En su comercio de calle Bolívar, a pocos metros de la Plaza del Arbol. Señala que “el lugar que ocup

La Ciudad

Una historia de vida, en el Día del Trabajador

El pastelero que disfruta con su oficio

30|04|21 13:14 hs.

Por Luciano Moran


Daniel Domingo Fredes nació el 6 de agosto de 1944. Su nombre está ligado desde hace muchos años al oficio de panadero y pastelero, algo a lo que le dedicó toda su vida y que aún lo sigue haciendo. Tenía, en su momento, una panadería grande en donde sufrió un preinfarto y luego un infarto. Al no poder estabilizarse, lo tuvieron que operar del corazón, por lo que estuvo tres meses sin trabajar. Eso parecía el fin del mundo para el protagonista de esta historia, pero la luz siempre aparece al final del túnel y más para alguien que sabe bien de cerca lo que es el sacrificio y el trabajar durante largas jornadas, con poco descanso. 

Supo curarse de una parada brava que le tocó la vida como lo es el cáncer, ya que tiene seis horas de operación en su cabeza. Nunca bajó los brazos y los resultados hablan por sí solos. La nariz le quedó chata, como la de un boxeador, porque el tumor lo tenía pegado al cartílago, pero se lo quitaron con éxito. Por esta razón lo operaron en Buenos Aires, en 2018. 


El Colegio Hogar San José, con el templo de la Parroquia de Luján, recreado por las manos artesanales de Fredes




Mañana se celebra el Día del Trabajador y en este marco, la historia de Daniel Domingo Fredes no es una más porque la labor diaria lo sacó a flote. Y vaya que así fue, donde actualmente tiene su propia panadería en calle Bolivar, entre Brown y Azcuénaga, después de mucho esfuerzo. Pero las cosas buenas siempre llegan, dicen. 

En diálogo con La Voz del Pueblo, señaló que “los médicos me recomendaron que siga en actividad, que siga trabajando. Yo me vine a este lugar que estaba disponible para alquilar y no lo dudé. Me traje mis máquinas y me instalé acá. Siempre estuve dedicado a este rubro. Comencé a los 13 años, empezando a barrer la cuadra y a limpiar las latas. Todo el pan se hacía a mano, todo este pan casero que ves acá lo hago a mano, aunque tengo sobadora y amasadora”. 


Otro de las muchas tortas destacadas que lo tienen como autor. La sede de la Escuela 26




En sus inicios, la labor constituía un trabajo de artesano. “Las bolsas de harina antes eran de 70 kilos y entre dos la tomábamos y la volcábamos para poder trabajar. Había que hacer paquetes de 25 bolsas para entregarle al molino. Entraba a cualquier hora. Cuando yo me inicié en esto había tan solo 17 panaderías”, recordó Fredes. Su padre partió cuando él tenía trece años, quedó en casa con su mamá que no cobraba la jubilación. 

Arrancó a trabajar en una carpintería metálica donde se hacía de todo. “Cuando iba a trabajar al taller metalúrgico, dejaba la bolsa del pan y a las 12 la pasaba a buscar con manchas por todo el cuerpo. Se reformó la panadería y pusieron un local en avenida San Martín y Brown. Yo iba a buscar pan y atendían su dueño o Margarita, la esposa. Esa misma señora me puso el apodo ´galleguito de la cara sucia´. Me dijo que precisarían a alguien para trabajar”, mencionó. Por entonces, no pensaba ser panadero. En base a esto, hizo referencia a que “no tuve la mejor idea que ir y contarle a mi mamá. Somos 10 hermanos, 6 hombres y 4 mujeres. Tenía la necesidad de ayudar a mi mamá y ahí empecé, sabiendo que no podía faltar ni el pan ni la comida en casa. Tengo 5 hijos, tres mujeres y dos varones. Le ayudé a mi madre hasta que me casé”, recordó. 

Un horno de los de antes tenía 8 metros por 8 metros. Antes se hacía todo el pan a mano, a punto tal que en una mesa grande se ponía toda la masa, se cortaba y se dejaba descansar, para luego poder apilarla. En este sentido, Fredes marcó que “donde yo estaba antes se hacía la galleta trincha, la galleta mediana y la grande, la de campo. Cosas que ahora no se hacen más. No había máquinas, era todo a mano y con mucho detalle. Las facturas y todo lo que se ve acá es hecho a mano. Durante muchos años le decoré a La Perla las tortas. Ellos me traían la base y yo se la terminaba”. 





