Con su nieto Leonel en brazos, su sobrino Owen y su hijo Milo. Todos juegan en Boca

La Ciudad

Entrevista a Roberto “Pato” Reino

“Hugo Silvestre me venía a buscar en la Aurorita para llevarme a Boca”

18|07|21 00:02 hs.

Roberto “Pato” Reino se crió a cuatro cuadras de la cancha de Boca, en Rodríguez Peña al 600. En el inicio de la entrevista con este diario, al describir su infancia, habla de la frutería que tenían allí sus abuelos y de un terreno -que todavía existe- ubicado en una esquina; “ahí arranqué a jugar al fútbol”, subraya. 


 Cuando contaba con solo seis años, Hugo Silvestre lo vio jugar en el terreno y frenó. “Me venía a buscar todos los días para llevarme a la cancha de Boca y después traerme, porque mis viejos no me dejaban cruzar la avenida. El Tero andaba con una bicicleta Aurorita, no me olvido más”, dice con un claro agradecimiento. 

Es un referente para él. “Lo tuve a Silvestre desde las inferiores hasta Primera División”, indica y agrega que “también estaba con los chicos Hugo D’Annunzio, quien lamentablemente falleció hace poco. Otro técnico que me dirigió es Alberto Cardano”. 

Es preciso al momento de mencionar sus características. “Me gustaba mucho la pelota y no se la daba a nadie, gambeteaba y quería hacer el gol”, sostiene. 


Acompañado por Roberto Lemos


Sus condiciones llamaron la atención de clubes grandes. A los 15 años, Newell’s lo incorporó y por entonces, River también lo había convocado. Relata que “el seleccionado sub-15 estaba jugando en Boca, un amistoso. Ellos eran categoría 1979 y yo soy 1978, como faltaban dos jugadores me invitaron. Estaba Bernardo Griffa y me vio jugar, se quedó un día más para que yo firme el pase. Fue importante Carlos Mastrángelo para que yo vaya a Newell’s y siempre ayudó a los pibes, excelente persona”. 

Ya había tenido una prueba en River. “Me había llevado Pace, de la Estancia Las Tres Lagunas, era dirigente de River. Me tenía que presentar de nuevo, pero Griffa se quedó y firmamos el pase”. 

 Residió un año en Rosario y retornó para hacer la pretemporada, pero extrañaba demasiado. “No pude más, no me da vergüenza decirlo -sostiene-. El club no me hacía faltar nada, pero yo extrañaba a mis viejos, la pasé mal. Hablaba por teléfono con cospel, se cortaba la comunicación, ahora tenés celular y videollamadas, es más fácil. Me gusta contarles a los chicos mi experiencia”. 

 Quedó una amistad con el ex arquero Sebastián Cejas, quien es colaborador del director técnico Gabriel Heinze en Estados Unidos. Tuvo destacados compañeros. A modo de ejemplo, menciona a Lionel Scaloni; “es también clase 1978, pero prácticamente no jugué con él porque progresó muy rápido, se fue a España joven”. 

Como DT se encontraba Roberto Puppo. “Un fenómeno”, elogia. El equipo de trabajo también lo integraban “Miguel ‘Lito’ Isabella, Jorge Pautasso, Jorge Thelier y Raúl Donsanti, quien no quería que me fuera, un tipazo”. 

Considera que “Rosario es una ciudad hermosa. Newell’s tenía una pensión” y agrega “fui con Maxi Amestoy y Juan Echayre, ellos se vinieron antes”. 


El escrito que le envío River para convocarlo a una prueba en 1994


Permaneció unos meses inactivo hasta que el equipo rosarino liberó el pase. “Silvestre era el técnico de la Primera de Boca, cuando pude volví a jugar”, señala. El “Pato” Reino ya había debutado en el primer equipo de Boca a los 14 años, con Abel Coria como DT. 

Sobre el período de Coria en el club, comenta que “tenía muy buen equipo, pero los demás también, era una muy buena etapa en la Liga de Tres Arroyos. Peleó en los primeros puestos de los torneos, no salió campeón, pero ganó una Liguilla”. 

Menciona además que a fines de 1993, Boca ingresó al regional. “Estuve en la lista. Trajeron muy buenos refuerzos, pero no nos fue bien, a veces sucede”, reflexiona. Entre otros, estaban Bodani, Grillo, Coronel, Márquez, Del Negro, Sánchez, Racich, Labrozzi, Durán, Claudio Garcia, Bermegui, Román, Frega y Cárdenas. 

