Mario Espinosa con indumentaria de Huracán, donde jugó gran parte de su carrera (Goyo Fernández)

Deportes

Entrevista a Mario "Palito" Espinosa

“Nos criamos en los potreros”

19|09|21 10:54 hs.

Mario “Palito” Espinosa es el mayor de quince hermanos, tres de ellos fallecidos. Sus primeros años de vida transcurrieron en el barrio Los Ranchos de la Virgen de Luján, en la familia que conformaron su padre, Dardo Alfredo también fallecido, y su madre Ana Filomena Espinal. 


Recuerda de aquellos tiempos que jugaban al fútbol en el Parque Cabañas y luego de noche, en una cancha de Hogar El Amanecer. “Nos criamos prácticamente en los potreros”, señala.

Realizó los estudios primarios en la Escuela la Virgen de la Carreta y luego en la Escuela 21, porque “cuando tenía 11 o 12 años me fui a vivir con mi abuela Teresa, en Saavedra al 1400. Vivimos ahí con mi primo Nelson, él fue primero a jugar a Huracán, después yo”. 



No cursó la escuela secundaria. Empezó a desempeñarse en el campo. “En ese tiempo se hacían muchos silos, fui a trabajar con mi viejo hasta los 17 años”, cuenta. 

Estaba en un baile en Colegiales, sentado junto a una mesa con un grupo de chicos, y los apalabraron para incorporarse a las divisiones inferiores del club. Indica que “al otro día nos ficharon. El técnico era Palmero”. 

Recuerda que en el primer partido, Huracán les ganó 8 a 0. Jugaban en El Globo “el paraguayo Cuenca, mi primo Nelson, Tito Corral, entre otros”. 

El segundo encuentro fue un preliminar de Huracán ante Loma Negra de Olavarría; “en el primer equipo estaban Pandolfo, Férez, Tenaglia, por ejemplo. Un gran plantel. Nosotros jugamos ante los suplentes en forma previa, esa vez nos ganaron 2 a 0, la gente de Olavarría nos alentaba, cambiamos la actitud. Un poco nos agrandamos”.

Vivir del fútbol 
Trabajaba en el campo toda la semana. Cuando regresó del servicio militar, que hizo en Colonia Sarmiento, su primo Nelson insistió para que se acercara a Huracán. Se lo reiteró muchas veces, hasta que Mario finalmente lo hizo. 

Comenta que “estaba Gustavo Parra de técnico. Me preguntó de qué jugaba, le respondí de wing izquierdo, y entonces me dijo si podía ser volante, en la misma zona de la cancha, tirarme un poquito más atrás”. 

Luego de verlo jugar, Parra le aseguró que la plata que cobraba en el campo la podía ganar en Huracán. “Yo pensé que no era cierto. Era el único club que pagaba en Tercera División. Mi abuela me convenció, a Nelson le estaban pagando y formaba parte de la Tercera”, relata. Eso sí, el técnico le dejó en claro que “tenía que entrenar”. 

Debutó como visitante ante Claromecó: “Parra me dio la 11 en Tercera. Me explicó que encare, me marcó Mario Epherra y no me olvido, me dijo ‘Espinosa ándate para el otro lado porque te tengo que pegar’. Ganamos 6 a 1 e hice dos goles”. 

Su segundo partido también fue como visitante, esta vez ante Quilmes. Afirma que “con la Tercera ganamos 12 a 0. Hice tres o cuatro goles, las radios transmitían en una mesita, ese día Eduardo Maschi empezó a hablar bien de mí. La Primera perdió 1 a 0, el gol de Quilmes lo hizo Lelo (Nelson) Di Luca, jugaban juntos con el Pela (Néstor) Di Luca”. 

El martes siguiente, Parra lo llamó y le explicó que no había jugado en Primera “por la falta de entrenamiento”. Sin embargo, la fecha siguiente ante Independencia, fue reemplazado en el segundo tiempo de la Tercera y entró cinco minutos en Primera.


