La Ciudad

Escribe Gustavo Oosterbaan

Legado y espejo

15|06|18 12:04 hs.

Por Gustavo Oosterbaan (*)


Durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) sucedieron los acontecimientos conocidos como “Reforma Universitaria de 1918”. Estudiantes universitarios de Córdoba protestaron contra lo que consideraban prácticas autoritarias y dogmáticas de quienes dirigían la universidad. 

El conflicto se extendió a otras universidades del país. Con apoyo de algunos intelectuales y profesores, los estudiantes reclamaron la democratización del gobierno universitario, la gratuidad, la promoción de la ciencia, la libertad de pensamiento y la autonomía. 

La Reforma Universitaria sentó las bases de un nuevo ordenamiento de la Educación Superior y amplió el acceso y la permanencia en la Universidad Pública. La institucionalización de la autonomía, el cogobierno y la extensión universitaria en función social no sólo modificaron la relación con el Estado y el concepto de autoridad, sino que alentaron un mayor involucramiento de las casas de estudio en las problemáticas sociales. 

Si las estructuras no logran actualizar permanentemente los cambios, las instituciones siempre estarán retrasadas de las fronteras del conocimiento


A 100 años de la Reforma Universitaria es necesario reflexionar sobre los principios rectores y, muy especialmente en nuestro entorno local para que la Universidad aporte a la sociedad ciudadanos competentes y activos. 

Serán realmente activos solo si son capaces de distinguir lo viable de lo puramente deseable, es decir si su acción se inscribe en una concepción del futuro como horizonte de acciones posibles. 

El impacto sobre la movilidad social explícito en la Reforma Universitaria encuentra en nuestra ciudad su expresión más significativa. 

Con más de 500 graduados, en su mayoría primera generación de graduados universitarios, los tresarroyenses hemos contribuido al desarrollo de nuestra ciudad y región de influencia. 

No se trata de “entregar títulos” se trata de formar técnica, ética y humanísticamente a ciudadanos con alta Responsabilidad Social. Especialmente con su comunidad, toda vez que el servicio fue posible por una Universidad Nacional Pública con el financiamiento de los vecinos. 

El eje central de diferenciación institucional de CRESTA se inscribió en términos de calidad y pertinencia. Los criterios y decisiones sobre los procesos de calidad, las prácticas políticas ante la debilidad de sus posiciones conceptuales o los niveles de desconocimiento al introducir lógicas no académicas, pueden atentar contra el aseguramiento de la calidad. 

En términos de pertinencia, se hace indispensable la transmisión de saberes socialmente significativos. Si las estructuras no logran actualizar permanentemente los cambios, las instituciones siempre estarán retrasadas de las fronteras del conocimiento y sus enseñanzas podrán ser obsoletas en las oportunidades laborales que reclaman esas competencias. 

El riesgo inherente, por falta de planificación y evaluaciones adecuadas de factibilidad, es convertir los proyectos universitarios en “enseñaderos”. Donde el objetivo prioritario solo sea la formación curricular del graduado y se subordine la formación integral, humanística y en valores propia de la Cultura Universitaria. 

La innovación forma parte de la complejidad del espacio Institucional y su tarea resulta buscada, fomentada, porque apoya el desarrollo en el sentido del proyecto Institucional y su ideario. La innovación tiene un potencial de provocación en tanto que cuestiona lo nuclear de la institución. En relación a las características personales de los gestores de la innovación se valoran las capacidades de liderazgo y el conocimiento específico sobre la temática, asociadas con la necesidad de una adecuada política institucional y la obtención de recursos sustentables. 

El CRESTA se constituye como uno de los proyectos culturales más importantes que hemos logrado los tresarroyenses en los últimos tiempos. 

Se trata en definitiva de tomar posición acerca del tipo de sociedad que queremos construir y en la que queremos vivir. 

(*) El autor es docente universitario, actualmente cursando la Especialización en Docencia Universitaria (Universidad Nacional de La Plata). Contador público y Magister en Dirección de Empresas. Fue director del CRESTA desde su apertura hasta 2017