Ahora siente que las cosas se simplificaron por varias cuestiones. “Antes había que echar leña 4 o 5 carretillas y de la finita, porque si ponías la gruesa entre las hornallas no largaba tanta llama para adentro el horno, entonces agarraba piso y la parte de abajo del pan quedaba negro; hasta que el horno se bajaba y cocinabas la galleta o las facturas y le ibas bajando la graduación. Era totalmente distinto. Ahora yo agarro una bandeja de aluminio que va al horno programado al tiempo de cocción que yo desee. Me acostumbré bien a las nuevas metodologías de trabajo”, valoró Fredes.

En la actual panadería de calle Bolivar hace un año que está establecido. Tenía los elementos de trabajo y tomó los consejos que le dieron los doctores sobre el seguir en actividad. Fredes resaltó que “si no es por la doctora Mortati me muero, ella descubrió que me había agarrado un infarto en aquel entonces. El apoyo de mi familia fue algo elemental para seguir activo en este camino. Tenía que ir a Bahía Blanca a hacerme controles de salud, donde te conectan con todo tipo de aparatos. Los médicos siempre me remarcaron eso, que yo tenía que seguir trabajando. Por eso me decidí y me puse mi panadería acá y seguí para adelante”. 


Un ejemplo de su capacidad como decorador




El inicio como pastelero 
La pastelería la comenzó a la par desde muy chico, junto con las tareas de panadero. Enseguida se largó a hacer facturas, bizcochos y masas finas, entre varias delicias más. “Había un señor que iba siempre a la panadería y un día estábamos trabajando y volqué un poco de harina por arriba de un torno. Agarré la punta de un cuchillo y dibujé un caballo, lo que son las cosas de la vida. El tipo, que era el confitero, me dice: vos vas a salir bueno para decorar. Yo te voy a enseñar”, recordó un emocionado Fredes. 

Algunas de las claves en este mundo de la pastelería constan de aprender lo que es la preparación del baño, del glasé. A tal punto, Fredes hizo hincapié en que “todas las tortas las hago con un papel, no uso manga para nada. Formo una especie de cucurucho, lo lleno de glasé o con lo que vaya a decorar, lo cierro y en la punta lo aprieto bien y hago el corte que yo quiero. Siempre utilicé este método y nunca me ha fallado”. 

Ha realizado tortas grandes para cumpleaños, casamientos, para instituciones educativas y deportivas. Cuando cumplió 100 años la Escuela 4, por ejemplo. Al mismo tiempo, trabajó muchos años en la panadería La Sirena. 

“El lugar que ocupa el trabajo en mi vida es importante. Es lo que me da ánimo para seguir viviendo. Todos los que me conocen me dicen: no dejes esto. Me inicié de muy jovencito y en ese momento era todo diferente a hoy. Tenía horario para entrar pero no para salir. Yo empecé como ayudante y terminé siendo el maestro. En La Sirena tenía siete personas a cargo mío. Me sentía bien, yo nunca trabajé por el sueldo te soy sincero, siempre el doble o el triple. Me hice valer pero siempre con respeto y dedicación”, rememoró con una sonrisa en su rostro. 





El pilar 
En todo este tiempo no se arrepiente del camino que eligió para su vida. “He vivido con alegría, me casé joven y tuve cinco hijos que son el pilar por el cual uno sigue. La compañía de la gente de Tres Arroyos es importantísima a lo largo de todos estos años y doy gracias por la vida que llevo”, concluyó.





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Homenaje de la CGT
Mañana a las 11, la CGT Regional Tres Arroyos colocará una ofrenda floral en el osario general del cementerio, en homenaje a los trabajadores fallecidos. 

Participarán integrantes del consejo directivo de la entidad, con distanciamiento, uso de barbijo y las medidas correspondientes debido a la pandemia de Covid-19. 

Posteriormente, visitarán la obra de construcción de talleres para el Centro de Formación Profesional Nº401, que tiene lugar en el futuro campus universitario. 

La CGT Regional Tres Arroyos considera que se trata de una iniciativa muy importante, sus integrantes quieren apreciar la manera en que se desarrolla. El Centro de Formación Profesional Nº401 actualmente tiene su talleres en Alsina y Pringles. El traslado le permitirá llevar adelante esta actividad en un lugar especialmente diseñado con tal finalidad.