Punta Cangrejo, otra creación de Tachi Viñes (Carolina Mulder)

Claro, Reta y Orense

Toto, Pebe y Tachi

La noche, los Viñes y El Tucu

09|11|20 12:52 hs.

Los Viñes, tienen una historia “de noche” si se la puede llamar. Porque desde los comienzos Eriberto “Toto” Viñes junto a su mujer Elsa Cier, y sus dos hijos Carlos (Pebe) y Luis (Tachi) iniciaron el camino con El Tucu, un boliche histórico en Claromecó. 


Al lado del arroyo o casi dentro del arroyo Claromecó vive Tachi, en Puerto Cangrejo. Cuenta que su padre “era de Tres Arroyos pero viene acá en el 49 más o menos y pone en el 52 la primera versión de El Tucu frente a la Plaza. Era un tinglado de chapas de cartón y era un conventillo, porque nosotros (mamá, Pebe tenía 3 años y yo 1) vivíamos en las primeras dos piezas, después tenía otra Avila y después otra Victorio Lamberti con su familia, creo que Mario no había nacido pero sí Víctor. Esas piezas daban a la pista entonces a la noche Avila sacaba la mesa de la cocina, la ponía al lado de la pista, se traía la cerveza, Lamberti también… y estaban en el baile sin pagar entrada… era genial. Con unos tocadiscos de m…”. 

Cuando Claromecó sale a remate por parte de la familia Bellocq, éstos se quedan con una parte, la otra la compra “mi abuelo, Alberto Cier -que era médico cirujano en Tres Arroyos-, el padre de Fico y Gogo Vogelius y Punta. Esos compraron todo el balneario, terrenos y terrenos…”. 

Una historia de boliche
Su abuelo vino cuando comenzaba la construcción del Faro en 1922 y se instaló frente a la plaza Piedra Buena, se veía El Callejón porque desde esa casa, para el lado del mar, no había nada. Cuando sus padres se instalan en Claromecó ya Pebe y Tachi habían hecho parte de la primaria en la Escuela N° 16 de Tres Arroyos y la terminaron allí. “Yo venía en la panza de mi vieja, ella estaba todos los veranos acá. Cuando el abuelo Cier empieza a repartir los terrenos a mi madre le estos y mi viejo hizo El Tucu, trajimos … bueno yo tenía 7 años, las chapas de cartón fue el primer techo, calculá lo sacaron de allá para poner acá, segunda clavadura… no sabés cuando llovía. Aparte no había nada acá, tenías que venir cortando médanos para llegar al Tucu, había un molinete para entrar. ¡Si yo iba a la Escuela 11 cortando campo! Había dos canchitas de fútbol, una en la esquina donde se hizo el Bar Pablito y la otra atrás de la Estación de Servicio YPF de Santiago Satini”. 

El Tucu, como muchos lugares de Claromecó era boliche bailable o boite únicamente en verano, además en esa época la luz eléctrica duraba solo hasta las 3 de la mañana. En la zona donde viven los Viñes había sólo dos casas, la de ellos y la de los Bellocq, en un tiempo ocupada por los Bancur -una de las más antiguas propiedades del pueblo-. “Después vinieron las de Hurtado, Casaubón, la de Ferrario en calle 24 enfrente a donde tuvimos Montoto”, recuerda Luis. 

Montoto, El Tucu y Punta Cangrejo 
Otro de los lugares de “creación familiar” es Montoto pero Tachi es quien sabe la verdadera historia. Esto arranca porque lo pone mi tío Toti Cier, me llama a mí y había que hacer la inauguración. Estaba Carlitos Hernández, entonces había que ponerle nombre al boliche… ‘y ponele Montoto’, por el andá a cobrarle a Montoto de ese tiempo y quedó así. Yo venía de Reta porque tenía boliche allá, no había luz eléctrica, teníamos dos Winco a baterías y lamparitas de querosén de colores, sabés cuando entraban a calentar el olor…” cuenta riéndose de su experiencia retense. 

Cuando se viene de Reta se hace cargo de Montoto el primer año y al siguiente su padre Toto se lo compra a Toti Cier. Durante muchos años se transformó en lugar de concentración de la previa a la salida y la posterior al cierre de los boliches. “Lo tuve durante muchos años, también lo alquilé un tiempo, después me fui a hacer cargo del Tucu hasta la década del 90 que lo cerramos”. 

El Tucu fue el lugar de la noche en ese Claromecó ya con su ubicación definida en calle 3 casi 22, cuando viene la ley Duhalde eran tantas las adecuaciones que había que hacer que deciden cerrarlo. Hasta que Tachi construye en el borde del terreno, frente mismo al arroyo su primera casa; “ojo las hago yo, porque también me dediqué a la construcción desde que teníamos el Tucu. A esa le sumé otra al lado y así llegué a cuatro para alquilarlas. Por una conversación con el Gordo Gómez -que estaba de cocinero en el Hotel Claromecó- ponemos el Restaurante Punta Cangrejo, fueron cuatro años hasta con números artísticos pero como todo tiene un final así fue”. 

De aquellos tiempos Tachi recuerda nombres y lugares con gran facilidad; “la vieja Victoria, ahí paraba Detroit, lo de Caram adonde llegaba Antum con el micro La Victoria; el viejo Abalos con el carro y Burón con el mateo fueron los primeros remises, los Cortés, los Bancur, el Almacén de Arbasetti, la panadería de Reynoso…” son muchos los nombres que detalla con datos más que precisos.

“El progreso es como todo pero bueno, a mí me gustaba más antes, era tipo aldea… nos conocíamos todos. Bajábamos a la playa todos en el mismo lugar, jugábamos a la pelota, la noche cuando yo empecé era bárbara porque era tranquila. A partir del 86-87’ que seguía estando acá en el boliche yo ya claudiqué con ese tema por los problemas. Se terminaron los códigos y antes de que pasara algo preferí cerrar”, cuenta en el final.