María Soledad Acuña, Ministra de Educación porteña

Carta de Lectores

Escribe Adrián Pais

Pereza intelectual

23|11|20 11:45 hs.

Señora directora: 


Los dichos de la Ministra de Educación porteña acerca de lxs docentes son, al menos, de una pereza intelectual muy grave, ya que parten de una serie de generalizaciones burdas, que toman la parte por el todo. 

Trataré, desde adentro del sistema, rebatir o poner en debate sus postulados. 

INGRESANTES 
Reniega porque sólo (¿?) Un 14 por ciento de egresados del secundario se inclinan por carreras docentes. Me parece una cifra enorme, teniendo en cuenta las condiciones laborales, tales como bajos sueldos, trabajo no remunerado, dificultades a la hora de ingresar al sistema y lograr una base horaria o cargo para sostenerse económicamente, etc. Sumo a esto la amplia oferta académica con que se cuenta, tanto en ciudades del interior como en CABA. 

Como correlato de esto, que puede pasar por una simple apreciación, menciona que personas de mayor edad optan por la docencia luego de haber fracasado en otras carreras. Quien conozca estudiantes de niveles terciario o universitario, tendrá sobrados ejemplos de personas que cambian de carrera por situaciones muy diversas, siendo en un gran número a causa de darse cuenta de que no era lo que esperaban y no siempre por fracasar. Además, como si el yerro en una elección de vida invalidara a alguien a buscar otros caminos.

En las carreras docentes que elegí, cursé con jóvenes que recién terminaban el secundario, gente mayor que tenía otro título o incluso había vuelto a estudiar de grande por vueltas que tiene la vida. Muchos de ellos, de ambos grupos, dejaron; otros, ejercen con gran dedicación y responsabilidad. 

Otro ingrediente que suma la Ministra es el nivel socioeconómico, que sería un condicionante para aportar saberes en las clases.

Esto equivaldría, en primer lugar, a reflotar el viejo dilema de civilización y barbarie, dejando las posibilidades de enseñar a los sectores medios y altos de la sociedad, cuyas experiencias son las únicas válidas y enriquecedoras. Niega, además, todo avance formativo de los profesorados, que existen justamente para poder formar a quienes ejercerán el rol de educadores. 

En conclusión, la edad de quienes deciden ser docentes, no pareciera ser un escollo insalvable en el sistema. Luego, veremos otros puntos altisonantes. 

Adrián Pais 
Docente de Nivel Primario 
Estudiante del Profesorado en Historia