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      Una mirada familiar sobre Fico Vogelius: “Mi abuelo era mágico”

      21 de julio de 2024 | 05:57
      Una mirada familiar sobre Fico Vogelius: “Mi abuelo era mágico”
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      Federico Manuel Vogelius ha sido descripto en sus múltiples facetas. Una persona especial, excéntrica, muy vinculada al arte. Su nieta Lucrecia Falus, a través de recuerdos y anécdotas, permite acercarse a la personalidad de Fico desde un lugar entrañable

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      Por Alejandro Vis

       

      Hay palabras que Lucrecia Falus repite con cariño. “Loco”, “genio”, “mágico”. Habla de su abuelo Federico Manuel Vogelius, Fico, quien falleció en abril de 1986, cuando ella tenía 11 años.

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      Lucrecia, la más chica de seis hermanos, es hija de Ana María Vogelius. La primera esposa de Fico fue María Angelina Alonso y tuvieron dos niñas: Angelina Teresa –tía de Lucrecia- y Ana María.

       

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      La vida de Federico Manuel Vogelius ha sido motivo de muchos artículos y reseñas. Nació en 1920, sus padres eran oriundos de Tres Arroyos, se recibió de agrimensor, luego de abogado, fue periodista, editor, coleccionista de objetos de arte, libros, documentos, empresario. Con notables intelectuales en el equipo, fundó en 1973 la revista Crisis (a modo de ejemplo, para citar a uno de ellos, convocó al escritor uruguayo Eduardo Galeano para que dirija la publicación). Uno de sus amigos, Jorge Luis Borges, escribió: “Mi larga amistad con el señor Federico Vogelius es uno de los buenos hábitos de mi vida”.

       

      Fue secuestrado y permaneció detenido en la última dictadura cívico-militar durante más de dos años, sufrió torturas y recuperó la libertad en 1980. El Premio Nobel de Literatura (1972), el escritor alemán Heinrich Böll, pidió por él cuando se encontraba preso.

       

      El relato de Lucrecia refleja la mirada de una pequeña sobre el abuelo, vivencias de la infancia, e incorpora lo que pudo reconstruir a partir de las palabras de su madre y sus hermanos.

       

      En los detalles

       

      Fico no tenía casa en Tres Arroyos. “Sus lugares eran Buenos Aires, Claromecó, Londres”, señala. En la ciudad de Buenos Aires poseía un departamento sobre calle Cabello y solía permanecer en su quinta en el partido de San Miguel.

       

      “Estaba seis o siete meses en Londres, porque él tenía otra familia allá, residen en Inglaterra una tía y un tío míos. Después volvía para estar el resto del año en Argentina, en el verano se instalaba en Claromecó”, rememora Lucrecia.

       

      Destaca que “de todos mis abuelos, era el más abuelo. Más allá de que vivía muy lejos y era muy loco como abuelo -considera sonriendo-, llegaba de Londres y se vivía como una fiesta. Traía ciento cincuenta mil juguetes que no existían en Argentina, nos sentíamos como que venía Papá Noel. Era mágico, literal mágico”.

       

      Cuenta con alegría esas ocasiones inolvidables con Fico, si bien admite: “Me da pena haberlo vivido poquito. Para todo tenía un detalle, era diferente”.

       

      Lucrecia reitera que “como abuelo era mágico y como persona debe haber sido igual supongo, porque se relacionaba con gente no cotidiana”.

       

      Sus hermanos “lo disfrutaron mucho” y menciona, en este sentido, que “el hermano que me sigue a mí, Matías, se venía todos los veranos con él. Pasaba dos o tres meses en Claromecó. Lo tenía cortito porque mi abuelo era muy divertido, pero súper estricto, debía levantarse y nadar; había una pileta gigantesca, además de hacer cierta cantidad de largos, le pedía que ayudara a ordenar o limpiar. Había que estar ocupado, decía él”.



      “La biblioteca de la quinta de San Miguel parecía de una película, pasillos llenos de libros. Había una bibliotecaria las 24 horas”

       

      Libros, arte, ajedrez

       

      Cuando vino a este mundo, el hogar de Lucrecia se encontraba en Buenos Aires, donde crecieron sus hermanos y ella. “Mi padre se fundió, y lo único que nos quedó fue la casa de Claromecó que habíamos heredado de mi abuelo, entonces vinieron con mi madre -sostiene-. Yo permanecí en Buenos Aires, pero después me radiqué en Tres Arroyos, formé mi familia. Acá vivimos dos hermanos, otros están en la capital federal”. Su papá Iván Roberto Falus y su hermano mayor ya fallecieron.

