Para Pepa Claromecó es "mi lugar" (Carolina Mulder)

Claro, Reta y Orense

Su padre llegó a la localidad en 1953

“Cuando vengo acá revivo” dice Pepa Gigena

09|11|20 13:11 hs.

Josefa Gigena, Pepa, para todos en Claromecó, está de nuevo en lo que ella dice “mi lugar; porque cuando vengo acá revivo” ya que por esta pandemia quedó por siete meses en Mar del Plata, en casa de uno de sus hijos. 


Su padre, Eriberto Gigena, tenía en Tres Arroyos un bar pero por consejos “llegaron acá juntos con Mario Reynoso, bueno, el mismo día de octubre de 1953. Mi papá vino con un sobrino y la esposa de él porque mi mamá -Violeta- se había quedado en el otro negocio de Tres Arroyos. La oferta del negocio se la hizo Polo que era quien tenía ese bar donde paraba el micro de su empresa, el local se lo alquilaban a Doña Victoria, el de calle 28 y 7 (hoy El Artesano). Vino a probar porque antes la temporada empezaba en diciembre y terminaba a mitad de marzo, había mucha gente. Trabajaba como loco, casi que no dormía, para colmo la luz se cortaba a las 12 de la noche, el único lugar para bailar era El Tucu. En el bar de mi papá había un motor así que él contrató unos músicos y acá se bailaba hasta las 6, hora en que se iba el micro. Como iba tan bien nosotros dejamos el negocio de Tres Arroyos y nos vinimos para acá con mamá y mis hermanos, Betito de 10 años y Carlos de 3”. 

En esa esquina la familia Gigena estuvo viviendo y trabajando durante 18 años hasta que la dueña, Victoria, se lo pidió y cambiaron de locación.

Los inviernos eran difíciles y los dos hijos varones estudiaban en Tres Arroyos, así que Heriberto le sumaba al bar alguna changa para cumplimentar “el mango”. 

El Restaurante Beto
La historia de cómo surge el local de la avenida 26 adonde se traslada la familia es muy particular. Pepa cuenta: “Betito y yo éramos muy locos, siempre estábamos buscando trabajo, cuando lo tuvimos los dos un día él me propone comprar un terreno a medias. Fue el de la avenida 26. Lo tuvimos durante muchos años ahí, como baldío hasta que en una oportunidad, cuando fue un aniversario de bodas de los viejos, tanto Betito como yo estábamos resecos así que yo le propuse que les regaláramos el terreno. Le pusimos debajo de un plato ese día el regalo del terreno y así fue cómo se da el primer paso”.

Cuando los Gigena dejan de alquilar el local de calle 7 edifican allí lo que fue el Restaurante Beto, “vecino de los Arbasetti. ¡Cómo trabajábamos!, cuatrocientas personas por turno de comidas dábamos; mamá en la cocina y nosotros con mis hermanos en el salón. Papá estaba en la caja porque ya estaba delicado de salud”. 

El lugar estuvo abierto hasta que Heriberto decide cerrar; “ya se había recibido Carlos, Beto estaba casado hace rato, ‘yo cierro’ dijo. Mamá no quería, mirá que ella era la que cocinaba. Eran otros tiempos y tanto mis padres como el resto se mataban trabajando en el verano”. Así fue que dejó de funcionar Restaurante Beto y la familia Gigena se reformuló contando con piezas para alojar turismo.

Su vida en Entel 
Los primeros pasos de Pepa como operadora de Entel se dan porque desde los 15 años comenzó a pedirle trabajo a Prieto, que estaba de jefe junto a su mujer. “Yo quería trabajar pero mi papá no me dejaba, igual que tener novio… me tenían presa. Años más tarde un día llaman a mi casa y yo pensé ‘será fulanito’, pero no, era Prieto que me buscaba para dar examen en Entel para el verano. Mi papá se reenojó, no estábamos en Claromecó por un problema de salud de uno de mis hermanos así que cuando volvimos el fin de semana, de rodillas, le pedí que me dejara… Fijáte vos lo que era. Un 4 de octubre empecé a trabajar con Nelson Mouhapé, Esther y Antum Caram, Nelson Andretta y Carlos Urrutia”. 

“Eran épocas en que en Carnavales queríamos salir, así que buscábamos la forma en la que otro te cubriera, cuenta. Imagináte que de no dejarme trabajar lo hacía en el teléfono, en una venta de galletitas que tenía Toti Cier en calle 7 y en la noche El Corsario porque papá, junto a Ricardo Robles, lo alquilaron dos años… No tenía horario”.

Fueron muchos años de trabajo como operadora, “en verano era tremendo el trabajo porque la forma de pedir comunicación con cualquier otra ciudad era a través de Tres Arroyos. Así que teníamos hasta 12 horas de demora… ahora tenés videollamada, celular, internet... Otros tiempos”. 



Pepa Gigena estuvo en los dos locales que tuvo la empresa, el de calle 9 entre 28 y 30 y el posterior de calle 7 entre 26 y 28 hasta que Entel se reconvirtió en Telefónica y poco tiempo después se retiró.