En familia. Los Sorgue disfrutando todos juntos el último verano

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Informe Especial

Los hermanos Sorgue y el vóley: una conexión de valores, calidad y pasión

27|10|20 11:18 hs.

Por Jorge López de Ipiña  


La primera sensación me sumerge en una historia maravillosa, la de dos hermanos que con su exquisito vóley recorrieron nuestro país, que se fundieron en un vínculo especial con la celeste y blanca y que, por sobre todas las cosas, accedieron a un mundo que disfrutaron a pleno, más allá de los contratiempos y sacrificios, de los cuales hubo y muchos. 

"El proceso fue como una gran travesía, pero terminó siendo un eje en nuestras vidas”, reconocieron con orgullo Ezequiel y Agustín Sorgue… 

De inmediato, y desnudando un alto valor emocional, destacaron lo importante que fue tener esa familia que los apoyó a cada paso. “Nosotros tuvimos esa suerte, nunca sufrimos presiones; nuestros viejos nos dejaron ser y nos apoyaron en todo, nunca fueron un limitante, por el contrario, se la jugaron por nosotros. Venimos de una familia tradicional, con un papá albañil y una mamá ama de casa, humilde pero luchadora; donde nunca sobró nada, pero donde siempre hubo buenos valores. A nosotros fue como que nos dijeron, ‘si eso te hace feliz, hacelo’; a partir de ahí sentimos que nada era imposible en la vida; tenés que dejar todo, poner lo máximo y mejor de cada uno, y se logra...” 

Al vóley, o mejor dicho al deporte en general, Ezequiel y Agustín le agradecen “habernos dado valores, educación, una familia, amistades, experiencia, sabiduría; fue una gran escuela, un hermoso proceso”, y el mensaje más grande que les dejó es que “los sueños se hacen realidad”.   



Siempre unidos 
En esta aventura, la palabra rivalidad nunca existió; por el contrario, los dos siempre creyeron que el otro era “el mejor”. Para Ezequiel, “Agustín tenía un talento incomparable”; y para Agustín, ‘Ezequiel tuvo otro nivel, otros logros’. Para ambos, “era un orgullo que al otro le fuese bien”. 

Tener el deporte en su ser, en el ADN, parece ser producto de sus padres. “Los dos hacían deportes, jugaban handball y paddle; pero papá, Edgar, que también jugó fútbol, fue un ejemplo a seguir cada mañana, fue nuestra motivación, ser como él era el gran desafío…”. 


A Agustín Y Ezequiel, una pelota de voley fue siempre un elemento de unión


Pero tanta energía y predisposición puesta de manifiesto también tuvo sus complicaciones; porque económicamente fue difícil, casi imposible, sostener a dos chicos practicando cuatro disciplinas a la vez. El paso del tiempo reafirmó que la decisión de jugar vóley fue la acertada. 

Ezequiel “amaba el tenis, pero era algo individualista y yo soy más pro equipos; a eso hubo que sumarle algunas cosas como que nació nuestro hermano Adriel, que mi viejo se quedó sin laburo por un tiempo, que los torneos de tenis eran cada vez más caros, los gastos mucho más y todo no estaba al alcance de mi familia. A eso le incorporamos que al jugarse mixto el vóley era más familia, que genéticamente nos vimos beneficiados y de repente me di cuenta que progresaba y los objetivos llegaban rápido”. 

A Agustín lo abrazó con “una sensación especial porque sin ser de contacto, sin buscar ‘ensuciar nada’, había que generar algo bueno para ser mejor que el rival. El ambiente familiar fue ideal, y la mayoría de mis amigos también lo practicaban; así que no fue difícil la elección”. 

Con el vóley marcando el rumbo, para el menor de los hermanos atrás quedó el fútbol y tenis en Huracán, el básquet en Quilmes y Club de Pelota, las bochas en el Celeste, el teatro en la Escuela 1. En tanto Ezequiel dejó el tenis en el Globo y el básquet en el Cervecero.

“Mamá era como nuestra remisera, andaba de un lado para otro, y en un momento la cosa era de a tres porque Adriel se sumó al básquet en Quilmes”. 

Y entre tanto deporte, la educación, la escuela en sí, también pidió su espacio. Ezequiel tuvo un perfil más “riguroso” que Agustín. La primaria fue en la Escuela 8, espacio que también se puede catalogar como “el nido” donde nació el amor y la pasión por este deporte.

