Manuela, de pie y en el centro

Sociales

Por María Luisa Miralles

Las señoritas, dictados y divisiones

25|04|21 10:03 hs.

Manuela, Martina y Sofía Beldarrain montaron tres salones de clase en su casa de la calle Sarmiento 582. Varias generaciones de tresarroyenses, alumnos y familiares, se educaron con ellas. La dulce, la severa, los dictados y las tablas, los que iban a reforzar conocimientos, los que no conocían nada. La historia que las pinta

Por María Luisa Miralles
María Luisa recordó la dulzura de Manuela Beldarrain y la severidad de su hermana Martina. Dijo que los más chiquitos iban a clase con la primera, y los más grandes “marchaban al paso” con la otra. “Con Martina venía lo bravo. De vez en cuando alguno recibía un coscorrón”. 

Preguntaban y esperaban una respuesta rápida, pero si alguno titubeaba con el clásico: “Ahhhhh”, Martina completaba la frase: “Aaaaabrí boca”. Entonces la contestación llegaba sin dudas. 

“Cuando se iba al baño aprovechábamos para hacer las pulseadas y cuando volvía nos quedábamos bien quietitos. “Las cuentas de dividir que nos daba para practicar eran larguísimas, así que un día me acerqué a la señorita Martina y le dije: En la escuela no me hacen hacer esas cuentas. Ella contestó: No me importa lo que hagas en la escuela, acá las vas a hacer. Era un suplicio resolver esos choclos de dividir. 

“Nunca tuve faltas, las señoritas nos hacían dictado y usaban el español legítimo pronunciaban la letra “c” como “z”. Yo sabía eso, pero me equivoqué y escribí todas las palabras tal como las pronunció y me tachó todas con colorado. 

Tenían dos elementos fundamentales en su casa, el pizarrón y la tiza. No les gustaba el polvillo que despedía el borrador, así que usaban un trapo de rejilla húmedo para limpiarlo. También recuerdo el frío que pasábamos en ese garaje, pero hemos sobrevivido y no creo que nos hayan quedado secuelas”.