Fernando Herrera

La Ciudad

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Fernando Herrera: “En todos los clubes donde pude estar me sentí muy cómodo”

17|10|21 01:32 hs.

Cuando Fernando Herrera nació, su familia residía en una casa ubicada en Domingo Vázquez en la cuadra del 900 al 1000. “Cruzando la panadería XYZ”, recuerda. 


Su padre Aurelio trabajaba como camionero y fue secretario general del Sindicato de Choferes de Camiones, mientras que su madre, Marta Marchese, es ama de casa. Fernando tiene tres hermanos: Irene, Andrea, que son mayores que él, y el menor Esteban, quien vive en Salta. 

Solo tenía cuatro años de edad, cuando se produjo la mudanza a Maipú al 1400. Empezó a jugar al fútbol en Huracán, sobre lo cual señala que “fui a la Escuela 14, uno de mis compañeros era Maxi Di Croce. Teníamos un amigo en común, Matías Cañueto, jugaba en Huracán y me convenció para ir”. 

Al vivir en el barrio, se terminó sumando a Colegiales. “Mi primer técnico fue Palmero, después lo tuve a Juan Gallo”, menciona. Una canchita en la zona de “los silos subterráneos” era en aquellos años un lugar de encuentro; “los sábados nos juntábamos a las dos de la tarde y terminábamos a las ocho. Cuando no había partido de Segunda o era verano, iban jugadores de la Liga”. 

 Con gratitud menciona a los directores técnicos de inferiores y comparte puntualmente una vivencia con Jorge Ibañez, en Sexta División. “Había una idiosincrasia de barrio, saber que no ibas a entrenar e igual tenías la camiseta puesta. Un día llegó el Negro Ibañez con su auto, se presentó y dijo ‘vamos a jugar un poco más táctico, a pulir jugadores’”, señala. 

En tales circunstancias, Ibañez “empezó a bajar del baúl bolsas llenas de pelotas. Nosotros veíamos una y a oscuras de noche, después empezó a traer vallas, aros con pelotas colgadas para saltar a cabecear. Nos decía ‘usted tiene las condiciones pero acá la disciplina es fundamental’ a dos o tres que éramos los que rompíamos el corral”. 

En este sentido, comparte una anécdota. “Nos avisó que ‘si los echan por hablar o pegar una patada que no tienen que pegar, en caso que el Tribunal les dé un partido yo le sumo otro y si les da dos, les doy dos más. Pensábamos que no lo iba a hacer, a mí me echaron por hablar de más, me dieron dos fechas y tal como había dicho, Ibañez me dio dos más. Y ojo que no faltaras a las prácticas”. Agrega que “te potenciaba en el puesto natural tuyo y nunca puso a alguien porque era hijo de fulano. Esperá hasta que te toque. Hace falta eso”. 


En 1996. Parados: Alonso, Henríquez, Sierra, Sauce, González y Cifuentes. Hincados: Herrera, Nelson Di Luca, Mancini, Del Río y Cambre


Todos los jugadores que contaron con la oportunidad de ser dirigidos por Daniel Dinardo lo recuerdan con mucho afecto. “Lo quise muchísimo -destaca Fernando Herrera-. El estaba en Segunda División, yo en ese momento jugaba en Cuarta. Un día hacía un frío tremendo, me ubiqué en el vestuario cerca de una estufa con unas pantallas. A mí me gustaban jugadores como Giunta, Dinardo viene y me dice ‘¿A usted le gusta Giunta y está junto a la estufa? ¡Debe salir y masticar nieve, ya tiene que estar en la cancha!’ Un grande”. 

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En el mundo del fútbol, el apodo con que todos lo conocen es “el Huevo”. Jugó como volante por la derecha, pero también supo adaptarse a otras posiciones. 

 Colegiales logró el ascenso a Primera División en 1995 y en la temporada siguiente, a los 19 años, Fernando Herrera debutó en la máxima categoría del fútbol de la Liga local. Puntualiza que “el técnico era Nelson Caruso”. 

 Cuenta que “el ascenso fue ante Copetonas. La segunda final, en la cancha de ellos, Caruso nos dice en la charla ‘nos van a apurar, van a querer hacernos cinco goles. Son locales, a cancha llena. Hay diez o quince minutos en los van a presionar con todo, tenemos que dejar a la cancha y a Copetonas sin pelota, vamos a sacarlos del partido. Eso hicimos, le llenamos la iglesia -que estaba al lado- de pelotas, las tirábamos bien lejos”. 

En 1996, Colegiales ganó el Torneo Preparación, al imponerse en la final por penales a Quilmes. El arquero era Sierra, también se encontraban en el plantel Alonso, Sauce, Henríquez, Mancini, Cifuentes, Leonardi, Del Río y Cambre, entre otros. 

