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Por Juan Berretta

“Los que vimos aquella prueba pensamos que Diego era un enano”

13|12|20 09:33 hs.

Para Rodolfo Fernández el 2020 ya era un año para olvidar. Con 83 años el Covid lo obligó a cambiar su rutina y bastante pesado se le hizo el día a día. Debió dejar de ir a su negocio y tampoco pudo ver más en vivo a su querido Argentinos Juniors. Pero faltaba otro golpazo, tan inesperado como doloroso: la muerte de Diego Armando Maradona. 


“¿Cómo ando? Qué te voy a decir. Mal con la pandemia, mal con lo de Diego… Son días difíciles”, cuenta sentado detrás del mostrador de “Sporting”, su local dedicado a la venta de prendas, objetos y todo tipo de artículos con el escudo y los colores del Bicho de La Paternal. 

“Lo de Diego me conmovió. Ni hablar. Si a Diego lo conozco desde el día en que se vino a probar”, explica. 

No es una frase de ocasión, ni una exageración. Rodolfo fue uno de los testigos del día de 1969 en el que Francis Cornejo le hizo la prueba a Diego para sumarlo a Los Cebollitas. Entonces, acepta gustoso recordar lo ocurrido aquel día lluvioso en que Maradona empezó a escribir su historia de mito. 

“Francis había probado a un pibe, a Goyo Carrizo, que jugaba un montón. Entonces enseguida lo aprobó y le dijo que siguiera viniendo. Y el pibe le contestó: ‘gracias, pero allá en la villa hay uno que es mejor que yo’. ‘¿Y por qué no viene?’, le preguntó Francis. ‘Porque no tiene plata’, le contestó Goyo”. 

Cornejo le dio 10 pesos al pibe y le dijo: “Decile que venga. ¿Cómo se llama?”. Goyo puso cara de no saber. “¡Qué sé yo! Le decimos Pelusa”. 



Al otro día, pese a una intensa lluvia, Diego se presentó al entrenamiento de las infantiles de Argentinos. “El tema era que no se podía usar la cancha oficial, tampoco la cancha del predio Las Malvinas… Fuimos al Parque Sarmiento, y tampoco. Así que Francis decidió probarlo en una loma de la General Paz y Constituyentes. Al rato de haber comenzado el picado, pasó por al lado mío y me dijo: ‘vio lo que eso’”, recuerda Rodolfo sobre el comentario del técnico. 

Casi que no podía creer lo que había visto de un nene de 9 años. Diego lo había deslumbrado en un puñado de minutos. “¿Qué hizo? De todo, como siempre”, sintetiza Rodolfo. 


Los Cebollitas, equipo de los infantiles de Argentinos, representaron a la generación de la camada de los nacidos en 1960 y Maradona se sumó en 1969. Ganaron 136 partidos seguidos




Doña Tota 
Que Francis no había creído lo que había visto tampoco era una exageración. “Los que vimos aquella prueba pensamos que Diego era un enano, o que estaba mintiendo con la edad, no podía ser tan chico”, cuenta. El entrenamiento finalizó con una charla entre Cornejo y Yayo Trota, el dueño de la Rastrojero en la que se movían Los Cebollitas. 

“Francis le insistía en que era un enano o que era más grande y que había ido para ganarse unos mangos. ‘Si tiene 9 años yo soy Gardel’, decía. Hasta que Yayo lo convenció de ir hasta Villa Fiorito a hablar con los padres”. Y allá fueron, y los atendió Doña Tota, que aceptó mostrarles el documento de Diego y despejar todas las dudas. 

Pelusa se incorporó al equipo y la historia es más conocida: llegaron a ganar 136 partidos consecutivos y lograr cuanto torneo jugaron. “Los Cebollitas eran una máquina no un equipo de fútbol. Y eso que jugaban contra chicos más grandes”, cuenta Rodolfo. 


Uno de los tantos encuentros entre Rodolfo y Diego en la cancha de Argentinos. Fernández le mostró la camiseta que el Diez le firmó y dedicó a fines de los 70


El beso del árbitro 
Fernández asegura tener “mil” anécdotas para contar de Diego, entre ellas, relata lo que fue para él uno de los goles más lindo que hizo y del que no hay registros. “Fue para Los Cebollitas, no recuerdo contra quién, pero sí me acuerdo que en un momento Diego cae afuera de la cancha porque lo estaban matando a patadas, y Francis le dice ‘entre Diego, entre que no tiene nada…’ Y agarró la pelota en el área de Argentinos y se fue hasta el otro arco y se metió con pelota y todo. El árbitro corrió hasta el arco y lo levantó en andas y le dio un beso”. 

El árbitro era Roberto Maino. 

Rodolfo se convirtió en fanático de Diego desde aquella prueba, y lo vio jugar y entrenar cada vez que pudo. Que fue casi siempre. “Era maravilloso verlo”, dice. 

