En su taller “de puertas abiertas” siempre va a haber lugar para aprender, la charla para conocer có

La Ciudad

Por Horacio Arbasetti

Todos los trabajos son importantes

27|12|20 10:08 hs.

Hablar de artesanos siempre es un concepto muy amplio pero si se trata de haberlo hecho como profesión y como el propio Pedro “Perico” Medina lo refiere fue “mi forma de ganarme la vida de alguna manera”. 


Por ello y obviamente respondiendo a una inquietud personal fuimos a hablar con el que uno considera como “el maestro” local si se trata de platería o cualquier otra cosa que tenga que ver con el tallado de materiales finos y de calidad. 

Lo suyo con la platería lleva años “muchos, más de treinta y cinco” como él mismo dice. “Cuando yo arranqué para mí era algo desconocido pero hoy hay un montón de plateros porque en los últimos años empezó a haber muchas escuelas”. Y detalla la Escuela Municipal de Platería de Olavarría que en 2019 cumplió cuarenta años de vigencia “que dirige Armando Ferreira. El ha formado a un montón de primer nivel; hay otra en Azul con discípulos de él, otra en La Plata donde está el Mercado de Artesanías Bonaerense, en Berazategui hay otra muy buena -allí estaba David Sacco-, también en Capitán Sarmiento. En Catamarca hay un proyecto muy grande de una Escuela Nacional porque el gobierno provincial lo ha hecho ya que hay minas de plata y también de rodocrosita que es nuestra piedra nacional, esto no es lo mismo que el proyecto de escuela de un platero”. 


Sus comienzos en esto es un poco como el mismo decía párrafos arriba: “como una forma de ganarme la vida y que me diera satisfacción de hacerlo. Encontré esto, me gustó y estoy desde ese momento en la profesión”. 

Ver una cara feliz
 Siempre hay trabajos que le queden en el recuerdo o momentos por la entrega de los mismos que haya podido sentir la satisfacción de ver una cara feliz al recibir la pieza encargada, “y sí son muchas porque siempre estoy tratando de hacer algo que no hice. Pero es difícil decir un trabajo que me hayan dado satisfacciones, por ahí trabajos que hayan sido expuestos en muestras importantes, internacionales, que han ganado premios. Muchos trabajos son importantes, a veces es más simbólico que el trabajo en sí otras que son un desafío y no cualquiera lo hace y tiene ese valor. A veces cosas muy simples que alguien te pide y lográs dar con lo que el otro espera pero el trabajo en sí no es tan complicado por eso que es difícil”. 

Cita un ejemplo que lo resume todo porque días atrás vino a su taller una mujer mayor que había enviudado hace un tiempo. Le traía su alianza y la de su marido, obviamente que esta era bastante más grande, “lo que me pidió es que achique la alianza del marido, las junte a las dos y con lo que sobre de oro haga una tirita y la ponga como un lacito arriba. El trabajo era simple pero no te puedo explicar el agradecimiento de esa mujer porque ella no quería estar mucho tiempo sin ese anillo puesto en su mano y a mí tampoco me gusta mucho tenerlos. A veces el que menos te esperás resulta ser el mejor trabajo de tu vida”. 

Tanto en su mesa de trabajo como en la biblioteca se pueden ver catálogos, modelos y montones de fotos sobre la platería



En otra oportunidad durante el casamiento de un familiar se encontró con que la persona que iba a hacer los asados -Fausto López Bastián- Perico le había hecho una hebilla en plata y oro. Este le había compuesto una milonga sobre la historia de la hebilla, la de los plateros y su trabajo presentándola en el certamen de la Canción Surera de Dolores ganando el primer premio por esto. “Yo de la hebilla no me acordaba ni tampoco de su cara pero sí cuando la ví era un diseño mío. El cuenta en la canción lo que significaba hacerse la hebilla, de muy pibe, con la guita que había juntado en la cosecha. Por eso que yo he ido aprendiendo que no hay trabajos menores cada uno es importante, lo es sí para la persona. Después yo he hecho trabajos de miles de dólares, que me llevaron dos años hacerlos, que están en colecciones importantes o que han sido premios adquisición y están en un museo. Obviamente que tienen un valor técnico y estético, pero todos son importantes. A veces tenés que escuchar que es lo que espera el otro del trabajo. Hay de todo, cosas que las hago por mi cuenta, un pedido de clientes que me dan un concepto y a partir de eso yo hago un diseño y otras que te vienen con una idea ya acabada, con una foto o con una pieza que quiere -‘esta es la hebilla de mi padre y yo quiero que me hagas una igual pero con mi inicial’-, ahí no te podés salir del molde digamos. Hay veces que tenés más libertad y otras no”.

