Opinión

Recuerdos

Todos soñábamos

08|11|20 13:54 hs.

Por Luisa Ouwerkerk


Los indios lo bautizaron Kla-Röme-Ko. De este balneario se venía disfrutando de antiguo. 

Veranear en el Hotel Brisas formaba parte de una época mágica: nuestra infancia. 

Hubo otros hotelitos antes que éste, que fue, quizá, el único en su género en esa condición de instalación. Inaugurado en el año 1926, estaba construido a menos de 50 metros de la orilla del mar en la arena. 

Muy cómodo, con sus 20 habitaciones y su amplio patio central y una cocina de primer orden. Nos reuníamos grandes y chicos en el gran salón comedor y surgían hermosas charlas, anécdotas y cuentos entre las personas mayores, que los más chicos escuchábamos con los ojos agrandados de asombro o de temor, según el tema. Y, como música de fondo, el murmullo del mar, cercano y misterioso. 

Claro que no existía el televisor, por lo que toda la atención estaba centrada en esas increíbles historias ¿Increíbles? La historia lugareña ya cuenta, entre otras, que aquel proyecto de los Bellocq (un sueño bellísimo) que comprendía, entre otras cosas, una estación ferroviaria con una rambla de 500 metros de frente sobre el mar, un muelle de mediano y gran cabotaje para pesca y carga de cereales y ganado, un hotel de 250 habitaciones, etc. etc. Un famoso arquitecto, el señor Bunge, trabajó durante tres años (desde 1925 a 1928) con este proyecto, y los trabajos debían comenzar en el invierno del año 1928. Todo estaba listo y aprobado, pero… lamentablemente nada se llevó a efecto y los grandes sueños se fueron apagando, nadie sabe bien por qué. El ingeniero se llevó los sueños a otra parte y los hizo realidad fundando lo que hoy es Pinamar… Pasaron muchos años desde entonces; ahora soy abuela y casi no me atrevo a contar que, en el Hotel Brisas ¡yo cantaba para Otto Bemberg! Con toda la fe y la inocencia de una niña de 4 años que ofrecía mi repertorio: “¿Querés que te cante, gordito?”. Y el “gordito” me sonreía y me invitaba a subir a una de las mesitas del comedor del Hotel, mi escenario… Al finalizar cada canción recibía los aplausos de él y del resto de los presentes. Nunca más subí a un escenario… 

Siete años como pupila de un colegio primario me privaron en gran parte de mi mamá, que con su hermosa voz tarareaba las letras de las canciones, y de mi padre, con sus fantasías. Y ahora, que no todo es sencillo, ahora no sé cómo manejarme con cosas complicadas, como ausencias y muertes. Y en esas muertes están todos ellos: mis abuelos, mis padres, el Hotel Brisas, la ruta de tierra, las hamacas en la playa, los chalets, abajo, el reloj… ¿A quién le pregunto si fue verdad? Otto Bemberg, ¿estuviste realmente en el hotel en aquella época? Yo creo firmemente que sí, pues nos entendíamos de maravilla. 

Y yo sé que vos también soñabas… y si no, ¿qué es lo que veo yendo por la ruta 3 hacia el sur? Maltería Quilmes ¡Tu sueño! 

¿Y el mío? ¡Haber cantado para vos!