Carta de Lectores

Psicología

Rencor: Un sentimiento que nos daña

29|04|18 12:33 hs.

Por Claudia Torres (*)


“La verdad que no lo puedo evitar… siento tanta bronca, dolor y humillación por lo que me hizo… no puedo dejar de pensar en eso, no lo puedo perdonar”. Esta frase que escuché al pasar, mientras iba caminando por la plaza me hizo reflexionar y así continúe pensando ¿Quién no lo ha sentido alguna vez? ¿Quién no ha tenido este sentimiento que te tortura y no te permite, en algunos casos, seguir con tu vida de una manera más pacífica? 

Y si… Hoy vamos a hablar de uno de los sentimientos, que junto con la envidia, es de los que más negamos, quizás por que no es muy agradable reconocer que lo sentimos. Cuando tenemos ciertas expectativas puestas en alguien con respecto a cómo se debería comportar y no lo hace, nos sentimos dolidos, decepcionados. engañados, humillados… 

Esto puede producir ciertos pensamientos que se realimentan y son difíciles de superar. Estamos hablando del rencor, una de las emociones más negativas que una persona puede experimentar. De alguna manera, todos hemos pasado por situaciones en nuestras vidas que nos han hecho experimentarlo, quizás la diferencia fundamental sea como lo hemos gestionado. 

Cuando más experiencias negativas vivamos a lo largo de nuestra existencia mayor será el grado de rencor que guardaremos dentro. Por ese motivo debemos intentar superarlo. Digamos que no es el camino ni la vía más favorable para subsanar el dolor interno que alguien nos ha producido. Sólo afecta a quien lo siente. A la persona a la que va dirigida ese rencor le será indiferente lo que podamos sentir hacia ella. 

¿Quién no lo ha sentido alguna vez? ¿Quién no ha tenido este sentimiento que te tortura y no te permite, en algunos casos, seguir con tu vida de una manera más pacífica?


En definitiva, es aquella persona que lo siente la que más daño se hace. Sentir rencor hacia alguien permite que esa persona siempre esté presente en nuestra existencia. El objeto del daño siempre estará vivo en nosotros. Lo más sano para nuestra estabilidad emocional es perdonar y seguir con nuestra vida, alejándonos de aquellas personas que nos hicieron daño. 

Tal vez, en este punto, más de un lector se estará preguntando, ¿Cómo hago para perdonar u olvidar a aquel que me hizo mal? Sé que no es sencillo, pero podríamos intentar gestionar este sentimiento de tal manera, que deje de hacernos daño. 

Muchas veces hemos hablado de la importancia que tiene la palabra en nosotros. Expresa el dolor que sentimos, es importante para que podamos desahogarnos. Este hecho hará que puedas argumentar tus sentimientos pudiéndolos exteriorizar, quizás ayude a expulsar de nuestro interior el odio o el rencor que puedas sentir. 

Otro punto a tener en cuenta es intentar no revivir en tu mente aquello que te hizo daño. Si has exteriorizado tus sentimientos, no retomes el dolor. La aceptación de lo que te sucedió, es un ítem a tener en cuenta. No puedes decidir ni controlar cómo actúan los demás. Si alguien te causo daño quizás no vale la pena tenerla en tu vida. Podemos tomar esto que nos pasó y convertirlo en un aprendizaje, quizás no confiar tanto o bajar las expectativas con los demás o no frustrarte tanto cuando las cosas no salen como pensamos. 

Sabemos que todos cometemos errores, nosotros también. Tras este trabajo de aceptación, solo nos quedaría decidir qué relación mantendremos con esa persona, ya que respetar no significa compartir su forma de hacer las cosas y, por tanto, no tenemos que volver a vivir una situación similar a la vivida. Tengamos en cuenta que quizás la otra persona actúo de esa manera, solo pensando en él… de manera egoísta, sin querer hacer daño de manera conciente. 

Los límites son muy importantes en las relaciones interpersonales. El exterior puede desestabilizarnos emocionalmente en la medida que nosotros lo permitamos. Ponen orden a nuestras vidas nos permite tener una idea más clara de nosotros mismos y nos ayuda a interactuar con los otros, construyendo relaciones más sanas. Saber reconocer y establecer límites nos permite ubicar a los demás en su trato hacia nosotros. Los límites emocionales los determinamos en “cómo queremos que nos traten”. 

Sentir rencor hacia alguien permite que esa persona siempre esté presente en nuestra existencia. El objeto del daño siempre estará vivo en nosotros. Lo más sano para nuestra estabilidad emocional es perdonar y seguir con nuestra vida, alejándonos de aquellas personas que nos hicieron daño.


Es importante entender que al no poder influir en las reacciones de los demás, debemos trabajar sobre nuestras propias conductas. Es el momento oportuno para despegarte del dolor, que solo sirvió para hacerte sentir victima de la situación. 

Aunque existiese la posibilidad de la venganza, nunca esta será la solución a tanto malestar acumulado. Las consecuencias o el conflicto posterior a devolver el daño nunca nos hará sentirnos bien. 

El dolor ajeno nunca calmó el dolor propio. Por lo tanto, la venganza no es el camino que dará solución a nuestro sufrimiento. Es momento de perdonar, a esa persona por hacerte sufrir y sobre todo a uno mismo por no poder evitarlo y haberlo recreado inútilmente. 

Con esto, sentiremos la liberación del sufrimiento, y la descarga de un peso innecesario que nos permitirá vivir el presente de una forma más feliz.

“Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero” Nelson Mandela. 

(*) Lic.Claudia Eugenia Torres M.P.: 40256 
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