La secundaria dejó algunos “sobresaltos”; el menor la comenzó en el Industrial pero tras algunos problemas de su consanguíneo y la similitud que se vislumbraba con el tema de los viajes, la completó sin problemas en la Media. 

Ezequiel “era muy responsable y lo tenía como prioridad, pero tantas concentraciones con la selección y al estar jugando en Bolívar no me permitió tener el final deseado; es decir, tenía un acuerdo con el Director en rendir todos los exámenes e iba a la par del curso, pero en el último año otro directivo impuso nuevas condiciones y sin querer profundizar, hasta tuve que rendir tres veces los mismos finales que siempre aprobé. Por suerte se solucionó y conseguí el título”, valoró resaltando que en esta “historia de dos chicos deportistas que la mayoría vio como linda y bonita, también hubo momentos difíciles, de mucha lucha y sobresaltos, los cuales en definitiva nos permitieron crecer con actos honestos y anteponiendo siempre ser buena gente”. 


Año 2002. Ezequiel todavía cursaba la Secundaria y se preparaba para su segundo paso por Bolívar


El deporte también potenció las relaciones humanas, porque ambos enaltecen los valores familiares, la amistad y la vida en sociedad. “Siempre tratamos de convivir con las dos acciones, nos hemos vuelto a Tres Arroyos sólo por un día; esa es nuestra esencia familiar. Y algo de lo cual estamos eternamente agradecidos es que siempre tuvimos gente buena a nuestro lado. A nosotros siempre nos ayudaron, en cada momento o ante cualquier situación recibimos el apoyo de la gente, la cual nos abrió las puertas de su casa como si fuera la nuestra, lo mismo con sus corazones”, destacó Ezequiel. 


Con uno de sus jugadores más respetados, Hugo Conte


Agustín llevó con más tranquilidad eso de “extrañar” porque mantuvo a los “amigos de la infancia, también me rodeé de gente con los mismos valores y energía. En todos los equipos hice amigos de verdad, incluso en La Banda, Santiago del Estero, donde estuve a los 18 años. Y esto de tener tantos amigos también heredamos algo de nuestro papá, quien en Tres Arroyos es conocido por todos y va en su camioneta saludando como si fuese Máxima Zorreguieta” acotó entre risas, pero con sumo cariño. 


La Familia. Sostén de la carrera de ambos. En la foto, Ezequiel, Edgard y Agustín arriba; Mirta y Adriel abajo


La charla los llevó varias veces al momento del retiro, ese período donde se comienza una nueva vida siendo tan joven y sin estar preparado para absorber el impacto; pero cada dicho les generó alegría, despertó la pasión que sigue intacta en sus almas y mirando desde otra posición, disfrutaron el camino recorrido. 

Ezequiel, el grande 
Horacio Iriarte y su esposa Felisa D’Cristófaro fueron quienes invitaron a Ezequiel a la Escuela 8 a jugar vóley. “Esas dos hermosas personas me hicieron conocer este mundo; después seguí entrenando en el Holandés hasta que llegó el momento del CEF N°4 y Graciela Rodríguez, otra de mis formadoras y quien nos dejó una enseñanza increíble”. 


Ezequiel en el CEF con la ropa de la CAV


Rápidamente lo vieron de Tandil, nació el espacio de Ferro, la selección serrana; los bonaerenses, la convocatoria a la selección de Buenos Aires y ahí es “donde me vio Mario Harque y me recomendó para la preselección argentina con los mejores, donde no podés guardarte nada, tenés que entregar lo máximo en cada entrenamiento; y desde esa selección me propusieron para Bolívar”. 


La convocatoria a la selección Sub17 generó una gran alegría en Adriel, Edgar, Ezequiel y Agustín


Esa convocatoria fue tan particular como impactante; el llamado del manager Willy Paredes un mediodía como cualquiera cambió su vida, lo citaba para “mañana”, en Buenos Aires. 

