Opinión

Escribe Sergio Manganelli

Poema

27|01|21 11:45 hs.

                "No se recuerdan los días, se recuerdan los instantes." 

                Césare Pavese 

Hizo a la mar 
su luz 
la barcarola, 
y estremeció mis huesos 
el goce de la tierra, 
encrespando la sangre 
como un gran maremoto 
de fuego y cascabeles. 

Desde entonces 
llamaron tus manos
en mi puerta,
como una exaltación, 
un exorcismo, 
una bandada de dudas 
migratorias, 
un oscilar 
del amor al invierno. 

Fueron de estío 
mis horas más calladas, 
mis públicos olvidos, 
y Afrodita era apenas 
una estatua en el parque, 
cuando a mí no acudían 
tu cuerpo y tu destino. 

Queda claro, 
vivir es simplemente 
una razón 
y un laberinto,
cárcel de minotauros, 
arena calcinante 
precipitando pasos, 
oasis transparente 
al filo del abismo. 

El color es un modo 
de transponer la noche, 
y la piel un supremo
bálsamo del delirio, 
una impronta de estelas, 
un clamor metafísico.

Las malas horas traman 
petrificar la pen.

Y mi júbilo duerme 
inmutable en la arena. 

Sergio Manganelli                                   


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