       

      En sus años de infancia, iban “todos los fines de semana a comer a la quinta” de San Miguel, que “solía estar arrebatada de gente. De numerosos lados, algunos se quedaban a dormir”.

       

      No dimensionó en ese momento la importancia que tenía la enorme biblioteca de la quinta, “tipo película, pasillos llenos de libros. Había una bibliotecaria las 24 horas”.

       

      Fico contaba con obras de arte, documentos históricos y material muy valioso; tras su fallecimiento, se concretó “una subasta de muchísimo dinero, trabajaron un tiempo extenso hasta que se llegó a establecer una cotización de lo que se iba a rematar”.

       

      Un dolor muy grande, en esta pasión por coleccionar, se produjo cuando asaltaron su quinta durante el gobierno militar, en tiempos en que Fico estaba detenido. Lucrecia observa que “deben haber ido con camiones. Había esculturas de una gran dimensión, con mármol, y otros bienes. Todo el tiempo compraba, le gustaba, era su vida”.

       

      El ajedrez constituía otra de sus actividades predilectas. “Ibas a la quinta y estaba sentadito afuera, no me acuerdo con quien jugaba. Se pasaba horas y horas, cuando terminaban las partidas volvía a relacionarse. Tenía todo tipo de juegos de ajedrez”, indica.

       

      Surge una anécdota, que perduró en el testimonio de distintas generaciones de la familia. “Cuando era muy chico, a los once años, hizo un viaje en barco con los padres. Estaban jugando al ajedrez, se anotó y ganó el torneo. Inteligencia con la cual vino -expresa la nieta- No le gustaba quedarse quieto, todo le interesaba”.

       

      En la costa

       

      Vogelius sentía amor por Claromecó, disfrutaba en “la casa que da al mar”, en la avenida Costanera. Por esta razón, pidió “que lo cremaran y que sus cenizas sean esparcidas en el mar de Claromecó”, deseo que se cumplió.

       

      Falleció en la ciudad de Buenos Aires, pero la última parte de su vida transcurrió principalmente en la costa de nuestro distrito, “se podía mover muy poquito, ya no estaba en condiciones de viajar”.

       

      A esa casa llegaron referentes de la cultura, amigos de Fico reconocidos en diversas disciplinas. Lucrecia comenta que “en el verano nosotros vivíamos en la casa principal. Pero atrás había otra vivienda y siempre mi abuelo tenía gente hospedada. Uno con un libro horas leyendo, otro pintando. Nos sentábamos a comer, hablaban y hablaban, por nuestra edad no teníamos ni idea de los temas. Todo era muy excéntrico”.

       

      Tiene presente la visita del artista plástico Leopoldo Presas, quien “pintó un cuadro mío y uno de mi hermana. Un verano nos tuvo sentadas, mi abuelo quería los cuadros, de hecho todavía los tenemos”. Añade que “no reconozco nombres, no me acuerdo, pero me imagino todas las personalidades que han estado, iban a quedarse. Era una propiedad extremadamente grande, siempre había gente”.

       

      Vuelve a sonreír cuando relata que su abuelo se sentaba y contaba chistes “subidos de tono”, circunstancias en las que “decía ‘en esta parte no podes escuchar, tapate los oídos’. Entonces yo le respondía: ‘¿así qué gracia tiene el chiste? No importa, mamá no me deja que te lo cuente’. Era genial, divertido”.

       

      Una celebración trascendió a la familia, porque movilizaba a vecinos y turistas. “Mi tía Angelina cumple años en febrero. Mi abuelo tiraba fuegos artificiales, toda una revolución, no existían prácticamente en esa época. A mi hermano Fernando, quien estuvo en la guerra de Malvinas (ver nota aparte), lo hacía viajar desde Buenos Aires con el auto cargado de fuegos artificiales, había que tirarlos en el cumpleaños de la tía. Una locura”,

       

      Iban muchas personas, “todo el mundo. Capaz que no tenían idea quién era Angelinita, pero sabían que iba a desarrollarse un festejo poco común”.

       

      En este contexto, Fico “contrataba a bomberos. Estaba todo repleto de autos. Se vivía como un suceso en Claromecó”.

