La agricultura debe tener en cuenta que el hecho de perder agua en profundidad puede ser la causa de

El Campo

Chacra Experimental Integrada Barrow

Ajustar la demanda agrícola a la oferta variable de agua

30|11|20 09:41 hs.

La agricultura actual requiere de una mirada sistémica e integrada que les permita a los productores tomar decisiones inteligentes en un contexto de alta variabilidad climática interanual. A su vez, el Instituto Internacional de Investigación de Clima y Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, confirmó la marcada incidencia (entre moderada y fuerte) del fenómeno La Niña para el próximo trimestre, probablemente debilitándose durante el otoño. 


En ese contexto de déficit hídrico, desde el INTA proponen adaptar la demanda agrícola a la variabilidad de la oferta de agua. “Esto requiere, como primer paso, conocer la variabilidad climática histórica de la zona y también el pronóstico a mediano plazo”, indicó Jorge Mercau, investigador del INTA San Luis y coordinador del Proyecto Disciplinar Interacción de Agroecosistemas y Napas freáticas.

A su vez, señaló que “hay que tener en cuenta el agua que hay en dos metros de suelo para decisiones agrícolas, y la cercanía y calidad de la napa freática mediante freatímetros”. 

Para Mercau “los modelos funcionales de cultivos son una alternativa que permiten integrar el monitoreo del stock de agua, la historia y las perspectivas climáticas, sintetizándolas en diferencias en rendimiento”. Esa información se usa para apoyar la decisión de incorporar o no un cultivo de servicio o cosecha en invierno, o sembrar más tarde o más temprano los de verano. “Esas decisiones se pueden tomar con eficiencia en una planificación flexible”, afirmó Mercau. 

De acuerdo con el especialista del INTA, la agricultura debe profundizar el manejo no solo del estrés por sequía, sino también tener en cuenta que el hecho de perder agua en profundidad puede ser la causa de algunos procesos degradativos del suelo. 

“Si en una campaña ingresa mucha agua al suelo y los cultivos que implantamos no logran usarla, se pierde agua en profundidad, aunque, si la napa está cerca, puede volver a usarse en una próxima campaña”, dijo el especialista. Y agregó que “esas pérdidas, sin embargo, junto con la escorrentía superficial, favorecen procesos de erosión hídrica, de inundación, de aparición de nuevos ríos y del proceso de salinización”. 

Una vez que se conoce la historia climática y se ensambla un protocolo de monitoreo de la recarga del perfil y la profundidad de la napa, “hay que planificar una estrategia agrícola que incorpore flexibilidad en ventanas críticas de decisión, como el fin del verano y del invierno”, aseguró Mercau en referencia al manejo adaptativo. 

En esta línea, recomendó analizar cómo la variabilidad climática se transforma en variabilidad de rendimientos. “No alcanza con saber si va a llover más o menos, sino que siempre intentamos estimar si un cultivo va a rendir más o menos de acuerdo a la decisión que se tome”, ponderó Mercau.

Y agregó: “Cuando tenés napa o un perfil lleno en un buen ambiente edáfico, el rendimiento de maíz temprano puede ser un poco mejor que el de tardío. En cambio, cuando hay una mala recarga de perfil y napa lejos, es claro que el rendimiento de un maíz tardío supera ampliamente al maíz temprano en muchas zonas del país”. El especialista consideró s este ejemplo como el más claro del uso de la variabilidad de la oferta de agua para apoyar decisiones con modelos que permiten transformarla en variabilidad de rendimientos. 

Acceso de la información 
En un contexto de napas freáticas cercanas -frecuente en las llanuras pampeana y chaqueña- es crítico considerar la dinámica esperable de la napa, además del rendimiento del cultivo. Para eso Mercau, junto con colaboradores del Grupo de Estudios Ambientales en San Luis, diseñó un modelo funcional de balance hídrico diario que permite integrar en la simulación la dinámica y los aportes de la napa freática. 

“Si tenés la napa seca y perfil recargado y vas a maíz tardío es más probable que al año siguiente estés inundado a que, si ese año decidís hacer maíz temprano, o un doble cultivo”, aseguró. Este modelo ayuda a tomar decisiones para un cultivo, contemplando riesgos de sequías y excesos, y, a la vez, la evolución de la napa a futuro, que puede generar oportunidades y amenazas para el campo. 

Además, se dispone de otras herramientas para conocer la estimación del stock de agua que están disponibles en sus sitios web, como el balance hídrico que desarrolla el Instituto de Clima y Agua junto con la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), o el desarrollado por la herramienta SEPA (Seguimiento de la Producción Agropecuaria).

“Estas herramientas, en continuo proceso de mejora, son potentes para brindar un panorama regional del stock de agua en el suelo y alertar sobre la necesidad de un mejor diagnóstico para tomar decisiones”, aseguró Mercau. 

