“La falla empieza en la familia”. Afirmó Vizzolini al evaluar las causas del delito en la Minoridad

Policiales

Juventud tresarroyense en riesgo. Hoy, Marina Vizzolini

“Cuando un menor comete un delito grave, siempre hay un adulto con él”

22|05|22 10:47 hs.

Después de una semana particular en materia de hechos violentos, en este caso, con familiares de menores de edad como protagonistas, cobra trascendencia la cuarta entrega de LA VOZ DEL PUEBLO en el marco de una serie de notas a funcionarios, políticos y empresarios ligados de distintas maneras a la juventud local. La fiscal del Fuero de Responsabilidad Juvenil desde hace 10 años y con más de 20 de experiencia en materia penal, habló de la evolución del delito cometidos por menores y sus circunstancias especiales en Tres Arroyos

Notas anteriores:



Texto y fotos: Enrique Mendiberri

La doctora Marina Vizzolini, fiscal del Fuero de Responsabilidad Juvenil de Tres Arroyos, es palabra autorizada a la hora de analizar a los jóvenes de nuestro medio. Desde 1998 es funcionaria judicial, comenzó como auxiliar letrada, luego secretaria, más tarde fiscal de mayores y en el 2008, cuando se crean las Fiscalía de Menores (originalmente dos en Bahía Blanca) comienza a desempeñarse en el fuero como secretaria. 

En esos años fue preparando el terreno para ocupar un cargo a partir de la creación definitiva de la UFI de Menores en Tres Arroyos, en 2012, primero como Secretaría de las oficinas de Bahía Blanca, hasta que finalmente juró en el cargo de lo que es en la actualidad la UFI N°4. 

Hoy, después de tanto camino recorrido, y con el vínculo vivo entre Bahía Blanca y Tres Arroyos, califica como "totalmente distintas", las realidades de ambas ciudades y, a pesar de tocarle el contacto con los chicos en conflicto con la ley, tiene una mirada optimista sobre los jóvenes.

"Yo creo que en Tres Arroyos se pueden hacer muchas cosas. Todavía estamos lejos de centros urbanos como Bahía Blanca, donde se ven delitos verdaderamente graves (a manos de menores). Acá también los hay, pero son muy pocos", sintetiza en el prólogo de la cuarta entrega de notas realizadas por LA VOZ DEL PUEBLO, referidas a la juventud y los riesgos que la rodean en Tres Arroyos, sobre todo luego de conocerse distintos episodios cargados de violencia, abusos y excesos que no dejan de trascender.

LVP: ¿Cómo observa la evolución del delito entre menores a lo largo de todos estos años? 
MV: "Cuando se inició el fuero teníamos muchos robos a mano armada. No es algo muy lineal, pero se nota que hay más audacia. Generalmente cuando hay un delito grave como un robo con armas, un abuso sexual o un homicidio o lesiones graves, siempre hay algún adulto. Si son tres, uno es adulto o un menor punible (de más de 16 años). Es raro que haya un menor solo y, con respecto a las armas, es raro que use un cuchillo y, mucho menos, un arma de fuego". 

LVP: ¿Qué busca el menor que delinque?
MV: "Generalmente celulares. Tanto por la facilidad para venderlo, como por la novedad. También herramientas de todo tipo, como motosierras y todo lo que se encuentra en un taller, elementos perfectamente 'ubicables'". 

LVP: Es común escuchar que un menor es restituído a sus familiares poco después de ser atrapado en algún hecho. ¿Usted toma contacto igualmente con ellos? 
MV: "Desde que el menor es considerado un sujeto de derecho, susceptible de tener un proceso penal, vienen (a la Fiscalía) en el marco de un 308 o en el de un artículo 65, que es el derecho a ser oídos. Son chicos no punibles (menores de 16 años), a los que yo no puedo someter a un proceso penal, entonces los traigo cuando son delitos graves o situaciones conflictivas, como peleas que (ahora) se filman con el celular. Delitos que no llegan a ser graves en cuanto a la calificación legal, pero el chico de todas maneras, tiene que saber de qué se trata como para darle una visión. Debe saber que la violencia no sirve para comunicarse, que debe existir un diálogo". 

LVP: ¿Qué escucha de parte de ellos cuándo tiene enfrente a un menor vinculado a un hecho delictivo?
MV: "Es raro que un chico se explaye, pero a veces, yo tengo la posibilidad de saber un poco más de él. El desafío que yo tengo en este fuero es la posibilidad, a través de nuestros equipos interdisciplinarios, de ver cómo vive ese chico. Cómo está, como está su familia. Si va al colegio o no. Un montón de cuestiones que hacen a la subjetividad de ese chico y que son útiles al momento de resolver cuestiones judiciales". 

LVP: ¿Después de ver cómo son esos contactos con sus familias la llevan a alguna conclusión? 
MV: "La falla empieza en la familia. Puede haber una contención afectiva, pero los adolescentes también necesitan una normativa, o sea, un límite. Tienen que conocer también sus obligaciones v porque no todos son derechos de ellos. También existe el otro, porque el otro es una persona. Hay que generar una empatía que se genera en la casa. Un trabajo que, como padres, no es fácil, pero se hace con el compromiso, con el estar, con el mirar. Yo veo que hay papás ausentes, ya sea porque fallecieron o ausentes en cuanto a su responsabilidad". 