      Jorge Luis Borges era amigo de Vogelius
      Una imagen actual de la amplia casa que perteneció a Vogelius, en la avenida Costanera de Claromecó (Carolina Mulder)

       

      Generosidad

       

      El afecto se percibe en sus apreciaciones. En la mano, tiene un libro con ediciones encuadernadas de la revista Crisis.

       

      Vuelve a hacer referencia a los gestos del abuelo. “Llegaba de viaje, decía tráiganme los cuadernos de la escuela. No importaba si entendía mucho o no, tenía que estar empapado de lo que pasaba alrededor. Quería saber que todo anduviera bien”, valora.

       

      Fue “muy regalón, muy de dar”, con los hijos y los nietos, así como también realizó aportes a las instituciones de Claromecó. Parte de su legado se puede apreciar en el Museo de Bellas Artes de Tres Arroyos, donde el viernes se inauguró una muestra denominada “Vogelius Colección”.

       

      “Ha sido buena persona mi abuelo”, subraya Lucrecia con satisfacción. “Voy asiduamente a Claromecó, tengo mi casa allá también. Me cuentan que siempre apoyaba a los bomberos, la biblioteca, otras entidades. En lo que fuera económico y social, cuidaba mucho su lugar”, concluye.



      Un hermano en la guerra de Malvinas

      Fernando Falus, un hermano de Lucrecia, es Veterano de Guerra de Malvinas. Ella señala que “supimos después que había sido convocado, esas cosas raras que a veces pasan. Le tocó el servicio militar, fue a firmar la libreta, lo subieron a un colectivo y lo llevaron a Bahía Blanca para incorporarlo como tripulante a un buque”.

       

      En 1982, las comunicaciones eran mucho más limitadas, “no es como ahora que las noticias corren -manifiesta Lucrecia-. Durante bastante tiempo, mi mamá no tuvo idea lo que había pasado con mi hermano”.

       

      La única manera de acceder a novedades fue recurrir a “las relaciones que tenía mi abuelo, empezó a indagar qué pasaba, donde estaba. Pasaron varios días hasta que supimos algo”. Además Fico Vogelius, por entonces, residía parte del año en Londres.

       

      Una vez instalado en el buque, Fernando pudo comenzar a enviar cartas. La experiencia fue muy dura, pero regresó bien físicamente del conflicto bélico.

       



      La jerarquía de Crisis

      La revista Crisis tuvo como fundador y director ejecutivo a Federico Vogelius; el director editorial en la primera etapa fue Eduardo Galeano; y la secretaria de redacción Julia Constenla.

       

      El primer número se publicó en mayo de 1973, hubo un total de 40 hasta que interrumpió su salida en la dictadura militar en agosto de 1976. “Crisis eligió el silencio. Cuando la dictadura militar le impidió decir lo que tenía que decir, se negó a seguir hablando”, expresó Eduardo Galeano. Las ilustraciones tenían como autor a otro uruguayo, Hermegildo Sabat. –>

       

       

      En Crisis escribieron Juan Gelman, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, José Lezama Lima, Augusto Roa Bastos, Haroldo Conti, Ernesto Sábato, Rodolfo Walsh. María Esther Giglio, entre otros. Volvió a salir en otras etapas -con cambios en sus características- a partir 1986, año en que falleció Vogelius.



      “Vogelius-Colección” en el Mubata

      El viernes se llevó a cabo la inauguración de la muestra “Vogelius-Colección” en instalaciones del Museo de Bellas Artes, avenida Moreno 232.. Mediante un convenio, la entidad se ha convertido en custodio de estas obras, así como de otras adquiridas posteriormente por el municipio.

       

      La Colección consta de 30 obras de grandes maestros del arte argentino y extranjero, incluyendo a Carlos Alonso, Santiago Cogorno, Pedro Figari, entre otros. Es una exposición muy interesante, de gran calidad, que expresa el talento, la sensibilidad y la diversidad del arte.


      Por este motivo, integrantes del museo destacaron que “estamos orgullosos de poder compartirla con nuestra comunidad”. Entre muchos otros aspectos, indicaron que Vogelius “apoyó a figuras relevantes del quehacer cultural del país”, lo que ha generado un reconocimiento y aprecio en este ámbito.

      Se encuentran en exposición obras de maestros del arte argentino y del exterior (Maxilimiano Vega)
      La muestra fue inaugurada el viernes por la noche. Asistió Ramona Maciel, directora de este diario (Maximiliano Vega)

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