Oscar Alberto "Tito" Otero

La Ciudad

Falleció ayer, a los 68 años de edad

El adiós, con mucho afecto, a Tito Otero

13|01|21 10:11 hs.

Muchos sabían que el estado de salud de Oscar Alberto Otero (Tito) era muy delicado. Se encontraba internado con coronavirus en el Hospital Pirovano, donde falleció ayer por la mañana a los 68 años de edad. Su desaparición física generó en pocas horas una gran cantidad de expresiones de afecto, reacciones espontáneas en las redes sociales y también en nuestro sitio digital. 


Se destacó como peluquero, oficio en el que logró ser reconocido, por su carácter pionero y el espíritu innovador. Ante todo, Tito Otero era un vecino muy apreciado. Cuando una persona da mucho, indudablemente es destinataria también de gestos de cariño. Se percibió ayer con claridad.

Dignidad y esfuerzo 
Se crió en una familia de origen humilde. Vivió una infancia digna, como él mismo la definió, pese a las limitaciones económicas. En una entrevista que La Voz del Pueblo le realizó en junio de 2014, por el Día del Padre, recordó que "éramos cinco hermanos, yo uno de los mayores. Cuando mi padre queda sin trabajo, tengo que ayudarlo y no me siento mal por haber juntado botellas en un carro. Nunca nos faltó el pan en la mesa. Después mi lucha fue que mis hijos tuvieran una vida plena, que se realicen y por eso soy feliz". 

Tuvo la capacidad de abrir su camino como peluquero, práctica en la que se perfeccionó desde muy joven, hasta llegar a ser un referente. Con una trayectoria importante, logró un crecimiento que no hizo más que reflejar su inquietud permanente por avanzar, actualizarse e invertir para recibir de la mejor manera a sus clientes y amigos. 

Instaló sus peluquerías en diversos lugares de nuestra ciudad y actualmente, se encontraba en avenida Belgrano 535. Abrió su primer local en 1973, poco después de regresar del servicio militar; se había formado con el señor Sarquis en los Ranchos de la Virgen de Luján.

Allí además se enseñaban otros oficios como herrería y carpintería; Tito Otero era monaguillo y el cura Isidoro Broilo le brindó la posibilidad de aprender a hacer lo que tanto le gustaba. 

Con el tiempo, cuando se dieron las circunstancias, él a su vez formó a nuevos peluqueros, a partir de sus conocimientos y mediante una escuela que generó para preparar a futuros colegas. En las entregas de diplomas, quedaba en evidencia el vínculo y la manera en que los alumnos valoraban esta posibilidad.

Integraba la Peña Dale Rojo, como un hincha leal de Independiente de Avellaneda. También en esta agrupación se destacó su voluntad por colaborar, llevar adelante iniciativas, hacer un aporte. 

Tito Otero tenía el perfil de un hacedor, aquel que se pone en movimiento para que las cosas sucedan. De chico, jugó al fútbol en las divisiones inferiores de Huracán, club en donde integra el plantel de básquet su hijo menor Ulises. 

La familia 
Compartió un proyecto de vida con su mujer Vanesa, a quien conoció luego de una separación; "la vida me premia y me vuelvo a enamorar", destacó en la mencionada entrevista de este diario.

Tuvo seis hijos: Sebastián, Daiana, Andrés, Nicolás, Sofía y Ulises. “Si algo me hace sentir muy orgulloso en la vida es lo compañeros que son los seis, somos muy familieros, me gusta reunirme con todos, me siento feliz cuando están todos alrededor de la mesa”, expresó. 

Hablaba con orgullo de sus hijos y de nietos que fueron llegando como una bendición a este gran hogar. Llevaba consigo el don de la simpatía y la generosidad, 

A su paso, resultaba habitual que muchos se detuvieran a saludarlo, preguntarle como andaba, intercambiar algunas palabras. Un vecino absolutamente social y predispuesto ante el encuentro con los demás. 

Como toda persona apasionada por su actividad, destinaba horas y horas a la peluquería, pero tenía en claro también que "hay que tener tiempo para los afectos. Yo viví entre cuatro paredes con una tijera y un peine, enloquecido y corriendo". En este sentido, destacó que su segundo hijo Andrés "me enseñó a capitalizar mi tiempo". 

Para no olvidar 
En la memoria permanecerán las conversaciones con Tito Otero. Quienes compartieron charlas con él no las olvidan. También la manera en que sentía lo que hacía, tanto en su profesión, como en la Peña Dale Rojo o en otros ámbitos de la comunidad. 

Queda una familia maravillosa, que da testimonio de lo que él inculcó como padre, compañero de vida, y abuelo. Sentía el alma llena cuando hablaba de sus seres queridos. 

Los restos de Oscar Alberto Otero van a ser trasladados al cementerio parque Las Acacias de Necochea para su cremación.