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 La posición en la cancha, ser volante creativo, el número 10, es una consecuencia de su manera de jugar y de sus preferencias. “Me crié mirando a Maradona, Bochini, Borghi, trataba de imitarlos. Era un poco más egoísta, en el buen sentido, no tocaba mucho la pelota porque pensaba que encarando podía llegar al gol”, sostiene. 


Tenía 15 años cuando fue incorporado por Newell’s. Vivió en Rosario poco más de un año, pero extrañaba mucho a su familia


Comparte una anécdota de Newell’s, cuando le dijeron: “desde ahora Reino, juegue a dos toques” para que largue la pelota. Admite que “era muy contestador, antes se decía ‘agrandadito’. Tal vez fui así, no me di cuenta, confiaba mucho en mí y pensaba voy a jugar como quiero. Muy caprichoso”. Se detiene un segundo y sonríe, para luego aseverar “cuando empecé a ser grande aprendí a jugar, muchos años después”. 

Con Boca logró tres ascensos, con Silvestre, Juan Domingo Godoy y Walter Plaza. En el primero, retornó para la definición a tres partidos con Copetonas. Entre sus compañeros se encontraban “Cardano, Gusti González, Fernando Saldías, Miguel Lemos, el Mono Cisneros, Alejandro Chico, Gabriel Velizán, Gastón Román, Darío Puhl, Germán Scarcella”. Luego, en una instancia siguiente, “subieron a Primera Carlitos Plaza, el Chile Berruti, Diego Barragán”. 


Un equipo que integró Roberto Reino en las divisiones inferiores. El director técnico era Alberto Cardano




Sobre el equipo que dirigió Godoy, manifiesta que “llevó a Hugo Carrizo, Julio Del Negro, entre otros”. 

 Defendió la camiseta de otros clubes de Tres Arroyos, el primero fue Quilmes. “Se habían hecho dos zonas, Quilmes ganó una y Huracán otra. La final del año la perdimos con Huracán”, explica. Con el Cervecero, se presentó la oportunidad de jugar el torneo regional; “estuvimos a punto de clasificar, nos alcanzaba el empate ante Banfield de Mar del Plata en la cancha de El Nacional, perdimos 1-0. Sergio Amestoy era el técnico. Atajaba Juan Manuel Ijurco de Tandil y algunos compañeros eran Andrés Cardoso, Pablo y Rubén Julián, el Lobo Fernández, Beto Juan, Cacarito Vázquez, Bobby Coronal, Palito Espinosa”. 

Lo fue a buscar, con posterioridad, Ariel Alberca de Once Corazones. “Yo ya estaba gordo, no quería jugar más. Y era joven, tenía 30 años. Once venía peleando el descenso, llevó a varios refuerzos que me gustaba como jugaban, hicimos una buena campaña y al año siguiente salió campeón. Yo había regresado a Boca y ascendimos con Walter Plaza de técnico”, afirma. 

Durante un año, formó parte de Argentino. “La pase muy bien -valora-. Guillermo Sauce era el técnico, ese año ascendió Quilmes, pero le dimos pelea hasta el final. Admiraba a Osvaldo Sosa, hablé con él una vez y me surgió el interés en jugar en Argentino. Se lo dije a Pedro Perotti, ayudante de campo de Sauce”. 


Ante Once Corazones, la gambeta en busca del arco rival


El último club que integró es Colegiales, pero no usó la camiseta 10. “Fabio D’Alessandro me la quería dar, pero me negué. El 10 era él, merecía todo mi respeto. Yo usé la 8. Soy amigo de Quique Elgart y me invitó a ir, se ofendieron varios en Boca, fue duro. Siempre futbolísticamente hablando, nada personal. Se enojaron, no pensé que fuera para tanto. No lo veía con una rivalidad tan grande, como la que empezó a haber después”, dice. En ese torneo, Colegiales descendió. 

En dos ocasiones, estuvo muy cerca de sumarse a Huracán; “hablé con Roberto Lorenzo Bottino. Cacho D’Onofrio me llevó a conversar con él. Después Raúl ‘Coco’ Lúquez siempre me quiso llevar, no se dio”. La segunda vez que hubo tratativas “yo estaba muy bien. Boca había entrado al torneo regional, nos dirígia Ariel Annechini y me puso un poco más arriba, de media punta, hice muchos goles”. 

