Crédito: Maximiliano Burgueño

Opinión

Editorial

Aquel año

03|01|21 13:40 hs.

Es posible que cambien muchas cosas, el año 2020 fuera de lo común, pero es difícil precisar cuáles y en qué medida. Se acentuarán tendencias que ya estaban asomando (home office; comercio online; educación virtual) y modalidades que antes constituían la excepción, ocuparán (ya de hecho lo hacen) un lugar protagónico en nuestro modo de vincularnos (reuniones mediadas por la tecnología, en formato de aplicaciones varias, por ejemplo zoom, meet o skype). Y también, quizá perduren, palabras o frases que se fueron incorporando a nuestra jerga cotidiana: hacemos un zoom, estas muteado, etc. Lo cierto es que todavía estamos envueltos en la pandemia y adaptados a modos impensados un año atrás, lo cual nos permite aventurar opiniones acerca de lo que vendrá, pero evita al mismo tiempo, que seamos concluyentes. ¿La razón? Es que un año extraordinario y excepcional obligó a pensar no linealmente el presente y el futuro, algo que debería ser natural, pero que preferimos ignorar con fines prácticos, para funcionar en la vida social de manera “ordenada”. Lo cual, nos brinda la útil apariencia de la previsibilidad. 


Pero lo que estamos viviendo alteró esa perspectiva y parece confirmar las ideas de algunos de los teóricos de la complejidad. “…La nueva ciencia de la complejidad defiende esencialmente que es difícil establecer la relación entre causa y efecto, que el cambio se desarrolla en formas no lineales, que las paradojas y las contradicciones son abundantes y que las soluciones creativas surgen de la interacción en condiciones de incertidumbre, diversidad e inestabilidad…”, explica Michael Fullan (Las Fuerzas del cambio, 1999).Quién profundiza aún más este concepto: “…todavía no comprendemos bien la naturaleza orgánica y evolutiva de los procesos del cambio humano…; por otro lado, a medida que vamos entendiendo estos procesos, nos damos cuenta que no existen recetas y panaceas…”.

Estamos inmersos en una complejidad extraordinaria que puede paralizarnos, llenarnos de preguntas, animarnos, obligarnos a adaptarnos, deprimirnos, desorientarnos, en función de nuestras posibilidades personales. Pero toda complejidad tiene un orden, un parámetro, no todo es caos y desorientación. Para explicar ese “orden” en la complejidad, Fullan utiliza el ejemplo de los semáforos en una ciudad: si hay demasiados, el tránsito se paraliza, “…un número moderado de semáforos crea una estructura, pero permite a los conductores adaptar sus trayectos de forma sorprendente…”. 

“Creamos nuevas estructuras, rescatamos antiguas, comenzamos a usar otras que negábamos por diversas razones”


Frente a algo así nos encontramos: nos inquietó el desorden que trajo la pandemia, pero de a poco nos fuimos adaptando y encontrando soluciones. Creamos nuevas estructuras, rescatamos antiguas, comenzamos a usar otras que negábamos por diversas razones. Cada uno lo sabe. Y eso ocurrió también a un nivel social, político y económico macro. 

El historiador francés Fernand Braudel (1902-1985) viene también en nuestro auxilio. Él elaboró la teoría de los distintos tiempos en la historia: El primer nivel del tiempo, el tiempo geográfico, caracterizado por sus cambios lentos, casi imperceptibles, con su repetición y sus ciclos. El segundo nivel de tiempo, comprende la historia social, económica y cultural a largo plazo. El cambio a este nivel es mucho más rápido que el geográfico, pero se mide en siglos. El tercer nivel de tiempo es el de los eventos y sucesos. Esta es la historia de las personas con nombres: los nuestros. Este, es el momento de las superficies y los efectos engañosos, por ser contemporáneos a nuestra propia vida. Cómo transitamos este último nivel de tiempo, nos es dificultoso mensurar correctamente la naturaleza de los cambios que se dan en un mundo complejo como el nuestro. Más hoy, donde su complejidad natural fue sacudida por una pandemia impensada. Nos falta cierta distancia de los hechos, lo cual no invalida las opiniones, los análisis ni la búsqueda de respuestas y tendencias. Simplemente es importante ser conscientes de ello, para comprender que solo a medio camino entre el nivel dos (el ciclo temporal de la historia, la sociedad y la cultura) y el nivel tres del tiempo (el ciclo de nuestra vida), según las explicaciones de Braudel, encontraremos más certezas. 

Entender que vivimos inmersos en una complejidad que tiene cierta estructura y que los tiempos más largos acercan explicaciones más abarcativas, es un punto de partida interesante para abordar el interrogante de la naturaleza, duración y transformación que produce y producirá, el contexto particular en el que vivimos. 

Evita apresurarnos, calmar ansiedades, mirar mejor para entender la naturaleza de lo que ocurrió, continúa y seguirá ocurriendo. Invita a tomar cierta perspectiva y a no caer en las rápidas y no siempre ciertas, explicaciones de causa-efecto. Quizá, las únicas certezas, la encontremos en el futuro, cuando nos interroguen sobre estos tiempos y podamos responder sin dudas, qué cosas de las sucedidas aquel año, llegaron para quedarse.