 Al año siguiente, el arquero fue Smidt, “de los mejores junto a Jorge Flores, según mi opinión”, sostiene. En la segunda mitad de la década del ’90, también se desempeñó en tal función Starópolis y llegaron refuerzos provenientes de Balcarce, así como otros del ámbito local como “Errozarena, Juan Gutiérrez, Javier Villanueva, jugaba Barrionuevo, por citar a algunos. Hemos tenido buenos equipos”. 

En 1999 se incorporó a El Nacional, con Luis Serra como técnico. “El 8 era Daguerre, el 5 Baiza y yo jugaba por la izquierda”, afirma. Es un club que le resultaba interesante, porque “me encantaba el entorno de El Nacional, la banda de música, los jugadores que tenía, miraba mucho las características que tenía Poroto Fernández y por supuesto, el Turco Salomón”. 

Es primo hermano de Alfredo Mársico, quien jugó en Villa del Parque la mayor parte de su carrera. Al respecto, comenta que “cuando jugaban El Nacional-Villa, papá venía a ver a Alfredo. La cancha explotaba”. 

Hace referencia a compañeros como “Emiliano Sánchez, Bocón Vallejos, Diego Costén, Julio Gasaneo, Diego Román, Toto Daguerre, Patón Baiza, Toli Andreasen, Toro Vega, Gonzalo Bellocchi ¡Ese año hicimos una pretemporada intensa, un laburo bárbaro! Armaron el campeonato en zonas, estábamos afilándonos, para un torneo largo hubiéramos tenido un mejor resultado”. 

Define a Serra como “un estudioso” y del mismo modo, expresa que “creo que Sergio Amestoy, a quien tuve luego en Villa, también lo es”. 

 Con el Decano, igualaron frente a Huracán 2 a 2; “en ese partido debutó el Misionero González, el Bocón dijo en el vestuario ‘dejámelo a mí’. La primera que agarró González ni lo olimos, tenía mucha velocidad y potencia. Pero fue un partido lindo, bastante parejo pese a que Huracán ya estaba en otro nivel”, considera. También igualaron con Independencia y con Huracán Ciclista, en este caso 3-3: “nos hicieron tres goles de tiro libre”. 

Al año siguiente, formó parte de Once Corazones de Indio Rico. “Es un club al que querés volver siempre”, valora. Su posición ese campeonato fue como volante más adelantado, porque “empezó a jugar Tapón Morán, yo era un doble cinco y me desprendía, siempre corrí mucho. En el medio además estaban Fernández y Guille Leonardi, Arriba Pablo Julián con Pancho Leoz o el Vasquito Tapia, hice un par de goles. Morán era chico, pero ya le alcanzaba su capacidad para estar en Primera”. 

Tenía previsto regresar a Once el torneo siguiente. Sin embargo, “no se arreglaron los clubes y me fui a jugar a la Liga Comercial con Omar Espinal y Salomón en Chacinados El Chango”. 

En 2005 se produjo su regreso a la Liga cuando lo convocó Villa del Parque, con Sergio Amestoy de técnico y Javier Blanco como colaborador. “En el Preparación llegamos a la final con Huracán Ciclista, se jugó en cancha de Boca. Ciclista hizo lo suyo, no le voy a restar mérito, pero perdimos un partido que era muy ganable, nos marcó para todo el año, no pudimos recuperar el nivel nunca más”, argumenta. 

En el plantel se encontraban “Baiza, Hugo Carrizo, el chico de Elgart, Codonio, Dufour, Nani Ozcáriz y dos jugadores que venían de Olavarría: D’Onofrio y Di Matteo. La parte final del campeonato dirigió Osvaldo López”, sostiene. 

En una etapa siguiente, El Nacional lo volvió a tener en el equipo, con Miguel “Pepe” Escudero como DT. “Entre muchos otros jugadores, me acuerdo del Toro Vega y Omar Espinal. Estuvimos de mitad de tabla hacia arriba, aunque no logramos solidez, éramos irregulares. Termine jugando de marcador central”, explica. 


En 1998. Parados: Starópolis, Queral, Errozarena, Juan Gutiérrez, Alonso y Mónaco. Hincados: Herrera, Nelson Di Luca, Del Río, Bonana y Leonardi


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 Pasó más de un año sin pisar las canchas. Trabajaba en el mantenimiento de parques en diversos lugares. En este contexto, lo llamó José Mario Gastelú; “tenían un inconveniente con el tractor y me pidió que le corte el césped a Olimpo, el técnico era Mario Oviedo. Fui al club a realizar este trabajo y un día José Mario me preguntó si no quería jugar. Dudé bastante, pero decidí probar. Olimpo estaba en Segunda, empecé a entrenar, me costó bastante, arranqué contra Copetonas y ya después el segundo partido ante Argentino en condición de locales me ubicaron como central. Conseguimos el ascenso”. 

