Es el busto de Istilart ubicado en Huracán, obra de don Antonio Orfanó

Opinión

Por José Mariano Pérez

Istilart, el mejor vecino

15|11|20 12:46 hs.

A lo largo de las notas que he escrito sobre la vida de Juan Bautista Istilart, ha quedado en evidencia que Don Juan, pese a no ser nativo de Tres Arroyos, adoptó la ciudad como propia y dedicó gran parte de su existencia a favorecer el engrandecimiento de su segunda patria. 


Si se observa la variedad de instituciones con las que colaboró, se trasluce su inteligencia en promover diversas actividades, todas ellas, importantes para el crecimiento moral, cultural, deportivo y económico de los habitantes de Tres Arroyos. No fue azarosa la participación y apoyo de Don Juan a una biblioteca, un banco, una cooperativa, un club, un centro de salud. Su colaboración, siempre desinteresada, buscaba la elevación de los tresarroyenses. 

Durante el velorio de nuestro prócer se pronunciaron emotivos discursos de despedida. Don José Carrera, en representación de la Liga de Industria y Comercio, con acierto expresó “¡Don Juan ha muerto! Mi pueblo ha perdido a su mejor hombre. Francia, fue la patria de este hombre cuya vida puede sintetizarse así: razón y corazón. Pero Tres Arroyos, este pueblo que fue el de sus afanes, de quien fue su mejor amigo, en cuyas calles su respetada figura patriarcal fue siempre símbolo de humilde bondad, en cuyas instituciones fue siempre índice de mejores destinos, cuyos pobres y necesitados encontraron siempre en su corazón ayuda, en sus palabras consuelo, y en sus labios consejos, orientación; este pueblo, a quien consagró su vida, dejando en él el recuerdo de su personalidad incomparable, es a su propio decir su segunda patria". 

Don Manuel Pelegri en nombre de la Comisión Administradora del Hospital Pirovano, entre otras sentidas palabras, expresó que “fue Don Juan B. Istilart siempre el hombre de la hora, y de las circunstancias, y así lo vimos como a los capitanes intrépidos de los barcos que sólo toman el timón en sus manos en el momento de las borrascas". 

La prensa local, regional y nacional se hizo eco del fallecimiento. El diario La Comuna, que por entonces aparecía en nuestra ciudad, graficó "¡Alto en la tarea, que ha muerto un hijo del trabajo! ¡Abátanse los brazos; descúbranse las testas; póngase silencio al rumorear de la ciudad; dejen de chirriar las sirenas y de zumbar los motores y toquen las campanas su dolor! ¡Don Juan B. Istilart ha muerto! Ha muerto el cerebro de Tres Arroyos". 

Una de las más excelsas descripciones acerca de nuestro prócer, la realizó el Sr. Mauricio Steimberg, ex presidente del Club A. Huracán, al inaugurarse el busto de Istilart al año de su fallecimiento, en el campo de deportes del club. “La sugestión de su bronce dirá a las generaciones, en la serie infinita de los días que vendrán, que la actividad es don precioso, porque ella engendra energía constructora, ambición de progreso y fuerza altruista. Si Don Juan hubiese sido un hombre flojo y apático, una de esas masas inertes que no saben a dónde van, toda su riqueza hubiese sido una negación. Ser activo y ganar tiempo: ese era el aguijón que le excitó continuamente. Sabía que en la molicie se incuban las anulaciones; que la pereza embota y atrofia. Él fue recio y perseverante; con una reciedumbre espartana, con una perseverancia de onda marina, que nunca detiene su caudal. Acarició a los niños y alentó a los hombres. Fue estoico contra los hostiles, altivo en la adversidad y benigno contra el error, que muchas veces se atravesó a su paso, como mata espinosa. Él no sabía hincarse sino para hacer misericordia. Y así, entero como un soldado formidable que no ceja en el combate, llegó sin agobio y sin renuncias a su hora final, hecho una esponja chorreante de bondad, trabajando, estudiando, aconsejando, dirigiendo, ayudando, sin darle tregua a su ingenio y su pasión, como si todo él, tallado a golpes durante medio siglo en la ímproba rudeza de sus luchas cotidianas, hubiese querido inflamar de confianza a su pueblo, haciéndole ver, con su vida provechosa, que el bienestar se alcanza con voluntad y carácter, virtudes cardinales del individuo, que no hay laureles sin lucha, ni porvenir sin sacrificios, ni altura moral sin generosidad”. 

Historiar la vida de Istilart es una tarea por demás atrapante. Conlleva dedicar largas horas a la investigación y estudio de variado material. Lamentablemente su inigualable trayectoria no ha sido plasmada en nutrida documentación que hoy se pudiese analizar. Es materia pendiente un trabajo detallado sobre la existencia del famoso industrial francés. 

Esta serie de notas han tenido como objetivo popularizar detalles de la vida de Don Juan B. Istilart, que ojalá sirvan como ejemplo para nuestra juventud. Dedicación, rectitud, estudio, responsabilidad, son algunas de las características de la personalidad del más ilustre vecino que ha tenido Tres Arroyos. 

Agradezco a La Voz del Pueblo haberme permitido hacer públicas estas reseñas, que sin dudas no alcanzan para dar a conocer en su total magnitud la inmensa obra desarrollada por Istilart. A modo de colofón, teniendo en cuenta mi admiración suprema, no me cabe duda que Istilart ha sido, es y será el mejor vecino de Tres Arroyos.   

José Mariano Pérez