Fue creyendo que era un entrenamiento junto a otros juveniles, pero cuando entró al vestuario apareció Daniel Castellani (DT), “y todas las figuras como Quaini, Spajic, Firpo… Ahí me di cuenta donde estaba; era todo de primer nivel, ropa de Etiqueta Negra, zapatos de Ricky Sarkani, Revista Caras, la TV yendo a Show Match, viajes en avión, yo iba a cobrar a Ideas del Sur donde nos trataban como ídolos; fue un sacudón tremendo en mi vida pero siempre traté de mantener los pies sobre la tierra, primero por la enseñanza que traía de casa y segundo porque lo mío era el esfuerzo; yo me quedaba media hora entrenando más que todos, no te robaba una serie, y eso dio sus frutos”, destacó. 


La foto de Bolívar campeón, junto a Marcelo Tinelli


Ezequiel tiene el honor o distinción de haberse consagrado campeón de la Liga Nacional Argentina 2002-2003 con Bolívar. “Tengo el anillo de campeón y un recuerdo increíble”, dijo humildemente sobre un logro incomparable. 

Su carácter le sirvió para sobrellevar el primer trago amargo de la selección de Menores. “Tras un largo proceso preparatorio de un año y medio, cuando dieron la lista del Sudamericano yo quedé afuera, iban 12 y yo era el jugador N°13. Pero llegué a casa y no me quedé llorando, al otro día a la mañana junto a Agustín y Mauro D’Annunzio salí a correr a la Plaza España y fuimos al CEF a ‘tocar la pelota’, seguí preparándome; mantuve las fuerzas… Y el Sudamericano que era en Colombia se atrasó un mes, se llevó la sede a Chile y el DT Horacio Di Leo realizó otra convocatoria. Yo seguía siendo el 13, pero llegué con todas las ganas y al segundo día ya me aseguraron un lugar en la gira por la Mesopotamia y después me gané un lugar entre los inamovibles del Sudamericano de 2002 donde fuimos subcampeones teniendo una gran actuación personal”. 


Ezequiel (16) en el Sudamericano de Menores de Chile, donde Argentina fue medalla de plata


Eso lo llevó a ser recomendado para Bolívar, y su vínculo con la celeste y blanca se prolongó en el tiempo hasta jugar también en Chile, un Sudamericano Juvenil, donde volvieron a ser segundos y fue el mejor bloqueador del certamen, aun estando desgarrado en sus abdominales. “Recibir un premio y que te hagan escuchar el himno de tu país es increíble”, recordó. 


De la mano de Tinelli, Bolivar revoluciono el voley argentino, y Ezequiel fue parte de ese proceso


Pero en esa constante relación “con la otra cara”, Ezequiel sufrió dos procesos para ir a sendos mundiales que terminaron mal porque Argentina fue expulsada de las competencias internacionales a raíz de problemas dirigenciales. “Para el de Tailandia ya teníamos hechas las valijas para una gira por Europa de un mes y se cayó todo…” se lamentó. 

Los Sudamericanos le dejaron abiertas las puertas del país trasandino. “Fui a jugar a Chile para Vita Vóley y lo mismo, experiencias insospechadas; me relacionaba con el Secretario de Seguridad de Chile, he estado cenando con el presidente de Lan Chile; en 2012 me fui a jugar para el Banco Nacional de Indonesia, viviendo en hoteles 5 estrellas con chofer y todos los lujos en un país donde el vóley es súper popular, con una cultura y religión totalmente distintas pero con una gente hermosa que me permitió entablar buenas relaciones; pero nunca antepuse el dinero por sobre el placer del deporte y jamás me olvidé de dónde venimos, y eso me ayudó muchísimo para poder disfrutarlo bien”. 


En Indonesia, Ezequiel vivió una gran experiencia personal y deportiva


Copa en mano, Ezequiel festeja el título de la Metropolitana con Vélez


El camino que comenzó en el SUM de la Escuela 8 tuvo además importantes escalas en Vélez donde si bien fue campeón de la Metropolitana y “pasé hermosos momentos”, un largo problema contractual con su pase le trajo un fuerte desgaste emocional; asimismo desarrolló destacados sucesos en Chubut y Rosario Sonder jugando Liga, tuvo la posibilidad de irse a Croacia, Israel y Francia pero nada se completó porque “yo venía mal por lo de Vélez, pero a su vez pensaba que se acercaba el momento de insertarme en la ‘vida real’; lo de Indonesia fue tan maravilloso que hice el click y pude empezar a ver todo de otra manera. Me vine a Rosario (donde vive actualmente) y jugué varias temporadas para Central, gozándolo de otra manera” y se retiró realizado, en paz con su ser, disfrutando su pasión y entendiendo que estaba preparado para afrontar una vida en plena relación con la sociedad. 