Aprendiz y formador
Si hay una cosa que lo distingue es justamente la falta de egoísmo en cuanto a contar los secretos o enseñar cómo es esto del arte del platero. Su rancho de adobe y paja donde está armado el taller siempre tiene la puerta abierta para cualquier tipo de consulta y son varios los que se acercan a hacerlo. “Pero muchas veces se dan cuenta que se le pasaron las ganas o se encontró que no era lo que esperaba o se frustró o le pintó hacer otra cosa. Después hay muchos chicos que se acercan a consultar algo o a buscar una herramienta porque yo más o menos me he armado un taller bastante completo, no cualquiera tiene una laminadora, una trafila o cosas específicas y yo también caerle a otro a ver como resuelvo algo. Conmigo no hay problema porque tanto enseño como aprendo, siempre estoy abierto a todo”.

Con Perico se puede estar charlando horas, porque además de mostrar su forma de hacer arte no tiene vueltas en cuanto a reconocer que “los maestros fueron otros”



De todas las escuelas de platería que hay en nuestro país Perico “no fui a ninguna y a todas. Arranqué en Tandil adonde me había ido a estudiar Física y cuando cursaba el segundo año empecé a ver que no era para mí. Creo que me iba a volver loco, es una cosa muy mental, muy abstracta y yo necesitaba algo creativo algo más expresivo no tan de ciencia dura. Aparte de esto había fallecido mi mamá y parte de ese mandato familiar de estudiar algo ya no estaba, mi papá estaba en un momento de su duelo y había un comercio que manejaban los dos pero a su vez servía para que yo estudiara. El comercio se cerró así que tenía que ganarme el mango de alguna manera. Estuve un tiempo de búsqueda siempre por lo artístico, dibujo, pintura, música no porque siempre fui tronco. Hice teatro, fui a un taller literario pero también son cosas que cuando necesitás morfar no da. El arte así tan puro es difícil que te dé de comer no imposible. Esto lo que tiene es que estás en contacto con el arte pero también un oficio en el que es más fácil –digamos- pucherear con una artesanía que con la poesía. Vos podés crear una platería hermosa que se luce pero también tenés que se te cortó la cadenita y la traés para que la suelde y nadie va a venir a ‘¿no me arregla este poema?’”. 

Un facón en plata y oro muestra la presencia de la Patria algo más que simbólico para el gaucho


Quien lo introduce en esto es el tandilense Guillermo “Pantera” De Marco (a quien le decían El Orfebre), en una época en la que el artesano era un ser –como el gaucho antes- marginal, mal visto por la sociedad, sospechoso por portar pelo largo y barba. En definitiva la onda hippie no era bien vista en nuestro país y los artesanos de ese tiempo trabajaban con alambre sólo pocos soldaban plata. Eran como bien lo define Perico “un escalón superior y en ese estaba el Pantera De Marco. Un tipo recontra bohemio, hacía cosas muy bonitas en plata pero muy pocas; aparte muy buen guitarrista. Un día lo fui a ver y le dije ‘quiero que me enseñes a soldar en plata’ y él me contestó que no era para mí eso. Tenía un ojo bárbaro el tipo, no me tenía fe y es el día de hoy que se acuerda y se ríe. Así empecé un largo camino una noche al soldar dos piezas con plata con una damajuana de vino de por medio”.    

-------------------------------------------------------------

El Sordo López, Pancho Soriano y Francisco Quintela
En el verano del 85’ vino a hacer la temporada a Claromecó donde armó un negocio en lo que era la galería comercial de La Terraza vendiendo cuadros, flores artificiales “junté mis primeros manguitos y me fui a Buenos Aires a comprar mis primeras herramientas y ahí empecé a romperme los cuernos como pude”. 

En su regreso a Tandil se volvió a juntar con Pantera De Marco y otro artesano que tenía espíritu más de producir en serie a los que a fuerza de experimentar y preguntar fue armándose de experiencia. De ahí partió a La Plata en el 86’ porque en la Feria de la Plaza Italia era un lugar de contacto con pares, ahí conoció al Turco Faiad “un capo que tanto te hacía las rejas para la Catedral como te engarzaba un anillo. Tenía las herramientas y máquinas que se te ocurran con el empecé a trabajar y aprendí a lapidar piedras; hacía otras cosas pero los maestros que tuve eran mucho de la joyería artesanal. En La Plata nunca me sentí cómodo pero me sirvió para aprender así que un día dije me voy a Tres Arroyos, había visto algo de platería criolla que me gustaba y pensé que acá encontraría alguien que me orientara”. 

El Sordo López 
Perico Medina reconoce que en nuestra ciudad ha habido buenos plateros pero a su criterio como el Sordo López, primero, y Pancho Soriano ningunos. 