“Para calcular el stock de agua del suelo en ambos modelos se utilizan las variables forzadoras determinantes, las lluvias diarias y la demanda de los cultivos, para un cultivo de referencia en el primero de ellos, y para la cobertura real del suelo, estimada con satélites, en el del SEPA”, expresó el coordinador.

A su vez, citó otras herramientas que, en cambio, realizan una estimación directa del agua en el suelo. Un grupo estima mediante satélite radar el agua superficial, de 2 a 5 centímetros y desarrolla productos que permiten integrar la humedad de una poca mayor profundidad. Uno de ellos son los desarrollos de CONAE con la misión SAOCOM y hay otros con prestaciones comparables, disponibles en GLAM y en SMN.

Otra herramienta que es un proyecto de la NASA son los satélites Gravity Recovery and Climate Experiment (GRACE), que detecta la variación de la gravedad de la Tierra. “Lo que más hace variar en el tiempo la fuerza de gravedad de la Tierra es el stock de agua”, indicó Mercau. 

La integración de la misión GRACE con modelos simples de cuencas permite estimar, con un detalle espacial moderado, el agua en todo el perfil y, especialmente, en la napa freática. “Esa posibilidad hace muy interesante a esta alternativa, pero en su estimación participa el dato de gravedad, con un detalle espacial bajo, en torno a los 150.000 km2, y su desagregación asimilando esos datos a un modelo de mayor detalle tiene muchos supuestos e incertidumbres, no obstante, es sumamente interesante darle una mirada y participar en su mejora”, dijo el coordinador.

De acuerdo con Mercau, “es necesario emplear más estas herramientas y generar productos que estén fácilmente accesibles, en el momento y formato adecuado para quienes toman decisiones que permitan agregar valor”.  

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Uva sin semillas 
Fruto de un trabajo que comenzó en 1995 con numerosas investigaciones, entrecruzamientos y ensayos en laboratorios y a campo, investigadores del INTA desarrollaron nueve variedades de uva de mesa “sin semilla”. Los nuevos cultivares ya están inscriptos en el Registro Nacional de Cultivares y se destacan por su calidad y productividad. 

De acuerdo con Silvia Ulanovsky, obtentora y especialista en mejoramiento genético del INTA Mendoza, “las nueve variedades de uva de mesa estenospermocárpicas, es decir sin semillas, un aspecto destacado si se tiene en cuenta que los consumidores prefieren las variedades de uva de mesa estenospermocárpicas, conocidas como ´sin semillas´ porque producen rudimentos blandos, poco o nada perceptibles, en lugar de semillas normales y duras”. 

Con bayas rosadas está Delicia INTA y con blancas Esperanza INTA, Resistencia INTA y Grandeza INTA. Las de bayas rojas son Serena INTA y Marisela INTA. También están las que tienen bayas negras como Fernandina INTA, Revelación INTA y Sorpresa INTA. 

Delicia INTA se destaca por su sabor moscatel, aventaja a la variedad Moscatel Rosado, cultivada en la Argentina y otros países de Latinoamérica por la fertilidad de su polen y por presentar rudimentos y no semillas normales. “El cultivo de Delicia INTA en zonas frescas favorece la obtención de uvas de intenso color, difícil de lograr en uvas rosadas y rojas procedentes de zonas más cálidas”, detalló Ulanovsky. 

Con respecto a las variedades Esperanza INTA, Serena INTA y Resistencia INTA, la investigadora explicó que producen bayas crujientes, cualidad apreciada y excluyente en ciertos mercados. Serena INTA amplía la oferta estacional de variedades rojas, ya que se cosecha antes que la variedad Crimson y Resistencia, de cosecha tardía, la de variedades blancas. 

Por su parte, los cultivares Fernandina INTA, Revelación INTA y Sorpresa INTA representan para los productores argentinos la posibilidad de incorporar uvas negras a las exportaciones del país, inexistentes en la oferta disponible actual. “Fernandina INTA sobresale por su productividad, Revelación INTA por el tamaño natural de las bayas, y Sorpresa INTA por su sabor especial que la ubica entre las más preferidas en las encuestas realizadas”, detalló la técnica. 

Por último, Grandeza INTA, tal como sugiere su nombre, produce uvas de gran tamaño natural. “Es recomendable cultivarla en zonas sin lluvias en la época de cosecha o evaluar la relación entre costos y beneficios de colocar cubiertas plásticas para lograr uvas tempranas de óptima calidad”, indicó la especialista de Mendoza. Por su parte, Marisela INTA produce uvas de sabor intenso, denominado foxé, apto para uvas de mesa y muy apreciado en la elaboración de jugos y mermeladas en Brasil y otros países.