Junto a Franklin Martínez, en un entrenamiento con Huracán


Sostiene que “cuando fui a cobrar Coqui Morán me dio, por decir una cifra, diez pesos por Tercera y cien por Primera, habiendo jugado solamente cinco minutos. Entonces le dije ‘te estás equivocando, me das plata de más’. Me respondió: ‘No, te la ganaste’”. 

En tales circunstancias, es cuando “me cayó la ficha -exclama-. Me di cuenta que iba a ganar muy bien. Estaba muy motivado, siempre quería ser el primero en entrenar, en todo lo que hacíamos”. 

Es zurdo neto y los goles que hizo con la pierna derecha es “porque agarré la pelota justo. Lo que aprendí con la derecha fue en Huracán”.

La pelea con Zerr 
Uno de los muy buenos directores técnicos que tuvo Mario Espinosa fue Hugo Zerr, quien condujo al plantel en una notoria campaña en el Torneo del Interior de 1989-1990. “Con él me peleé”, subraya. 

Sucedió en una práctica en la que jugaban la Primera del Regional contra la Tercera: “Me metieron un pelotazo largo, la bajé con el taco y le hice un caño al Cubano Fernández, que pasó como colectivo lleno. No me quedó recorrido de la pierna como para pegarle a la pelota, entonces también le hice un caño a Santucho Domínguez, me dio un patadón y me quedó un tajo arriba de la rodilla de la pierna izquierda”. 

Dice que tras recibir el golpe “lo insulté y le tiré la pelota. Hugo Zerr pegó el grito ‘¡qué le pasa, usted tiene que largarla!’ ‘La voy a largar si quiero, porque sé jugar con la pelota en el pie’ le contesté. Me mandó a bañar y le seguí respondiendo, ‘¡Si quiero me voy a bañar!’”. 

En este sentido, agrega sonriendo que “es el día de hoy y Néstor Di Luca cuando nos encontramos me carga, repite la frase ‘¡si quiero me voy a bañar!’”. Describe cómo siguió el intercambio de palabras con Zerr en el vestuario. “Me fui, llegué a la casa de mi abuela, lloraba de la bronca que tenía. Le conté a mi abuela que no jugaba más, ella estaba enloquecida, vivió toda la vida en el Barrio Quilmes pero era fanática de Huracán. Nos crió a Nelson y a mí”, valora. 

Consiguió trabajo en un campo para cosechar cebollas y se fue el lunes de la semana siguiente. Dirigentes de Huracán, cuando advirtieron que no regresaba a entrenar, fueron a hablar con su abuela. 

Mario sostiene que “volví el viernes del campo. Ella me comentó que habían ido para que hable con el director técnico, yo aseguraba que no iba a ir más a jugar, era bastante renegado. Después fui cambiando porque te encontrás con gente que te va hablando y te va poniendo en tu lugar”. 

Los dirigentes retornaron. “Coco Lúquez y Del Vecchio dejaron un papel en mi casa enviado por Hugo Zerr, yo me estaba bañando. Me dio curiosidad saber que decía, se refería a que quería hablar conmigo, que si no iba a Andrea Hotel al otro día a la mañana era un cagón”. 

Es así que el siguiente día, bien temprano, Mario fue en bicicleta hacia el hotel. Hablando solo, con bronca. Explica que “al llegar una chica me dijo que me esperaba Zerr y el número de habitación. Me dio el mate completo en una bandeja. Yo pensaba, ¡a este no le cebo mate ni loco! Cuando entré, estaba con los lentes puestos, leyendo un libro. Pidió que me siente, le cebé mate y empezamos a hablar de un montón de cosas de la vida de él y la mía. Jugó en Nueva Chicago, anduvo por muchos lados. Estuvimos hablando desde las 8 hasta las 11.30, me cambió la cabeza”, destaca. 

Mario venía solicitando botines nuevos hace tiempo. Le daban un par muy bueno, pero usado. “Cuando me iba, Zerr me dijo que abra el placard, había una caja de botines Puma Maradona. ‘Son para usted, espero que la rompa’. La tenía muy clara, una persona con mucha calle”, reconoce. 

