La Ciudad

Por Juan Francisco Risso

Algunos dicen

25|10|20 01:48 hs.


Empecemos cuando la tierra era un cascote y nada más. Por una cuestión física -de atracción- orbitaba en derredor de una estrella que hoy llamamos sol. Piedra y polvo, nada más. Como es la Luna. Que es un pedazo de tierra que se desprendió de la superficie de lo que hoy llamamos tierra, y -dicen- quedó girando de la misma manera. De ahí que siempre haya mostrado una sola cara. Dicen que la Tierra era inorgánica, como hoy es la Luna.

La vida vino después. De afuera, dicen. En algún meteorito. O el meteorito se mezcló con otros ingredientes terrícolas. Y en algún momento una molécula se replicó. Se auto-replicó. Y eso es la vida. Dicen que cuando los robots aprendan a construir otros robots, eso también será vida. Autorreplicarse.

Quienes las van de neurocientíficos -algunos lo son- explican cómo reacciona el cerebro humano frente a cifras, a cantidades. Hay quien dice que hasta siete opera de un modo. De siete para arriba, de otro. Y eso explica por qué el comerciante vivo pone un precio, lo tacha y debajo pone otro menor. Eso funciona. Créase o no. Pero yo tengo mi teoría. Para mí la mente humana -si hablamos de tiempo, por ejemplo- entiende hasta trescientos años. De ahí para arriba le da lo mismo. Lo que no quita que una persona sepa llevar una conversación como si entendiera. Se habla incluso de miles de millones de años. Yo hablaré de “millones”; y con eso abarco desde el Big Bang hasta la aparición del hombre así como le conocemos. Más o menos.

Estábamos con que aquella molécula al día siguiente tenía una hija. Se había autorreplicado. Y eso siguió con sobrinas, primas, cuñadas, etcétera. Quizá por casarse entre primos hermanos -o por adaptación darwiniana- pero empezaron a aparecer cosas raras. Calcule, de una molécula… al Tiranosaurus Rex. A pesar de Los Picapiedras, esos grandes reptiles se extinguieron hace 59 millones de años; y el hombre apareció -con viento a favor- hace cuatro. Millones.

El caso fue que de aquel planeta inorgánico, tranquilo, sin problemas de vecindad ni ruidos molestos se pasó ¡a la vida! Un semillero de despelotes. Alguien dijo -lo leí- que “la vida molesta”; y que el planeta quiere volver a ser inorgánico. Lo expresó así. Así expresó la tensión entre Eros y Tanatos. Y algo de eso vemos sin necesidad de abrir un libro. (También se habla así de los mercados: que están nerviosos, que buscan seguridad, cosas de ese tipo. Son visiones).

Pero la vida prosperó, y las especies más evolucionadas, aún sin planearlo así, se disputaban el título de Rey de la Creación. Gran candidato el delfín, que al no llegar a desarrollar las manos quedó relegado al acuario de Miami. El hombre descendió del árbol, modificó su pie para caminar en planicies, sus mujeres implementaron tecnología de punta (como la bolsa para recolectar bayas); los machos aprendieron a cazar en cuadrilla y no faltó quien pintara bisontes en las paredes de una caverna de Altamira. Sí, la oposición del pulgar, tiene razón. Y hacer una herramienta con otra herramienta. Mi primo el chimpancé quedó ahí, examinando una pajita con mucha atención.

Para mí, un punto de inflexión lo veo en un fémur humano de miles de años que examinó una científica. Con ciertas marcas. Nada del otro mundo. Tras mucha observación pasó la pieza a un compañero de laboratorio. “Mirá”, le dijo. “Este tipo se quebró el fémur y… lo arreglaron”. Cuando en la naturaleza un animal que se quiebra una pata… fuiste. Ayer, hoy y mañana.

Pero hace miles de años hubo quién se dio maña para componer la pierna de otro miembro del clan. ¿Alguien puede pensarlo como algo negativo? El caso es que con esto y con lo otro esa especie humana se fue abriendo camino. Empezó a crecer. Y –observe- a no controlar su número, como sí hacen las demás especies. Hay quien dice que hace 10.000 años éramos 5.000.000 en el planeta. Sostenible. Todo marchaba. Pero nosotros nacimos 10.000 años después. En la Edad de Piedra hablamos de 28 años de esperanza de vida. Fue subiendo no tanto hasta el s. IXX, y… ¿alguien puede ver algo malo en la medicina pública? Pero ahí explotó la expectativa, se superpobló el planeta, tema que hace 50 años era la vedette de todo tipo de literatura. Desde Mafalda de su primera época hasta Lando Buzzanca comprando preservativos Settebelo.

Yo no diría que tenemos un problema. Porque los problemas tienen solución. Y a esto no le veo solución. Pero mientras contemplo el mundo que dejaremos a nuestros hijos, me entretengo observando. Observo a Tanatos, vendedor de parcelas del mundo inorgánico, defendiendo su negocio. Sacando de la manga enfermedades que no conocíamos. “Esa fue una estocada exquisita”; me dijo un médico hablando del HIV. Le pregunté por qué. “Porque ataca el sistema inmunológico”. 

Hoy, en el rincón rojo, de la ciudad de Wuhan; China, el Covid 19. Y en el rincón azul un montón de médicos, médicas, enfermeras y enfermeros y mucamas y camilleros que entran al ring todos los días. La nueva carta que Tanatos saca de la manga.

Bueno, puse médicos y médicas; y luego invertí: enfermeras y enfermeros; porque desde que CFK introdujo la palabra “machirulo” hay que andar con un cuidado bárbaro. Ya me lo han endilgado, vea. Y en cuanto al lenguaje neutro, hay que hablar como los tanos de antes, bien cocoliches: “El nenite lo quiere al papite”. Así, como Virigilio, aquel verdulero de carro y balanza. Y grandes bigotes.

 Y bien, ya le levanté el ánimo… buen domingo. Nos vemos. 

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