La Ciudad

Entrevista a la médica tucumana Cecilia Ousset

Es católica, no practica abortos, pero quiere la ley

18|07|18 10:30 hs.

La médica ginecóloga especialista en tocoginecología Cecilia Ousset, escribió en el muro de su Facebook una carta que se viralizó días antes de votarse el proyecto de ley en la Cámara de Diputados, y llegó a ser noticia en los diarios nacionales. En el escrito cuenta su experiencia en las guardias médicas en las que tuvo que realizar un legrado (cirugías para inspeccionar o limpiar el útero) a muchas mujeres que habían abortado clandestinamente. 


Sus vivencias la “marcaron” para toda la vida, por eso el título de su escrito es “No soy neutral”. LA VOZ DEL PUEBLO contactó a la médica tucumana, quien accedió a una entrevista en la que contó el trabajo que hace en su profesión y también desde sus creencias, las que no antepone a la vida. 

Para Cecilia Ousset el tema de la legalización del aborto tiene que ver con el principio de equidad. Ella sabe, porque lo vivió en las guardias de los hospitales públicos, que la diferencia de clase social es la que marca el grado de secuelas, las posibilidades frente a la vida futura, pero especialmente, la sobrevida que puede tener la mujer pobre o la que no lo es, frente a la práctica de un aborto. 

Actualmente Cecilia forma parte de un grupo de profesionales que realizan estudios de concientización en el que hay agentes sanitarios, especialistas de la salud mental, enfermeras, todos aquellos que puedan estar en contacto con pacientes. De los análisis realizados, en el grupo en el que trabaja Cecilia notaron que no hay una clara posición contra la ley para legalizar el aborto. 

La médica tucumana explicó que “la idea de legalizar, no es solo despenalizar, hoy como es un delito si una mujer asiste a hacerse un aborto se le inicia un sumario por el crimen. Hemos tenido en Tucumán dos años presa a Belén –nombre ficticio- por un aborto clandestino”, dijo como ejemplo y agregó que “se les realiza un sumario, se les exige que digan quién realizó la práctica, son perseguidas y muchas veces están en tan malas condiciones sanitarias que quedan con secuelas psíquicas y físicas graves o mueren”.

Objeción de conciencia 
Cecilia Ousset señala expresamente que su posición como católica no afecta su postura frente al tema. “Por eso yo aclaro que seré parte de la lista de objetores de conciencia, pero eso no significa que esté en contra de dar un marco legal para que disminuyan las muertes maternas, o para disminuir los abortos. Está visto en los países desarrollados en los que están legalizados los abortos, que cuando esto pasa también disminuyen”, expresó. 

La profesional explicó que cualquier médico -según el texto de la ley con media sanción en Diputados- se puede negar a practicar un aborto por su condición religiosa. Además la mujer católica también puede decidir no abortar, lo mismo el médico practicante, al que le aconsejo “que no haga abortos y ¡listo!”. 

En este sentido, indicó: “Pero hay otra gente que sí puede hacer la práctica en condiciones sanitarias para salvar su vida”. En el grupo de estudio y en la experiencia personal, observó que casi todas las mujeres que se practican un aborto tienen secuelas psíquicas, pero las físicas dependen si es pobre o cuenta con recursos. 

“El aborto es de todas las clases sociales, pero la muerte es exclusiva de los pobres. Lo que estoy diciendo son resúmenes de consultas a las que llegamos en las Sociedades de Ginecología, en este contexto es donde se debe tratar la ley”, manifestó.  

No desviar el tema 
“Las mujeres que no van a abortar por la razón que sea, no lo van a hacer nunca y las que quieren hacerlo, no escuchan razones y lo van a hacer en la manera desesperada que encuentren. Por eso, hay que darle la solución, para que no haya inequidad según clase social”, analizó. 

Asimismo, consideró que entre las mujeres que decidan interrumpir un embarazo, por razones “personalísimas”, se plantean situaciones diferentes; “según la condición económica lo va a practicar en mejor o peor condición sanitaria”, argumentó. 

Recordó que la mayoría de los abortos se producen en el primer trimestre, pero su experiencia fue que esta condición, en general, se da en la mujer más instruida, porque la que no lo es lo hace generalmente en edad gestacional avanzada, “que es peor, además de la condición de clandestinidad”. 

Describió las diferencias de clases que se registran en los casos de abortos, “a las mujeres que les alcanza el dinero para pagar abortos en mejores condiciones -que tampoco son óptimas- generalmente se lo hacen medicamentoso. Sin embargo una caja de misoprosol cuesta casi 3000 pesos y no todas las mujeres tienen esa plata”. 

Indicó, sobre este aspecto, que “al ser clandestino hay un mercado negro del medicamento en el que a cada pastilla se le triplica el precio, lo que lo hace inaccesible para la mujer pobre”.  

Equidad, sin caretas
“Es una inequidad y una cuestión de clase social, ahí es donde debe centrarse todo, no en lo que yo siento o haría o no haría con mi cuerpo o con mi embarazo”, opinó. 

Su creencia católica la ubicó en situación difícil frente a la legalización del aborto. “Creo en el concepto de la vida desde la concepción, es verdad que hay una vida que se muere, pero sino…El eslogan ¿cómo sería? O las dos vidas o ninguna. Esto no es así, porque si es una mujer que no tiene plata se muere”. 

Directamente, apuntó a la sociedad y dijo “o nos sacamos las caretas y hablamos con lo que es. Si a alguien le molesta mucho, mejor es que no hable del tema si no quiere, pero que no se meta, no poner palos en la rueda de algo que no le compete o desconoce”. 

De las estadísticas, dijo que “en los países en los que se legalizó el aborto al principio crece el número, pero porque dejan de ser clandestinos y se conoce el número real. Después va disminuyendo estadísticamente porque son pacientes que van siendo educadas”.  

Educación sexual 
La doctora consideró indispensable que al mismo tiempo que se reglamenta la norma -en el caso de aprobarla el Senado-, a la par, hay que fortalecer una educación sexual integral y cumplir la ley de salud sexual y reproductiva.

“El Ministerio de Salud y Educación deben estar trabajando en forma conjunta y dejar de lado creencias personales, las que no hay que poner por encima de la realidad, que son las secuelas que deja un aborto clandestino o la muerte”, subrayó. 

Explicó que podrían existir centros de interrupción voluntaria del embarazo en el que la paciente sea atendida por un equipo profesional “amigablemente” que le explique lo que le va a suceder. “Es probable que muchas no se lo hagan, hoy al ser un tema tabú se hacen el aborto y después comprenden todas las secuelas que les van a quedar y lo que van a sufrir”, expresó. 

Finalmente, señaló que “cuando escribí la carta como médica y católica me di la oportunidad de dar la vuelta al tema. Creo que el que está en contra no se ha dado esa oportunidad”, concluyó.