LVP: ¿Cuáles son los hechos en los que los sospechosos no tendrían carencias afectivas de su familia? 
MV: "Hay distintos tipos de delitos. Por ejemplo, esos vinculados a la publicación de imágenes pornográficas o cuestiones derivadas del manejo de las redes, generadas por situaciones que no conocen demasiado. Por ahí me encuentro con papás que no entienden lo que está pasando. Un chico de 16 o 17 años que entra en el sistema penal por un delito grave, ya viene con otros delitos. Empieza con otros chicos, con el daño, con el robo menor". 

LVP: ¿Podemos encontrar un menor con su familia constituída que sale a robar a mano armada o a apretar chicos en la calle para robarles el celular? 
MV: “A un chico que tiene su familia conformada le cuesta más. Imaginate que hay chicos que tienen a toda su familia conteniéndolos, diciéndoles ‘contá con nosotros’ y todavía no sabés qué puede pasar. Pensá en el otro contexto. Si el ser humano no tiene un modelo o un proyecto, un objetivo por qué luchar, es muy difícil. Así, encontramos casos en los que una pareja de jovencitos afronta un embarazo y, a partir de ahí, empieza un proceso reflexivo. Aparecen chicos que dicen ‘ahora que voy a ser papá, voy a hacer esto’, pero no tienen donde vivir y van boyando de casa en casa., El Estado tiene que intervenir de manera temprana en esos casos y de manera muy fuerte, cuerpo a cuerpo”. 

LVP: ¿No son muchos los casos como para pensar en un Estado interviniendo en cada uno de ellos? 
MV: “Acá en Tres Arroyos no. Están detectadas las familias a las que uno tiene que ir apuntando. No es algo que va a ser definitivo, pero un acompañamiento fuerte puede ser útil. Hay que seguir trabajando con esos chicos, incluso después de haber cumplido una prisión preventiva”. 


Marina Vizzolini. La fiscal de Menores estima que en Tres Arroyos se pueden aprovechar los recursos del Estado para salvar a los chicos con problemas con la Ley


LVP: ¿Qué opina de las 'condenas sociales' que piden que los menores 'se hagan cargo' de los delitos que cometen? 
MV: "Tiene mucho que ver la educación. Hay chicos que están fuera de la escuela, no están yendo al colegio. ¿Qué podemos pretender de un chico de 13 o 14 años que no va al colegio? ¿Qué hace? No va al colegio, no hace deporte, el padre no está, porque está ausente, y la madre trabaja todo el día para comer". 

LVP: ¿Qué dicen ante la Justicia los padres de esos chicos? 
MV: "No dicen mucho. De la boca para afuera, puede ser que alguno tenga un discurso. Tengo casos en los que a los padres se les explica que la adolescencia se les termina, que vamos a buscar alternativas porque su hijo va a terminar preso, pero todo sigue igual, es crudo". 

LVP: ¿Es correcto pensar que la impunidad con la que actúan ciertos menores hace suponer que buscan atención? 
MV: "Hay otros chicos que buscan que los miren, porque nunca en su vida lo hicieron y la única manera de lograrlo es cometiendo delitos y quedan filmados por las cámaras de seguridad en todos los hechos. Disfrutan esa situación, piensan 'yo con esto logro que hablen de mí', porque nadie lo hace nunca". 

LVP: ¿Qué puede decir acerca de la curva de delitos en los últimos 10 años? 
MV: “Hay un crecimiento, pero no es muy grande. Por ejemplo, en la pandemia hubo más hechos que en otros años, incluso más graves. Los homicidios del plomero Carlos Fernandez y el de Ferreyra (muertes con menores involucrados), ocurrieron en 2020”. 

LVP: Como madre, ¿Qué piensa cuando se encuentra con estos episodios? 
MV: “Ya de por si la adolescencia es un período complejo de la vida. El adolescente está buscando su identidad y permanentemente busca límites. Más un chico que está en un proceso de formación donde todo va cambiando. Por eso, las respuestas que se le den tienen que ser rápidas. Porque lo que sirve para hoy, puede no ser útil mañana”. 

LVP: ¿Puede hacer un balance sobre la sociedad frente a los distintos episodios con menores involucrados que nos toca vivir en Tres Arroyos? 
MV: “El mundo ha cambiado y los jóvenes también buscan desafíos para estar permanentemente siendo mirados. Los chicos interactúan en las redes y se va deshumanizando la realidad. Lo que uno ve en una pantalla no es lo mismo que podés encontrar mirando al otro. Por ahí, el chico no logra generar los vínculos reales a los que nosotros estábamos acostumbrados. Eso es lo que los aleja de la empatía. El chico que empieza con esos comportamientos es porque no logra ver al otro. Está tan puesto en sí mismo, que queda fuera de sistema”. 

LVP: ¿De esos, cuántos recurren al alcohol y las drogas? 
MV: “La mayoría tiene contactos con sustancias. No adictos, pero si contactos con sustancias, pero a un nivel que no constituye una enfermedad que los conduzca a delinquir. (En Tres Arroyos) No veo que la droga sea determinante para cometer un delito., No obstante, en un combo de juntas, de ausencias de proyectos, de tiempo ocioso, es totalmente perjudicial”. 

LVP: ¿Cuál es el delito que más contrasta históricamente en su comisión con el resto? 
 MV: “El abuso sexual es un delito que ha aumentado. Un delito que es particularmente difícil de tratar. En este Fuero, son tratados cuando tanto la víctima como el agresor son menores. Para probarlo, la Cámara Gesell es clave. Después hay una concanetación de elementos entre los que se encuentra la persona a la que se lo contó primero o los espacios que existen en las escuelas sobre educación sexual. Es tremendo lo que produce un abuso en la psiquis de una persona y el alivio que alcanza una vez que lo cuenta. Hay chicos que empiezan a vivir de nuevo, a reírse, a tener una vida social”.    



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