Ezequiel en su último equipo, Rosario Central


Agustín, el creativo 
Sin buscar copiar a Ezequiel, pero sí siguiendo el camino de su hermano, también arrancó en la Escuela 8, por ello acentuó su reconocimiento al Mona Iriarte y Filu, y a “la pasión que le pusieron, lo mismo que Graciela Rodríguez. Ellos tres nos marcaron un rumbo, nos prepararon de una manera especial, nos trazaron un camino al profesionalismo desde su pasión interna”. 

También tuvo un fuerte paso por el vóley tandilense y su vínculo con la selección nacional se remite a una preselección de menores en 2005 donde tuvo la ‘mala fortuna’ de tener en esa camada a jugadores como Luciano De Cecco y Maxi Cavanna, ambos estrellas hoy en Italia y Polonia. 


La preselección de menores con la que Agustín vivió una recordada experiencia en nuestra ciudad


"Tuvimos una concentración de una semana en Tres Arroyos, donde también estuvieron Santiago Iriarte y Martín León, fue una hermosa y demoledora experiencia. Con De Cecco también estuvimos a los 14-15 años cuando Bolívar hizo ese plan para detectar talentos, y si bien teníamos todos los parámetros iguales, él tenía un toque de pelota mágico. Viví 6 meses en Bolívar y cuando Cachete se fue al mundial de mayores con sólo 17 años, a mí me subieron al plantel superior y me pasó lo mismo que a Ezequiel, encontrarte en un vestuario con todas las estrellas me conmovió. Era otro mundo, en los estadios todos te pedían autógrafos, Marcelo Tinelli iba a los entrenamientos, a mí me trataba por mi nombre, me preguntaba por Ezequiel y se mostraba contento porque sabía que le estaba yendo bien en la selección”. 


Agustín, en su paso por Bolívar


Para mantenerse cerca de ese equipo jugaba la Metropolitana para Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque. Pero luego su destino apuntó a Santiago del Estero en la A2, tras una brillante campaña jugaron la final televisada por TyC Sports donde ‘la rompió’ y ascendieron a la Liga; la pantalla chica lo tuvo varias veces como protagonistas cuando DeporTV transmitió la Metropolitana y eso marcó un sentir especial en nuestra ciudad. 

Buscando nuevos rumbos miró el Sur y desembarcó en Chubut, donde estuvo 2 años; siguió el paso por Neuquén y a todo esto seguía entrenando en pretemporada con Bolívar. 


Agustín jugando para Huracán la Liga Bonaerense 2005


Hasta que en un momento dijo ‘se terminó el vóley para mí’ porque “sentía que se me estaba pasando la vida, le puse todo, estaba lejos de todo, pero no era redituable. Con 23 años estuve a punto de irme a jugar a Israel pero no se dio; conocí a mi novia, dejé de jugar, me fui a vivir a Buenos Aires, conseguí trabajo en DirecTV donde estuve 5 años, pude insertarme en el plano laboral, estuve a un paso que me trasladaran a Chile, paralelamente me asenté en la Liga Metropolitana jugando para la Universidad de La Matanza donde me fue muy bien; sentí que sin presiones, sin tener que demostrarle nada a nadie alcancé un gran nivel, recibí muchas propuestas para irme a otros equipos. Me fue muy bien, ganamos ligas metropolitanas, varios torneos, ascendimos y ante el llamado de Boca Juniors dejé DirecTV que era algo que ya venía elaborando. Pero antes de arrancar la preparación me llamó el manager y me dijo ‘Boca no juega la Liga, el presidente Angelici le retiró el respaldo al voley’. Y bueno, volver a empezar, conseguí nuevo trabajo y hoy con mi novia nos dedicamos a vender muros verdes artificiales y estoy haciendo cursos de operador de Bolsa, que creo será mi próximo destino”, reconoció. 


