si estás inspirado vas a andar bien, metele para adelante’ Emanuel siempre me ha alentado y ayudado, encontré un apoyo personal y profesional en él”.
En una comparación más deportiva, jugar de visitante suele valer el doble en lo personal, y el segundo puesto obtenido por Fausto tiene un valor enorme, que va más allá del premio: “Había nerviosismo, por supuesto, fuimos todo el viaje improvisando y practicando. Lo vivo con nervios, pero con los nervios lindos. Me tenía fe, sabía que podía andar, pero también me ha pasado de estar desconcentrado y tener un error en primeras instancias y quedar afuera. Pero sabía que si hacía un buen papel, tenía posibilidad de verme arriba. Linda la competencia en Uruguay, con muchos jóvenes que andan muy bien y un jurado por demás calificado”.
Lo conseguido en Uruguay, le abre una puerta enorme en el plano internacional: “En Montevideo se hace un encuentro de payadores, que es el más grande, en la sala Zitarrosa. Este año lo realiza Juan Carlos López, que es un payador consagrado de Uruguay, y van los mejores payadores de Uruguay y de Argentina. Por este segundo premio tenemos un lugar, y estoy contratado para ir en agosto, en el día del payador uruguayo. El premio es inmenso, más allá de un trofeo, porque te abre esa puerta, ni más ni menos, al encuentro más grande de payadores en Uruguay”.
Y con esta participación en Uruguay, surgió una propuesta para cantar en Chile, que Fausto anunció con alegría: “Nos llamó el organizador del encuentro, que nos querían de Chile a Facundo Pistone y a mí. Paría un encuentro el 1 de junio, voy a ir. Ya con la competencia en Uruguay venía contento y con ese llamado me puse más contento todavía. Dos puertas enormes de distintos países, lo cual no es fácil”.
“Ni loco me lo esperaba”
Comenzó allá por el 2013, y once años después payadores consagrados lo valoran como un payador, con todas las letras. El orgullo y la alegría traspasaban la mirada de Fausto, quien miró su trayectoria y habló en retrospectiva, si ese Fausto de 19 años se esperaba llegar a este punto: “Ni loco me lo esperaba, tengo colgado en un cuadro la primera vez que me contrataron con uno de mis mejores amigos. Tampoco me esperaba que algún día me fueran a contratar. Encontrarme con que me voy a Chile y a Uruguay con la guitarra, a improvisar, jamás me lo hubiera esperado”.
Y cerró diciendo que no cree en la suerte para llegar lejos, hay que poner mucho esfuerzo: “La suerte es la justificación de los mediocres, no creo en la suerte para nada. Hay que esforzarse y trabajar, y las cosas aparecen, sea tarde o temprano, no importa”.
