Carlos Bancur en la puerta de lo que es hoy “su casa”, Dunamar (Carolina Mulder)

Claro, Reta y Orense

Es un histórico habitante de Dunamar

“Habría que planificar más a futuro”

09|11|20 09:53 hs.

Otra de las familias que forman parte del “paisaje” de los viejos tiempos de Claromecó son los Bancur. Carlos Bancur es uno de esos históricos, no solo por presencia sino por memoria. Cuenta que su padre “vino acá en 1939. Estaba en una comisión de fomento porque no había manejo municipal con diferentes personas, como el doctor Cier, Bernabá, Cepeda, entre otros. Ellos en invierno venían poco pero sí en verano, no había mucho turismo, y lo contratan a mi papá para que fuese el capataz de esa comisión”. 


Aquí llegan, en 1941 el resto de la familia, su madre, Carlos -de 3 años-, Eduardo -de 1- y Roberto -con apenas 10 días de vida. El resto de los hermanos nació después. 

El “rancho de chapas” 
 Se instalaron “en lo de Doña María Pinzone”, cuenta, “un rancho de chapas que estaba en la calle 11 entre 26 y 28, a mitad de cuadra. Yo nací en mayo del 37 y acá fui a la Escuela 11 desde primero inferior a 4º grado, había una sola maestra, Josefa Elsa Admiral, de la cual tuve el honor de tirar sus cenizas al mar. Aparte de haber sido mi maestra fuimos muy amigos. Esos tiempos eran lindos porque teníamos la naturaleza, el mar, pero realmente nosotros lo pasámos muy mal. Todo el pobrerío que vivía acá lo pasó feo, no había casi transporte, era sólo un servicio que salía de mañana y volvía desde Tres Arroyos por la noche. Pero tenías que poder pagarlo. También la salud era todo un riesgo, imaginate que una hermanita mía falleció en pleno verano con nueve meses porque no hubo médico para atenderla. Mi otro hermano, Eduardo, tuvo un problema en su oído y como llovía tanto tuvo que llevarlo en una villalonga mi padre hasta San Francisco, donde ya tenían doctor, fueron diez horas entre la ida y la vuelta, según contaba”. 

Carencias 
Era dura la vida de ese Claromecó, la luz eléctrica sólo estaba en verano hasta que se fundó la Cooperativa Eléctrica (hoy CELCLA) en 1943. El pan, pasaba lo mismo, sólo en verano. No había farmacia, sí algún Geniol en lo de Arbasetti o Chedrese, el correo lo retiraba con el pan Bonavita de Bellocq y acá lo tenían en Casa Arbasetti. Las fiestas populares eran lugar de cita obligada, ni hablar de las fogatas de San Juan y San Pedro”.

Son muchos sus recuerdos y obviamente con grandes precisiones pues “en el 50 nos venimos a instalar todos a Dunamar -que como el propio Carlos lo identifica es ‘un barrio de Claromecó’-. Porque Gesell le dio un laburo a mi viejo por la parte de albañilería; él era medio relojero, medio carpintero, era medio chiflado como yo”, cuenta entre risas. 

Siempre activo 
Los Bancur heredaron de su padre la capacidad de hacer cosas; “sin dudas -agrega Carlos-; yo ya tengo casi 84 años y sin embargo estoy todo el día laburando. Lo hago porque me gusta, no porque me obligan”. 

Trazando un paralelismo entre el ayer y el hoy en cuanto a estructura de pueblo, la gran diferencia que Carlos ve es “urbanística. Porque en esos tiempos no había calles ni nada. Imagináte que la 11 no existía y la 26 apenas pasaba la panadería de Guido (después Bel-Mar de Reynoso). Así va creciendo Claromecó, con la mayoría del esfuerzo de emprendimiento privado: los teléfonos automáticos, el agua corriente… y tantas otras cosas. La obra de gas fijáte que está a medio construir. Nosotros tenemos un problema de infraestructura porque no tenemos cloacas, sin éstas no podemos prosperar ni hacer edificios grandes; es algo que hay que rever porque se sigue construyendo pero sin previsión a futuro. Y después lo vamos a lamentar…”.