En la Matanza, Agustín fue capitán cuando salieron campeones de la Metropolitana


Las excentricidades también estuvieron en su vida deportiva, porque jugar en Brasil un Mundial Universitario de Playa fue algo especial. “Mi paso por La Matanza fue muy lindo por los equipos que compartí, por las campañas y porque me integraron a esa familia espectacular. Yo quedé afuera de los Juegos Olímpicos Universitarios una semana antes del viaje, pero después el técnico Kantor dijo, desde Guangzhou, China, que esa había sido una mala decisión de él. Y a mí este Mundial del 2015 en Aracayú me vino bárbaro, jugué beach; una experiencia espectacular, es otro deporte, fantástico”. 


En el Mundial Olímpico Universitario de Brasil


Otro caso, además del de Bolívar y la selección, de similitud con Ezequiel lo representó Vélez; pero Agustín la vivió siendo un jugador ya formado y sin ambiciones de volver a la liga. “Eso me ayudó mucho en mi puesto de armador y en Vélez me fue muy bien; en el primer torneo llegamos hasta cuartos de final. Al año siguiente jugamos una B1 en Chapadmalal y fuimos campeones; la relación y experiencia fue muy buena, al punto que después me volvieron a llamar para jugar la A2, y lo último que hice en el vóley fue en 2018 en la Metropolitana que jugué para Ferro”. 


Agustín, en su paso por Vélez


Este encuentro virtual permitió, pese a la distancia, revivir esos sentimientos que estaban protegidos en su interior. “Para nosotros fue como un mimo que nos regalaste, nos despertaron el orgullo, que nos valoren y recuerden en Tres Arroyos nos movilizó. Hemos revivido una gran parte de nuestras vidas que nunca habíamos desarrollado en una charla, nos volvimos a ver saliendo de nuestra ciudad buscando nuestro destino... Este encuentro nos alimentó el sano ego que todos tenemos y nos permitió darle real dimensión y poder agradecer todo lo que hicieron por nosotros nuestros padres, los amigos, nuestro hermano Adriel que fue nuestro primer y máximo fan, y a todos los que se cruzaron en nuestras vidas y nos ayudaron a ser día a día mejores personas”.  


Los hermanos frente a frente en un Bolívar-Huracán por la Liga Bonaerense


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Huracán y la Liga Bonaerense 
Huracán puso al vóley de la ciudad en otra competencia, otro nivel. El audaz proyecto que se movió por el primer lustro del nuevo milenio alcanzó metas insospechadas. “Fue el desafío de un grupo de pujantes padres de jugadores que tenían muchas ganas de trabajar. Así nació, y contó con Huracán, se apoyó en la experiencia de un gran entrenador como Mario Abdala que venía de Tandil con experiencia de haber trabajado con figuras al nivel de Leo Maly; Agustín y yo también fuimos parte de su proceso de trabajo. Se pudo jugar en un estadio hermoso como el Gigante y la competencia tuvo un gran nivel, mejor que muchas A2, sin dudas. La experiencia fue fantástica; en lo personal una gran alegría porque era jugar para mi ciudad, con mi hermano y mi papá estando en el tema de los viajes y la organización; fue un hermoso regalo. Lo mío fue a propósito, quería hacer algo así; pero cuando no se consigue apoyo, cuando los sponsors no alcanzan, se hace muy complicado y el esfuerzo de los padres no resistió. La experiencia la recuerdo y tengo siempre muy presente, y que la radio nos transmitiera en vivo era especial, increíble; nosotros lo escuchábamos desde adentro de la cancha y no lo podíamos creer. Además, viví de manera muy particular cuando vine a jugar acá con Bolívar, ante Huracán, en mi lugar…”


Huracán, con Ezequiel entre sus filas, en la Liga Bonaerense 2003


La experiencia del Globo para Agustín nació con buen pie porque “trajeron a quien había sido mi técnico y vinieron varios de mis compañeros y amigos a jugar; fue un gran proceso de un grupo de padres que trabajó muchísimo para llegar a un nivel muy bueno. Lo que alcanzamos fue verdaderamente valioso, jugamos a nivel profesional; en la segunda liga llegamos a semifinales; con Primera ganamos la Liga Tandilense. A nivel regional fue importante el club; fue una gran etapa, una época increíble, se abrió el espacio para que el vóley fuese muy competitivo. Creo que nunca más se alcanzó algo así, ojalá en algún momento se pueda repetir porque resultaría muy valioso para la ciudad”, deseó Agustín.


Agustín jugando para Huracán la Liga Bonaerense 2005



Agustín, Ezequiel y la mascota Bamboo