Fuera de la Liga de Tres Arroyos, formó parte de Argentino de Benito Juárez, que competía en la Liga de Tandil. “Me llevó el Toro Vega. Habían generado un gran plantel, como coordinador se encontraba Juan Manuel Rodríguez. No se lograron buenos resultados, empezaron a sacar jugadores, me acuerdo que quedamos Javier Villanueva, Fernando Saldías y yo. Tiempo después, volvimos a Boca con Fernando”. 


Roberto Reino padre e hijo, en una fotografía con un referente: Néstor Di Luca




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 Se siente agradecido porque “el fútbol me ha dado un montón de amigos. Gracias al fútbol soy reconocido, es así. Estoy feliz y contento de haber jugado”. 

Reconoce que no solía ir a los entrenamientos. “Por ahí, los chicos se enojaban, ahora los entiendo. Sabía que si jugaba e incluso entrando un rato desde el banco, algo iba a hacer, me tenía mucha confianza. Cambié, aprendí de grande, a los 31 o 32 años iba a entrenar siempre, con Cacho Córdoba de técnico”, observa. 

Vuelve a sonreír y confiesa: “en el torneo senior de clubes lo hice renegar al Colorado Cedrón. Lo teníamos de técnico y le dije ‘yo no hago la entrada en calor’. Se enojó delante de todos, me respondió ‘¿Cómo no lo vas a hacer? ¡Te podés lesionar!’. Es como un padre, un genio”. 

Jugó en el torneo de veteranos para Independiente y si la pandemia lo permite, participa en un fútbol 5 o fútbol 8. 

 No duda al ser consultado sobre el gol de su autoría que más le gustó. “Peleando el descenso contra Olimpo, un Permanencia. Ibamos 1 a 1 en cancha de Boca, se terminaba el partido y arranqué muy cerca del área nuestra, avancé gambeteando y se la toqué por arriba a Gastelú, ganamos 2 a 1”, subraya. 

Se siente identificado con ese gol, “con la gambeta, siempre para adelante”. 

 Nunca dejó de estar vinculado a la pelota. Compañera inseparable desde que corría en el terreno de la esquina, en aquellos tiempos únicos de la infancia.     


En 1997. Darío Puhl, Miguel Lemos, Coco Ordoñez, Alejandro Chico, Gastón Román y Mario Colantonio; Fernando Saldías, Roberto Reino, Cascino, Gustavo González y Cisneros





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 En familia 
Roberto “Pato” Reino está casado con Celina y tienen tres hijos: Maira, de 23 años; Alma de 13 años; y Milo, de 6. “Celina se crió a la vuelta de mi casa, nos pusimos de novios cuando éramos adolescentes y nos casamos en el año 2003. Toda la vida juntos”, expresa. Disfrutan además de un nieto, Leonel, hijo de Maira. Su padre es Roberto y su madre Dora Mabel. Tiene una hermana, Lorena. 



Con orgullo, habla de todo el acompañamiento que le han brindado. De su padre, cuenta que “siempre me siguió a todos lados. Si fuera por él, hasta cuando voy a jugar al fútbol 5. Mi viejo jugó al fútbol, creo que no mucho tiempo, como defensor en Olimpo. Es hincha del club y a mí me gustaba ir a ver al equipo los sábados, cuando estaba en Segunda”. 


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Junto a Saldías, en la dirección técnica

Roberto “Pato” Reino también formó parte del cuerpo técnico en Boca e Independencia.

 “Fernando Saldías me propuso acompañarlo en Boca. El venía dirigiendo. A mí cuando dejé de jugar en Colegiales, me habían dado ocho partidos por un partido en el que hubo incidentes con Argentino y expulsaron a varios jugadores. No lo pensé, era volver a mi casa, en otro rol, colaborando con la dirección técnica”. 


En 2019, Fernando Saldías como técnico de Independencia


Luego de trabajar dos años, durante un torneo no dirigieron y en 2019 los llamó Deportivo Independencia, de Adolfo Gonzales Chaves. “Nos entendemos mucho, somos amigos”, destaca. 

Independencia tuvo un muy buen comienzo del campeonato, pero luego “nos quedamos -analiza-. Expulsaron un par de jugadores, no pudimos reemplazarlos bien, compensar la ausencia. Nos empezamos a venir abajo”. El plantel contó con el delantero “Pipa Gómez, un goleador y muy buena persona”. 

Ante todo, expresa que “Independencia tiene un club bárbaro, muchos pibes que llegan de inferiores. Nosotros armamos un equipo muy ofensivo, pero también nos hacían goles, por lo general eran partidazos”.