“El Sordo López fue un platero que trabajó acá a mediados del siglo XX, excelente, el mejor que hubo acá en Tres Arroyos y la zona fue él. Y hay una persona que tiene un recado hecho por López todo completo pero le faltaban un par de piezas. Lo tenía hace muchos años, lo había dejado y ahora quería ponerlo en condiciones, le faltaba el rebenque y el cuchillo y unos detalles más. Es un trabajo grande y tuve que hacerle el cuchillo y el rebenque siguiendo obviamente el diseño del Sordo haciéndolo lo más parecido a su trabajo. Que está bueno también porque vos aprendés haciendo lo que antes hizo otro”. Resaltando con esto su satisfacción interna ya que terminar de armar un recado completo con los trabajos finales de alguien a quien Perico reconoce como “el mejor” no deja de ser satisfactorio. 

Dos trabajos que muestran la forma en que captó a sus maestros pero “nunca copiando”




Cuando hablamos de estilos y si se puede reconocer los trabajos de cada uno por tener un sello que lo distinga de otros Perico duda. Pero con trabajos del Sordo López no, “era alguien que tenía un estilo muy definido y único. Después hay ciertos estilos que marcan los lugares como el caso de la Escuela de Olavarría con marcada tradición como Dámaso Arce quizás el más grande cincelador que hubo o Amoroso y Llera y de ahí salió Armando Ferreira. Entonces hay un estilo de la platería olavarriense que marca que esto no sabés si lo hizo Ferreira padre, el hijo, el sobrino o uno de sus discípulos. Cuando hay una escuela eso pasa. En Buenos Aires está Emilio Patarca que tiene otra escuela con un estilo marcado”. 

Definiéndose en cuanto a estilos Perico Medina lo tiene y es muy particular “sé que lo hice yo pero igualmente diversifico bastante”. En su taller hay una biblioteca con libros, catálogos y todo lo que sea para conocer estilos, para ver cosas que siempre enriquecen. “A veces hay personas que te dicen quiero el modelo tal que está en la página tal, yo trato de captar el estilo de la pieza pero no hacer una copia. Sí de interpretar y adecuarme a un estilo, que no sea igual siempre”. Marcando esto que decía el propio Perico de ponerle sello distintivo a las cosas. 

Pancho Soriano 
En su vuelta a la ciudad comenzó a preguntar por quién sabía de platería y todos le decían que Pancho Soriano pero llegar a él fue más que difícil. Había sido discípulo del Sordo López y su método es como contara Perico de los antiguos plateros “no de abrir el conocimiento a otros. Yo fui, lo encaré y le dije que quería hacer platería él me contestó feliz que hubiese gente joven con inquietud. Pero la realidad fue otra, nunca se puso a decirme ‘vení, mirá como trabajo’, nunca cinceló delante de mí ni me dijo nada. Alguna vez me tiraba algo y siempre me miraba de soslayo; las cosas que yo hacía no le llegaban ni a los talones de lo que él. Con el tiempo fue viendo que yo seguía no aflojaba y con el tiempo se entregó. Yo tenía un cliente, Salduna, que le encantaban los desfiles, los recados, nada que ver con el campo porque era gastronómico, él fue al primero que le hice trabajos de platería criolla. Yo le había hecho el bozal, las riendas y en un momento me trae para que le haga el pretal. Le pedí como cincuenta gramos de oro para hacerlo a mi manera, como el también era cliente de Soriano se lo comentó y Pancho le dijo ‘digalé que me venga a ver a mí’ así que fui y me enseñó a hacer el dublé (enchapado de oro de la platería criolla) algo que pocos plateros lo usan. Esa fue la primera vez pero después el venía a verme al taller para charlar pero me costó unos diez años de amansarlo. Era la vieja escuela”.

Otro de los trabajos que lo enorgullecen es que Soriano –a quien considera un poco su maestro- se fue haciendo durante unos treinta años un recado para él en plata y oro. “Era como la obra de su vida que lo hacía por su cuenta, a ese trabajo le faltaban los estribos que los terminé haciendo yo porque al recado se lo compró Salduna”. O sea que directamente con dos de los plateros más conocidos que hubo en nuestra ciudad Perico Medina les terminó sus trabajos. 