En otra ocasión, el técnico lo mandó a la casa porque estaba distraído. “Me dio la pechera y me pidió ‘haga lo que está haciendo Franklin Martínez’. Yo ni idea, tenía la cabeza en otro lado -admite-. Entonces dio por finalizado mi entrenamiento, para que ‘vuelva mañana cuando tenga ganas’. Zerr aclaró que ‘esta vez no me voy a pelear con usted’. Quería que todos estén atentos, enchufados. Porque en el fútbol, si no te salen bien las cosas, podés ganar en una pelota parada, en un detalle táctico”. 



Hubo una tercera oportunidad, en que el técnico lo echó. Mario había salido campeón en la Liga Comercial con Agro El Carretero. El inconveniente se registró porque jugó luego también cuando ya estaba en Huracán; “nos dirigía mi tío, el Oreja Espinal, ya fallecido. Entrenábamos en el Parque Cabañas. Ibamos ganando por goleada en el primer tiempo y le dije salgo para que no me vea nadie de Huracán. Me respondió ‘no pasa nada, hacé un gol más en el segundo tiempo y quedas como goleador’. En un corner corto, rechacé la pelota y al otro día salió la foto grande en el diario. Yo no me enteré, porque no lo había visto”. 

El domingo siguiente, fue suplente en Huracán, entró e hizo un gol. El lunes, Zerr reunió a los jugadores, andaba con el diario debajo del brazo; “acá hay una persona que jugó con el sentimiento de todos nosotros, con el esfuerzo que hacemos cada semana’, fueron sus palabras. Yo miraba para ver a quién se refería. Era yo, me echó del entrenamiento hasta el otro día. Tenía razón”. 

Otras experiencias 
Tuvo la oportunidad de intervenir en cuatro torneos regionales, tres con Huracán y uno con Quilmes, en 1992-1993. Años más tarde, ya en la última etapa de su carrera, regresó al Cervecero. Enumera algunos de los integrantes de aquel equipo: “Amestoy, Frega, Coronel, Sauce, Arámbulo; Orsatti, Villanueva, yo como volante por la izquierda, Franklin Martínez, Barbeito y Longo”. 

En el segundo partido, se desgarró Marcelo “Cacarito” Vázquez e ingresé. Considera que “el técnico Carlos Mastrángelo no me quería en el plantel, es la verdad. El que me llevó es Cuto Moreno que me conocía de toda la vida. A Franklin si lo querían, a mí no; me preguntó Cuto cuanto quería ganar, acordamos, el primer partido no fui ni al banco”. 

Asegura que hubo un pedido “desde afuera” para que lo tengan en cuenta. “Tuve un buen debut y no salí más”, señala. El último partido fue en cancha de Huracán, ante Villa Mitre de Bahía Blanca. “Ellos hicieron un reclamo por una supuesta mala inclusión de Javier Villanueva, en la AFA. Ese partido lo empatamos, pero quedamos afuera”, menciona. 

En ocasión de cobrar, “estaban todos los dirigentes de Quilmes en una mesa larga, Cuto me llamó para que fuera. Me dio el dinero, me dijo muchísimas gracias y tiró un palo para los que no me querían: ‘ Viste que yo sé un poquito de fútbol, no lo tuvieron que sacar más’”.

Años después, volvió a Quilmes. “Tuve un problema con el presidente de Huracán, Mario Pérez, por un tema de cobro. El club me pagaba el 50 por ciento y el restante 50 por ciento Bottino”, explica.

Hace referencia a circunstancias que dieron lugar a las diferencias. En este período, había sufrido un esguince de tobillo en un partido amistoso en cancha de Villa del Parque. Lo convocaron de Ferro de Tandil tiempo más tarde; “Eduardo Massigoge me pidió que vaya para que recupere el fútbol. Acepté, estaban en ese equipo Guevara, Alvarez Castillo, Andreu de Olavarría, el arquero Ijurco”, manifiesta. 

Hubo alguna diferencia económica, que luego fue saldada y se terminó sumando al plantel. Sin embargo, “el primer partido le íbamos ganando 4 a 1 a El Fortín de Olavarría, me rompí el cruzado”.

