Stella Maris Gil en La Voz del Pueblo

Sociales

En “Crónicas de una vida desnovelada”

Esta vez, Stella cuenta su propia historia

04|12|22 19:04 hs.

Stella Maris Gil va a presentar el martes a las 19 horas en el Salón Blanco de la Municipalidad su sexto libro, publicado recientemente por la Cooperativa de Trabajo Editorial Caravana. Su título es “Crónicas de una vida desnovelada” y tiene como particularidad que la autora habla del camino que ha recorrido, de su propia historia. 


 En una visita a La Voz del Pueblo, definió como “un desafío escribir sobre mí”. Con una sonrisa, gesto que reiteró en varias oportunidades durante la entrevista, comentó que “alguien me decía que el cerebro es el archivo fisiológico, anatómico, entonces yo escribía y el cerebro me iba contando cosas de mi vida. Es algo que aún hoy sigue ocurriendo, pero el libro ya está editado”. 

En “Crónicas de una vida desnovelada” hay un mapa de la provincia de Buenos Aires, donde aparecen marcados Bahía Blanca, Tres Arroyos y Teniente Origone. Su lugar de nacimiento, su ciudad por adopción -donde vino tras casarse con Luis Jiménez- y la pequeña localidad donde dio clases como maestra rural. 

 En realidad también fue maestra rural en 17 de Agosto, partido de Puán, donde desarrolló su primer trabajo en la docencia. Pero en el libro se refiere mucho a Teniente Origone e incluso la foto elegida para la tapa fue tomada allí; Stella está en el centro, junto a otras cuatro docentes: “yo soy la del medio, la más negrita y chiquitita”, exclamó con buen humor. 

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Stella terminó quinto año en la Escuela Normal Mixta de Bahía Blanca -en realidad cursaba un solo chico por entonces- y se recibió de maestra. 

En las charlas que se daban en las aulas, con la pregunta habitual “¿vos qué vas a hacer?”, ella respondió sin dudarlo: “yo voy a ser abogada sobre todo de la rama juvenil y de niñas para ayudarlos en sus problemas”. 

Se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, pero el tiempo le ha demostrado que “no se puede planear mucho el futuro, va apareciendo, te va llevando de aquí para allá sin que vos te des cuenta”. 

Una ex compañera del Secundario le dijo en mayo, meses después del inicio de la carrera universitaria, que había vacantes para trabajar como docente. “Yo estaba buscando para no depender de mis padres. Me inscribí en Inspección y me enviaron a 17 de Agosto. Fui con mi papá para conseguir un lugar donde dormir y me dieron hospedaje en la casa del cartero, muy sencilla pero con mucho amor ahí adentro”, valoró. 

Siguió Derecho de manera libre, había comprado todos los libros. Así durante algunos meses, hasta que finalmente dejó luego del primer año. En su segundo año como docente, luego de cubrir una suplencia, la convocaron para Teniente Origone. “Ni se te ocurra, decía papá”, recordó. 

Es un destino que quedó especialmente en su memoria. En los pueblos permanecía habitualmente de lunes a viernes, iba y regresaba en tren, en los viajes se encontraba con colegas que utilizaban la misma línea y conversaban sobre sus experiencias en las aulas, cómo había sido la semana. 

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 Cuando vino a Tres Arroyos, a fines de los ’60, era licenciada en Historia. Luego hizo el profesorado también en la Universidad del Sur, en este caso viajando todas las semanas a Bahía Blanca. 

“Es la mejor universidad del mundo -sostuvo y sonrío una vez más-. Ahí estudiaron mis tres hijos también y Luis. Ahí nos conocimos, en realidad en el bar de la vuelta de la Facultad”. 

Luis estudiaba la misma carrera que Stella. “La historia nos juntó”, afirmó ella. Una definición ocurrente y genial. 

En su descripción de los años universitarios, siempre especiales, relató que “frente a la plaza Rivadavia en Bahía, había un bar famoso, que ahora no está más, el bar Londres”. 

Con claridad, como si hubiera sucedido ayer, Stella contó en el diálogo con este diario que “fui un día con portafolio, trajecito, él se reía porque yo era muy formal, corriendo como siempre. Mi hermana me había dicho acerca de un muchacho que iba a la barra de ellos. Nos saludamos.”..

Hay un capítulo del libro que se llama “Me enamoré” y está dedicado “a Luis, mi gran amor”. Otro es sobre “las andanzas de Luis Jiménez”, que estuve en tantas entidades y comisiones como “el cine club, la Biblioteca Sarmiento, la APDH, el Banco Credicoop, entre otras. Yo también al lado de él o sin él, pero siempre los dos moviéndonos, integrados en la comunidad”. 

Por citar solamente dos instituciones, Stella formó parte de la Asociación de Mujeres Universitarias (AMU) y tuvo la alegría de formar parte del CRESTA y dar clases en el período fundacional.

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 “Crónicas de una vida desnovelada” se encuentra muy bien presentado, con cuidado por los detalles. Tiene una fotografía de la escuela de Teniente Origone en la actualidad. “Cómo la consiguió Diego Slagter, no tengo idea”, admitió Stella. 

Las imágenes, incluso para quien no tiene una relación directa con la familia, generan emociones. Sin exagerar, algunas conmueven. 

 Hay una fotografía de sus tres hijos cuando eran pequeños. “Luis Marcelo, que está en Misiones; Diego Miguel, quien reside en Tres Arroyos; y Amparo Inés, actualmente en el paraje Estancia Grande, en la provincia de San Luis”, enumeró. 

Llama la atención, lleva a detenerse, una foto de sus padres Valerio Gil y Sofía Matilde Ferreyra de Gil con los tres hijos de Stella, “en el patio de casa”. 

Otra de ella como directora del Colegio Jesús Adolescente, como parte de la labor fructífera e inolvidable en la docencia. 

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En el libro dedica un espacio a las que llama “mis mujeres poderosas”. Ellas son su abuela inmigrante española, su mamá, su hermana Sofía Noemí Gil y su hija ‘Amparito’. “Fueron y son el sostén de mi vida”. Su otro hermano fue Néstor Daniel, quien falleció. “Tuve dos, muy amados”, expresó. 

 Un colaborador, que escribió sobre la ciudad, es Roberto Rojas. “Lo conocimos cuando los nenes nuestros iban al Jardín. Era presidente de la cooperadora, a través del tiempo nos tratamos y nos conocimos. Me dijo ‘yo tendría que escribir sobre Tres Arroyos, lo que era esa época, los piringundines. Me acordé a través de los años y le pedí que hiciera algo, lo resumí e incluí, es muy lindo lo que aportó”, destacó la autora. 

Es una sección que se llama “Roberto el joven” y plantea en el libro, “qué mejor que un muchacho tresarroyense de los ‘60 para ilustrar costumbres pasadas, algunas todavía presentes en esta ciudad”. 

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 El proceso de escritura requiere un esfuerzo. Reflexionó que “habré ido para atrás, para adelante. Esto sí, esto no, esto me gusta o no porque es demasiado mío”.

En las páginas está ella, el amor, la familia, los lugares con los que se identifica y que recorrió. Compartió ciertos trazos de la obra en este diario. En definitiva, habla de un tema central: “La vida, con piedras, sin piedras”, del devenir de los acontecimientos, el futuro que “va apareciendo” y de todo aquello que forma parte de su identidad.             




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