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El judaísmo ya no tiene representación en la Comisión de Colectividades extranjeras.
Es que la Sociedad Unión Israelita ha desaparecido luego de un proceso de progresiva disminución de sus integrantes y los bienes de la colectividad han pasado a otras manos.
Se puede observar en el escudo que identifica a la Comisión que no se incluye la bandera con la estrella de David que identifica a Israel, aunque se la puede observar muy pequeña en el margen del logotipo.
Se extingue así una institución que otrora representaba a entre 60 y 100 familias judías que se habían radicado en Tres Arroyos y muchos de cuyos integrantes hicieron aportes sustanciales al funcionamiento comunitario.
Sobre todo se pueden contabilizar decenas de comercios de personas de la colectividad que durante muchos años estuvieron al servicio de toda la comunidad.
La importancia de la colectividad se puede medir por la existencia de una sede social y sinagoga en un lugar céntrico de la ciudad, además de un cementerio propio.
Ubicada la primera en la intersección de calles Pringles y San Lorenzo, está siendo totalmente remodelada y se dice que allí funcionarán consultorios médicos, aunque se trata de una versión que seguramente podrá confirmarse o desmentirse con el transcurso del tiempo.
Esa remodelación no incluye la fachada ni la parte externa del edificio, considerados patrimonio histórico de la ciudad.
Allí funcionó durante mucho tiempo un gimnasio denominado La Pirámide, cuya publicidad se anexa a la presente crónica.
El cementerio pasó para su mantenimiento a la órbita municipal y permanece cerrado al público en general.
Algo de historia
Entre los primeros pobladores de origen israelita se pueden mencionar miembros de las familias Swaig, Grosman, Wolfus, Waisman, Fuhrman, etc.
La necesidad de hacer frente a problemas comunes y mantener los vínculos entre sí llevaron a la fundación de la Sociedad Unión Israelita que se concretó el 15 de setiembre de 1915, siendo su primer presidente José Waisman. Lo siguieron luego entre otros José Swaig, Pedro Wolfus, Pedro Sidelnik, Natán Slepoy y Bernardo Tomchinsky.
Años después se avanzó con la construcción de la sede propia y sinagoga, además de una biblioteca, lo que se concretó en 1924.
Seguidamente se dispuso contar con un cementerio propio, lo que se produjo en 1930.
La colectividad recordó por años las festividades propias pero la disminución progresiva de los primitivos inmigrantes hizo que la actividad religiosa y social entrara en una declinación que fue irreversible hasta llegar a la situación que comento al principio de la crónica.
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