Sociales

Por Elina Amado

Cándida

23|05|21 17:50 hs.

Miro el vapor de la cacerola del puchero mientras lo espumo prolijamente. Pareciera que el tiempo se detiene. El vaho caliente choca con los azulejos fríos de mi equipada cocina y se vuelve gotitas que en pequeños ríos corren hasta la mesada. Mi marido pese a ser adinerado es un hombre simple y de gustos sencillos, casi ordinario y extremadamente trabajador. Las pocas veces que almuerza en casa, puchero o carne a la plancha. Y las contadas ocasiones en que viene a cenar solo sopa y algún trozo de chorizo que busca en nuestra bien provista despensa. No debe faltarle la galleta de campo y un generoso vaso de vino. 


Él sabe vivir sin hacerse la cabeza, como dice mi mamá. Esta mañana cuando lavé mi cara me miré varios minutos en el espejo y si, ahí estoy, pese a que siento que no tengo vida, que no existo. Con mi pelo finito y largo y mis ojos con mirada ausente. ¡Ahí estaba! 

 El puchero burbujea despidiendo olor a hogar. El hogar que no me alcanza. 

Cuando nos comprometimos fue una decisión muy aprobada. El novio iba a sentar cabeza en unos meses más y se casaría por fin con una chica de buena familia y de su casa. Y yo dejaría de escuchar de boca de mi padre que ya era tarde y el pescado sin vender. Nos casamos y la iglesia se llenó de gente que nos saludó y deseó lo mejor. Una vieja tía, española ella, le susurró al oído “Hacedla feliz” y él respondió y “yo que, ¿Quién me hace feliz?”. 

El cumplió y cumple…pero yo no soy feliz…tampoco sé si lo hago feliz… cuando llega tarde a casa viene perfumado y bien cambiado y yo no lo espero de igual manera. Me dice que no importa que está todo bien que yo soy su señora esposa no su querida, que me quede tranquila. Con ocuparme de los chicos y de la casa alcanza y sobra. Que no me preocupe de nada más, que él se ocupa del resto.

 Y es cierto él hace todo y más. Atiende la chacra, revisa los negocios y no importa el horario. Es capaz de no dormir en casa y quedarse en la oficina resolviendo con dedicación sus asuntos. 

 Yo termino muy fatigada el día, pero como dice mi suegra, cansada de no hacer nada porque tengo todas las comodidades, según ella tengo tanto que solo me faltaría sarna para rascarme. Que me canso de hablar por teléfono, y que necesidades eran las que pasó ella. Que debería estar más que feliz del hombre que me ha tocado en suerte. 

Al principio de nuestros tiempos juntos yo me bañaba y acicalaba los sábados para él. Luego los chicos fueron creciendo y el planteó que no estaba relajado sabiéndolos en la habitación de al lado. Le propuse que durmiesen en el cuarto de arriba, pero dijo que no los escucharíamos si acaso algo les ocurriese. Que ser padres implicaba algún sacrificio. 

Desde entonces me ducho día por medio cuando voy a que me den masajes. Me gustan porque son como una caricia. Yo ya no tengo edad para pedirlas. 

Ni siquiera a mis hijos, tan lindos ellos. Cuando está de buen humor, me recuerda que tengo que estar agradecida por los chicos, que me los hizo igualitos. Son como dos gotas de agua. Y es muy cierto, son hermosos, muy parecidos al padre. 

 Una pena, el puchero ya casi está listo y me llamó para decir que no puede venir a almorzar. Que la reunión de anoche en la oficina se prolongó más de lo esperado. ¡Cuánta comida!!!! Pensar que en casa a veces era escasa y se comía hasta donde alcanzara. Mi madre decía, si son muchos comen poco, si son pocos comen mucho y listo. La olla era siempre la misma. 

No importa que no venga. No debo tener pena. Como me dice siempre que le molesto con mis pavadas, nunca te hice faltar nada y aquí está la prueba. Es mucho para mi sola pero mejor que sobre y no que no alcance. Mis hijos almuerzan en la escuela, pero quizás esta noche… Soy yo la que nunca está conforme con nada. Jamás me toca un pelo y no tenemos ni un sí ni un no. Cuando dejen de salirme estas lágrimas de ingrata me sentaré a almorzar dando gracias por lo afortunada que soy de tener un marido hijos y comida de sobra. No todas tienen esa suerte. Muchas quisieran estar en mi lugar. Es muy feo no tener marido y estar sola para todo. 

Te interesaría leer