Opinión

Por Roberto Barga

Cristina: epístola y smoking

01|11|20 09:10 hs.

  Mientras el Gobierno “disfruta” de cierta paz cambiaria, como consecuencia de haber colocado bonos en el mercado para quitar presión sobre los dólares- fuga, no “disfruta” de la misma paz política. 


 Es que este “sin vivir” que sufre el gobierno de Alberto Fernández, tuvo esta semana otro terremoto que conmovió las placas tectónicas del sistema de decisiones de la Argentina. Nos referimos, claro está, a la carta que publicó con motivo del décimo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, su compañera de toda la vida, la vicepresidenta, Cristina Fernández. 

 Como nos tiene acostumbrados este animal político (en el sentido aristotélico del término) cuando se expresa, cosa que hace poco, se provoca un tembladeral. Así pasó con su libro “Sinceramente”; también con el video que difundió el 18 de mayo del año pasado para hacer saber que el elegido como cabeza de fórmula presidencial sería Alberto; y en esta última epístola del lunes pasado, que, a juicio de un servidor, tiene ejes que disparan distintos debates, según la óptica de cada quien. 

 Más allá de que se coloca en un parnaso de superioridad que la autoexime de responsabilidades sobre los fracasos de la Argentina como país, como si eso fuera posible después de ocho años de ejercicio del poder en la más alta responsabilidad de Estado, y de tener injerencia directa en la actual nomenclatura del poder, hay tres dardos que hacen pica en Flandes sobre los hombros del actual mandatario: 

1) “más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos y desaciertos”. Es por todos los actores medianamente informados, conocida la idea que tiene Cristina sobre el grueso del gabinete de Alberto. Para la ex presidenta hace rato que Alberto Fernández tendría que haber operado cambios ministeriales y posa especial atención en los déficit de Marcela Losardo, ministra de justicia, Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, Mario Meoni , ministro de Transporte y sobre el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, a quien responsabiliza del desbarajuste del dólar. El argumento baladí que intentaron defensivamente algunos sectores cercanos al presidente, arguyendo la idea de que en todos los gobiernos hay funcionarios que funcionan mejor que otros, no los exime de responsabilidades para resolver con urgencia los cambios evidentes que pide la coyuntura, y que a la vez, puedan fungir como balón de oxígeno y como restablecedores de expectativas. 

2) “el sistema de decisiones en el poder Ejecutivo hace imposible que no sea el presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o mantiene funcionarios”. Aquí no hay muchas dudas ante el significado de las palabras. Fernández de Kirchner lo deja claro. Ella no gobierna, no toma decisiones. Las responsabilidades vayan a buscarlas a otro lugar. Un artículo de opinión que apareció el domingo 25 de octubre pasado, la terminó de convencer para escribir este párrafo al que hacemos mención. El editorial del columnista de Clarín, Eduardo van der Kooy, refería que el drama de Alberto se encerraba en las condiciones inhibitorias que ejerce Cristina para la toma de decisiones. Dicho en castellano antiguo, se pudrió de que le cargaran el san Benito de que ella no deja gobernar a Alberto. 

 3) “el problema de la economía bimonetaria que, es sin duda, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos, y sociales de la República Argentina”. Este tal vez sea el eje que actúa como rompe aguas y como línea divisoria, no ya del gobierno de Alberto, sino del sistema en su conjunto. 
Más allá de que agotar una agenda pactista, con lo complicado que es armarla, en el tema de la restricción externa, o para ponerlo en lenguaje callejero, la falta de dólares, parece poco. Una agenda pactista debería agregar temas como el tipo de modelo productivo, cómo dar valor agregado a la economía y otros más. Lo cierto es que la convocatoria incomoda y los desafía. 

 Incomoda a Alberto, porque debería recoger el guante y motorizar la convocatoria. Incomoda a la oposición, porque en un país en el que va a caer 12% su producto bruto, nadie puede jugar a la gallina distraída; e incomoda a Clarín y La Nación, porque los pone en el lugar de poderes fácticos y algo tendrán para decir o hacer. 

 El texto no ahorra munición para los sectores opositores y pone énfasis en el gobierno de Macri. Pero esas denuncias operan como sistema defensivo para la interna del kirchnerismo, ya que su tribuna fiel recibe de parte de Cristina una ubicación exacta de qué responsabilidades le otorga a cada quien la ex presidenta. 

 Las respuestas a la misiva de Cristina han variado según los aludidos. Para Alberto fue un texto de apoyo, difícil de creer hasta para él mismo. El presidente manifestó públicamente su conformidad con su gabinete, se mostró en caminata de viandante con Vilma Ibarra y Sergio Massa, dos señalados en la epístola y le dijo al diario La Nación que la convocatoria al diálogo ya tiene lugar en el Consejo Económico y Social. Evidentemente, o Alberto no se enteró, o espera que baje la espuma para tomar decisiones al respecto. 

Interesante lo de Miguel Picheto y lo de Rogelio Frigerio. Los dos se mostraron abiertos a impulsar el diálogo sin vetos y sin excluidos. Frigerio, tal vez recogiendo la impronta del apellido, entienda más que ningún otro que sin un acuerdo de mínimos es imposible avanzar hacia algún lugar interesante. Por último, Mauricio Macri, tardó pero se dio por mencionado. Dijo que si el diálogo es con la constitución como base y si se archiva la reforma judicial él se sienta. Parece poco como contra propuesta, pero menos jugo da una piedra. Veremos… 

 Guernica, Entre Ríos y el sentido de Estado 
 Es curioso, pero en lo de las tomas de tierra opera una suerte se síntesis de todas las contradicciones del frente gobernante. En Guernica se ejecutó el desalojo con Sergio Berni como mascarón de proa. Se vieron las topadoras como en la época de Cacciatore, también la quema de casillas. En la disputa por la construcción de sentido parecen no quedar dudas donde se ubicó el peronismo que gobierna la provincia de Buenos Aires. Dicen que la última palabra para actuar la tuvo Cristina. 

 En Entre Ríos, donde la familia Etchevehere sostiene un contencioso familiar de 11 años. La justicia ordenó restituir la propiedad a los hermanos y la madre se puso en contra de la hermana Dolores. Grabois y su proyecto Artigas dormirán el sueño de los justos. Pero Alberto Fernández salió al rescate del dirigente papal y pidió rescatar las ideas del joven piquetero. Es increíble, Cristina se la sirvió en bandeja para despegarse del affaire Etchevehere y el presidente la desperdició. 

 Por último, para comprender cómo se mueve el polémico Grabois, recomendamos ver “Ellos no usan smokin”, película brasilera de comienzo de los ’80. Allí se narra la disputa entre dirigentes sindicales que entienden la posibilidad de la hora y de dirigentes sindicales que no entienden nada. Esos que no entienden nada son los que le hacen el juego a los que ellos dicen combatir. Que cada uno ponga a Grabois donde quiera.