Ariel Salarayan, junto a su pareja Agustina López, son los nuevos propietarios del comercio

La Ciudad

El caso de Katoz Pizza

Mantenerse en tiempos de pandemia

19|10|20 09:02 hs.

Por Luciano Morán

Ariel Salarayan y Agustina López son jóvenes emprendedores y están en pareja hace ya un tiempo. A su cargo tienen el comercio “Katóz pizza”, en calle Colón. 

Agustina es arquitecta y trabaja en Obras Públicas en la municipalidad, en tanto que Ariel estudió Derecho en Mar del Plata y se volvió a Tres Arroyos hace unos años y está terminando sus estudios en la universidad de Siglo XXI, a distancia. Por cuestiones de tiempo, la tesis la dejó en stand by pero entiende que la terminará en algún momento.

También es jugador de básquet del club Costa Sud y entrenador del equipo femenino de dicha institución. Además, tiene una empresa de mantenimiento de parques y jardines, la cual se la está manejando un amigo. Un presente ambicioso y que despierta positivismo en todos sus frentes.

En diálogo con La Voz del Pueblo, Ariel Salarayan indicó que “nosotros en realidad lo que hacemos es continuar con una línea que ya venía funcionando. Facundo, un amigo mío, arrancó con esto hace unos pocos meses atrás y fue quien en realidad se aventuró a abrir. Luego, por cuestiones personales de él no lo pudo seguir trabajando y antes de ponerlo a la venta me lo ofreció a mí, ya que yo siempre trabajé en pizzerías durante las temporadas mientras estudiaba. Todos los veranos míos fueron en pizzería. Siempre hablábamos de abrir algo relacionado con esto. El lo abrió y antes de ponerlo a la venta a cualquier persona, me lo ofreció a mí. Directamente me vendió el fondo de comercio. Hubo un cambio de dueño. Hicimos un acuerdo en la forma de pago.”


En calle Colón 357, ‘Katóz pizza’ cambió de dueños en plena pandemia


“Somos amigos hace 15 años con Facundo. Toda una vida. Me lo confió a mí y trato de cuidarlo al máximo. Es más, cuando hablé con él le dije, esto lo hiciste vos. Es parte tuya. Cuando uno emprende un negocio pone lo mejor de uno. Le pones tu corazón. El quería que yo siga con esto y no dejárselo a un desconocido. Lo pudimos realizar y somos muy optimistas.” 

En este sentido, Salarayan aclaró que intenta ponerle su sello, su impronta y su gusto. 

El local es de otra persona, por ende lo alquila. Desde que cerró el comercio que estaba antes, “Parrilla La Argentina”, estuvo un tiempo parado (también funcionó Bartolo Restaurant). 

Su íntimo amigo Facundo arrancó a hacer pizzas para delivery y se animó a abrir éste local, que está justo al lado de la heladería “Alpino”, de su papá. Le calzó justo. 

Con mucha energía positiva a la hora de expresarse, Salarayan señaló que “tenemos un contrato de alquiler directamente con el propietario del lugar. No hay intermediarios. Eso también es bueno y nos deja tranquilos. Contrato por dos años. Nos sentamos a charlar el alquiler y lo resolvimos rápidamente. Hubo muy buena voluntad de ambas partes. Excelente predisposición también del municipio por el tema de la habilitación. Uno de movida trata de cumplir rápido con todo. Hoy estamos al 50%, con capacidad máxima para 35 personas. Es el número que nos da para poder mantener la distancia social y estar bien organizados entre las mesas.” 

La transición
El momento de la transición fue espontáneo según cuenta su protagonista. En este aspecto, Salarayan argumentó que a fines de Agosto comenzaron a dialogar con Facundo. Dos semanas de charlas, buscando ver como era el movimiento del negocio. Más que nada la parte de los números, proveedores y ese tipos de cosas porque él en materia de cocina tenía experiencia. Pero de la otra parte, nada. 

Una vez que llegaron a un acuerdo, y de cómo iba a ser el cambio de titularidad, le pidió que le dejara un mes para acomodar sus otras cosas, con el fin de arrancar el 1° de Octubre. Y así fue nomás.

A fines de Agosto decidió trabajar con Facundo para ver como era el movimiento, para ver la gente que estaba trabajando, ir conociéndose y demás. Porque el personal es el mismo que estaba antes. 

En esta línea, Salarayan especificó que “hoy trabajan tres chicos, Agustina y yo. Lo estamos tratando de mantener lo más chico posible porque no sabés qué va a pasar, cómo va a responder la gente. Hay mucha incertidumbre en este contexto difícil a nivel país que nos toca atravesar. Si el día de mañana vemos que hay mucho trabajo y que nos va bien, obviamente incorporaremos más personal. Por lo pronto nos estamos acomodando con lo que tenemos. Es más sacrificado. Con Agustina trabajamos a la par de los chicos. Codo a codo. Se han puesto la camiseta del lugar y eso se valora.” 

Protocolos
Los protocolos de higiene y seguridad se cumplen en su máxima expresión. Desinfección a toda hora del día. Todas las mesas tienen su alcohol en gel. Se coloca un trapo con lavandina en la entrada para limpiar la suela del calzado. Hay también en el ingreso un dispenser con alcohol para higienizarse las manos. 

Se exige desde el local, al momento de circular en el salón, el uso siempre del barbijo. Es importante remarcar esto, ya que hoy los cuidados que se deben tener son imprescindibles para poder seguir en actividad. 

A la vista 
Tal es así que, Salarayan explicó que “nosotros cocinamos a la vista del salón. Es algo innovador que la verdad que a la gente le gusta y te obliga a tener todo impecable. Desde la higiene personal hasta el tratamiento hacia el producto. Acá no tenemos margen de error. La gente te está viendo siempre y eso le encanta. Nuestras pizzas tienen 48 hs de levado. Uno amasa a la mañana para recién trabajar eso al otro día a la noche. Trabajamos con horno de barro. Algo que en pizzas, va muy bien. Y si es con cerveza, mejor. Tenemos la cerveza artesenal de Dreibach, que es rica y de excelente calidad. La hacen acá en Tres Arroyos. Buscamos apoyar un proyecto local. Darle movilidad a un producto que se hace en la ciudad.” 

En las redes sociales 
Por último es importante aclarar que se manejan por todos los canales digitales. Whatsapp (2983 419660), katozpizza en Instagram y Katóz Almacén de pizzas en Facebook. 

Buscan brindar varios canales de comunicación para atender a todas las demandas y cumplir con la comodidad del cliente. Los días lunes y martes, son de descanso. 

No es común tomar las riendas de un local gastronómico en un contexto tan complejo como el que nos toca atravesar. Sí ha logrado, esta pareja de jóvenes emprendedores, brindar nuevas oportunidades y tomar la chance que se les presentó. Y vale la pena contar esta rica historia. Ojalá sean muchas más. 

Este año nos dejará una enseñanza muy grande en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Es todo un aprendizaje constante que iremos canalizando cada uno en su justa medida. Con perseverancia, se puede.