El premio por ganar el torneo de Segunda fue intervenir en el Argentino. Fernando Herrera exclama que “para mí era como jugar la Champions, no había tenido oportunidad. Sí pude haber estado cuando Huracán daba los primeros pasos en la gran campaña que lo llevó a Primera, no hubo acuerdo entre los clubes y me enteré cuando había pasado un tiempo. No sé si me hubiera ido bien, pero me quería probar a otra altura”. 

Con satisfacción, dice que “Olimpo me dio la oportunidad, empezamos la pretemporada. Hicimos tres amistosos con Huracán, el primero lo perdimos 1-0 y hubo una diferencia de velocidad muy grande entre los dos equipos. En el otro partido de noche en cancha de Huracán, estábamos cambiados para salir y Scorza me dice ‘¿usted es consciente de que el otro día se comió un baile bárbaro no?’. Ahí me afirmé como marcador lateral, en ese lado jugaban Rivadeneira y Galván, pude asentarme”. 

Olimpo logró un valioso triunfo de visitante ante Estación Quequén, partido en el que Fernando Herrera se lesionó. “Se me lastimó una rodilla, me rompí el meñisco”, indica.

 Como local, frente a Ferro de Olavarría, formó parte del equipo pero llegó “con lo justo y un poco menos. Me expulsaron. Ellos tenían un gran nivel, de hecho ascendieron. Empatamos, no nos hicieron casi diferencia”. 

En cambio, como visitantes “no pasamos la mitad de la cancha, no tiramos al arco. Ferro fue muy superior, tenía otra preparación”. 

Su despedida del fútbol tuvo lugar con la camiseta de Colegiales, entidad a la que volvió. “La idea era terminar en el club. Jugué algunos partidos y me retiré”, relata. 


En divisiones inferiores, en la cancha del Escolar


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 Se muestra agradecido “con todas las instituciones que me llevaron. Es deporte, pero bueno en algunos lugares donde no me fue tan bien hubiera querido tener un mejor resultado y contar con una revancha, por ahí no la tuve”. 

Asimismo, siente “orgullo de haber jugado y sentirme cómodo en los lugares donde pude estar, todos me volvieron a llamar por una razón u otra no volví”. 

Aclara que al momento de nombrar, “es inevitable quedarte corto, de alguien me voy a olvidar. Soy un privilegiado por haber jugado con Lelo Di Luca, Javier Villanueva, Juan Gutiérrez, el Pato Smidt, el Gallego Del Río, el Pitu Alvarez, el Pitu Quintana, el Chile Berruti, Omar Espinal y tantos otros”. 

 Elogia a la Liga local por haber llegado a ser muy competitiva. “Cuando enfrentábamos a Huracán teníamos que marcar a Ceferino Díaz, Nino Godoy, Franklin Martínez, Claudio García. Jugar contra Quilmes era tener enfrente a Cacarito Vázquez, Coronel, Omar Espinal, y además venían jugadores de afuera que potenciaban los planteles”, expresa. 

En el cierre de la entrevista, describe una situación que refleja lo mejor del fútbol. “Me lo encontré a Jorge Flores y nos dimos un abrazo como si no nos hubiéramos visto en treinta años. Nos pone muy contentos vernos”, afirma y anticipa: “tengo ganas de prepárame para venir a jugar algún torneo senior, empecé a bajar algunos kilos y estamos con planes con mi señora de trotar un poco”.  


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En familia

Fernando Herrera está casado con Verónica. “Estamos juntos hace 28 años”, señala. 

Tienen tres hijas: la mayor Denise, de 24 años, se está por recibir de arquitecta; Josefina, de 21 años, estudia Profesorado de Inglés en el Instituto Superior 33; y la más chica, Emilia, concurre a la Escuela Primaria en Aparicio”. 

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En el campo y en la educación

Vive en el campo y trabaja desde hace diez años en el mismo lugar, a siete kilómetros de Aparicio. 

“Ahora le dedico mucho tiempo a la escuela. Estoy de presidente de una asociación en el Centro Educativo para la Producción Total. Son escuelas de alternancia, creadas para las familias rurales. El CEPT tiene jardín, primaria y secundaria”, sostiene Fernando Herrera. 

Sobre la ley de trabajadores rurales, dice que “está atrasada, desactualizada” y valora que “estamos en contacto con el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia. Hemos logrado hacer una cogestión con el Ministerio, creó un área de trabajadores rurales, vinieron un par de veces y organizaron una capacitación. Se trata de brindar información, no de crear conflictos”. 

Observa que “el ámbito rural puede ser duro. Nosotros vivimos en la parte rica del país, en la Pampa se genera mucho dinero por día. Pero hay distintas realidades entre los trabajadores en la provincia y en el país”.