Joyería Quintela 
Francisco Quintela abrió su joyería, relojería y orfebrería en marzo de 1892. Allí había un taller donde trabajaban veinte personas, “entre ellas el Sordo López, Pancho Soriano también y un armenio que dicen era un capo total. En esa época se producía platería, no era un bien de lujo como hoy sí de consumo masivo. Tenía mucha onda con Kala Quintela, muy buena persona no solo por lo que me compraba sino por darme trabajos para hacer como una forma de incentivarme. Daba gusto hablar con ella, me mostraba fotos que cuando su padre tenía el taller todas las paredes de arriba abajo eran estribos, cabezales, rebenques todos de plata. Contaba que cada dos o tres meses venía un salteño y les vaciaba el local y vendía por todo el país. El punzón de Quintela es muy importante en la historia de la joyería del país; era importador de las hojas de cuchillos de Alemania y Francia, representante en el país de Longines. Es más, tenían sucursal en Necochea y en Buenos Aires, eran tiempos donde la platería ocupaba otro lugar” marcando que el tiempo sí cambia las cosas. 

-------------------------------------------------------------

Interpretar el arte de otros
La platería en muchos aspectos siempre ha estado relacionada con el gaucho, el campo o las costumbres criollas. Tal es así que como el propio Perico recuerda “el gaucho era un paria social y por ello es que llevaba su propia riqueza encima”. El apero, el recado, su rastra y cuchillo eran sus únicas riquezas además del caballo ya que socialmente no tenía casi derechos. 

“Dentro de lo que es la platería lo que es la criolla es un rubro más que importante, hay otras como la civil relacionado con vajilla que eso está cada vez más en desuso. Pero hoy más que nunca por la cuestión de todo lo que ha pasado durante este 2020” dice. Vale la pena citar que en un mundo en crisis e incertidumbre “el oro tiene un valor como material para usar tanto en joyería, platería, o en muchas cosas como en tecnología. Pero también tiene un valor financiero porque los Bancos Centrales de los países invierten en oro que es uno de los únicos metales que no tienen depreciación como el papel moneda. Por lo tanto para nosotros el hoy es muy difícil para el trabajo por los costos elevados del material”. 

Perico me muestra el cabo de un cuchillo que está tallando en asta de ciervo axis; lo que le pidió el cliente además de darle la hoja es que le talle la cabeza de la Libertad. Esto en referencia a unas hojas de cuchillo muy antiguas que precisamente eran marca Libertad “y el punzón era esa cabeza de la Libertad. A eso le sumé como ocurrencia mía al resto del cabo la bandera argentina con el sol enroscada”. 

Siempre experimentando 
Hay trabajos que siempre se le ocurren y nos muestra cómo luego de un par de experimentos y con la pandemia de por medio los ha puesto en marcha. 

Los cabos de cuchillo con plata y cobre trenzados como el estilo de los sogueros y el mango representando a la Libertad en asta de ciervo axis muestran lo inquieto del artista



Se trata de interpretar con metales lo que los sogueros hacen con tientos tejidos en los mangos de los cuchillos. Verdaderas obras de arte hechas con sus propias manos pero en la variante de plata y plata y cobre “porque hacerlo en oro… imposible” cuenta entre risas. Perico ha copiado y consultado con sogueros la técnica y forma en la que tejen el mango del cuchillo. 

“A mi se me ocurrió usar esa técnica para hacerlo en metal; fui experimentando primeramente en el tipo de aleación de plata que tenía que lograr ya que se puede trabajar en 925, 950 ó 975 porque el cobre es muy maleable. Esto no lo vas a ver en ningún libro ni catálogo, se me ocurrió a mí; porque dije si se hace con cuero por qué no en metal y acá ves los resultados. Debo haber estado tres o cuatro años pensando y diciéndome ‘algún día lo voy a hacer’, primero lo hice con un cabito chiquito al que fui cambiando. El otro día vino un soguero y me enseñó a hacer esta trenza, la otra se llama mondonguillo por la forma en que se va entrelazando. Hay que tener muchas ganas también porque a veces revoleás todo a la mierda”. 



El primer experimento con metal trenzado en mangos de cuchillo lo empezó en 2010 pero debió de adaptar el uso de la plata pues en general se usa la plata 800 para piezas de uso contínuo, luego viene la plata 900 de joyería o 925 “que te marca el grado de pureza porque en un kilo hay 925 gramos de plata y 75 gramos de cobre para darle dureza. En el caso de estos cuchillos es plata 935 porque probé con 950 pero me pasé de blanda. Por eso en todos estos trabajos hay un proceso de experimentación de la técnica del tejido, de los puntos y de los materiales también además de las aleaciones, de las medidas”. 

Esto le podemos decir que es marca Perico Medina… “sí ponele” contesta marcando sinceramente que a pesar que no haya otro que por ahora no lo haga su bajo perfil se distingue por sobre todas las cosas. Pero al ojo del observador común marcan que uno no puede dejar de admirar la belleza de los trabajos. “Si voy con esto a un encuentro de plateros seguro que no va a haber otro igual ni parecido… por ahora. Seguro que cuando lo vean a algún otro se le va a ocurrir”.