Relata que lo habían visto médicos en Tandil que operaron a “Néstor Fabbri, Patrulla Jiménez y Mauro Camoranesi. El médico de Bottino era el doctor Parraquini, quien había operado a compañeros con muy buen resultado. A mí me operó del meñisco, no volví a estar bien, le pegaba y me dolía. Podría haber jugado algunos años más, pero me pasó eso. Nunca tomé, nunca fumé”. 

Estuvo posteriormente en Quilmes y en Cascallares, “pero no era el mismo, no estaba bien. Me encantaba pegarle con rosca a la pelota, no lo podía hacer más”. 

La casa 
En lo que fue la partida de Huracán, antes de ir a los mencionados clubes, el rival era Grupo Universitario de Tandil. “Nos habían ganado allá y les ganamos acá, sino quedamos afuera. Ese día no podía jugar”, expresa.

Habló con el director técnico Hugo Tenaglia, “para que me aguante un poco más, yo estaba terminando la casa. Le fui franco, estaba lesionado. Con sinceridad me explicó que iba a jugar Pitufo Quintana. Fui a hablar con Roberto Bottino, me reconoció la plata de partidos que quedaban y pude terminar mi casita”. 

Deja, en el cierre de la entrevista, una recomendación para los chicos. “Cuando anden bien disfruten y aprovechen. Porque cuando andas mal hay muchas personas que no se acuerdan”, plantea. 

Finalmente, con gratitud, valora que “tuve la suerte de jugar con el misionero González, Vicente Basilio Robledo, Eugenio y Néstor Domínguez, el Pela Di Luca, Bermegui, Lousteau, Oviedo, Errozarena, Franklin Martínez. Y les pido disculpas a otros que ahora no estoy nombrando. Todos tremendos jugadores”. 

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“En Central es todo a pulmón” 
Sigue vinculado al fútbol, pero desde otro lugar. Mario Espinosa es director técnico de Deportivo Central en Segunda División, para lo cual cuenta con la colaboración de Nelson Espinosa y Julio Del Negro, en el rol de preparador físico. 


Mario Espinosa dirige el equipo de Segunda División de Deportivo Central (Goyo Fernández)


“Es todo a pulmón”, señala sobre las actividades que se desarrollan en el club. Hace una pausa en su análisis para agradecer por “el rural bike del club que se llevó a cabo en forma reciente. Es muy bueno lo que hicieron Diego Benítez y todos los que organizaron. Generan un ingreso para Central”.

Sobre la nueva cancha que se está preparando, observa que “ya la hubiéramos terminado, pero nos robaron tres o cuatro veces. Se llevaron una bomba, rompieron las puertas a patadas, robaron ventiluces de aluminio, alambres. Hicieron una zanja para sacar un cable de ocho metros, habrán conseguido tres kilos de cobre, dos mil pesos, hubieran ido a trabajar y les pagaban más”. 

Tiene previsto en los próximos años “ir a vivir a la cancha. Chicos que cobran planes nos van a dar una mano los fines de semana, algunos son albañiles”. 

Sergio Alarcón se encuentra a cargo del fútbol femenino. Sobre el equipo de Segunda, planteó que “la premisa es jugar. No importan los resultados, ojalá podamos ganar. La idea es participar y esperemos en 2022 tener la cancha nuestra, para luego poder avanzar con las inferiores”. Menciona a Guillermo Albani, dirigente del club, a quien “lo considero un amigo”. 

Los cambios
Rememora, acerca de los años de su infancia, que “terminábamos de ver un partido de Argentina y se llenaba la cancha enfrente de mi casa, todos eran Maradona, todos eran Bochini”. Deja en claro que “no estoy en contra delas escuelitas, pero a los chicos les falta potrero”. 

En Central, “tenemos un montón de chicos, cuando van a trabar mano a mano, no usan los brazos. En el fútbol el 50 por ciento son los brazos; Riquelme es un tremendo jugador, pero con los brazos no te dejaba pasar nunca”. 

Otro aspecto que percibe es que “no habla ninguno en la cancha, es lo que falta ahora. Paro los entrenamientos y les indico que hablen con los compañeros. Trato de usar mi experiencia, que a ellos les sirva”.