De muy buena relación con el gran Amadeo Carrizo, que iba mucho a su negocio cuando lo tenía ubicado en Villa Devoto, un día Fernández le dijo al ex arquero de River que tenía que acompañarlo a ver a la novena de Argentinos, “porque jugaba uno que era mejor que Sívori”. 

 “‘¡¡¡Estás loco vos, cómo va a haber alguien mejor!!!’, me contestó. Hasta que lo convencí y vino. Ese día, Argentinos le ganó 9 a 1 a Tigre, y Diego hizo 5 goles… No me dijo nada hasta que nos subimos al colectivo. ‘No te puedo discutir nada, nunca vi una cosa igual’, me comentó antes de despedirnos”, recuerda. 

Saltando de recuerdo en recuerdo, la conversación llega día del debut de Diego en Primera, aquel miércoles 20 de octubre de 1976, ante Talleres de Córdoba en La Paternal. “¿Cómo que si fui al debut? Claro que fui. Y llevé a mi hijo y a mis primos. Antes de entrar a la cancha les dije que iba a ver jugar al mejor jugador del mundo”, cuenta. Diego apenas tenía 15 años. 

Si se trata de Maradona, Rodolfo siempre tiene un aporte para enriquecer el relato. “¿Sabés quién fue el árbitro de ese partido? Roberto Maino… El mismo que lo levantó en andas por aquel gol de Los Cebollitas”, cuenta y hace un silencio, diciendo sin decir que todo en la vida de Diego era especial. 





Caño a Carrascosa 
Hay otro gol que quedó marcado a fuego en la memoria de Rodolfo. Fue en 1977, en un Huracán – Argentinos jugado en Parque Patricios. “Te puedo asegurar que ese fue mejor que el del mundial de México. Se gambeteó a toda la defensa, dos veces al arquero, que era el Negro Baley, y le quedó en la línea Carrascosa, que era el 3 de la Selección. Amagó y amagó, hasta que Carrascosa le salió y se la metió de caño. Fue el mejor gol de Maradona, dicho por él y por el padre también”. 

Rodolfo no pudo ver el primer gol que hizo Diego en la Primera de Argentinos, que fue ante San Lorenzo de Mar del Plata, en la ciudad balnearia, una tarde en que gritó dos veces. “En alguna de las charlas que tuvimos, me dijo, ‘usted el día que hice el primer gol no estuvo’. Y tenía razón”. 

Con San Lorenzo de Mar del Plata, el Diez tuvo un vínculo especial: no sólo marcó su primer gol oficial, sino que también convirtió el número 100 de su carrera profesional: el 14 de septiembre de 1980 en La Paternal, Argentinos lo goleó 6 a 0 y Maradona hizo tres. 

Hubo otro partido que Fernández no vio de Diego en el Bicho, y también fue en Mar del Plata. “Fue la noche que se despidió de Argentinos, un empate contra la selección de Hungría. Me habían dado un montón de plateas y fueron mi familia y mis amigos, yo me quedé con mi suegra jugando a la escoba del 15. No quería ver el partido que se despedía…”. 


La última vez que Rodolfo vio a Diego, en 2019, en la cancha del Bicho, en el partido homenaje al fallecido periodista Sergio Gendler.


La pizza que no fue 
A los pocos días de esa noche del verano de 1981, Maradona firmó con Boca y se arregló disputar un amistoso en la Bombonera con Argentinos, con el Diez jugando un tiempo para cada uno. “Fui a la cancha con Francis Cornejo y Yayo Trota, y cuando terminó el primer tiempo Diego vino a donde estábamos nosotros, se sacó la camiseta y se la dio a Francis. Y le dijo que después fuéramos a comer una pizza todos juntos. Pero Francis le dijo que no, y que nosotros tampoco queríamos. ‘Cómo te vamos a ver con otra camiseta’, le contestó”. 

Los tres se fueron antes de que los equipos volvieran a pisar el pasto. 

Ya siendo jugador de Boca, Rodolfo cuenta que Diego “pasaba una o dos veces por semana a charlar al negocio. Muchas veces me regaló plateas, y siempre le dije lo mismo: ‘no te enojes, pero no puedo verte con la camiseta de Boca, es más fuerte que yo. Voy a verte sólo cuando juegues contra Argentinos’”. 

La última vez que estuvieron cara a cara fue en 2019, en el partido homenaje que Argentinos le hizo al periodista Sergio Gendler tras su fallecimiento. “Nos encontramos en la cancha y hablamos un rato largo. Se acordaba de un montón de cosas de las inferiores, como cuando fuimos a Embalse y Los Cebollitas salieron campeones, y que fuimos con mi hijo a andar en sulky… Tenía una memoria infernal”, cuenta. 

Y después de más de media hora de charla, Rodolfo hace una pausa y vuelve al principio. “La muerte de Diego me dolió, cada día que pasa lo siento más”.