La Ciudad

El testimonio de una ex residente

“No me trataban bien”

17|08|18 09:58 hs.

“La comida es un desastre: arroz, fideos, fideos y arroz, arroz y polenta”, indicó Mirta Maseira, una abuela que estuvo ocho meses residiendo en el geriátrico, al que describió como “horroroso”. 


Su esposo padeció un ACV severo y estuvo internado en el Hospital unos cuatro meses. Una vez que le dieron el alta “porque precisaban la cama”, necesitaba mucho personal para atenderlo en su casa. Su familia averiguó y en el geriátrico Casa El Nuevo Sol le aseguraron atención, buena atención, cuidados, enfermería. 

Ambos fueron a vivir allí, porque ella no quiso dejar solo a su esposo, quien tiempo después tuvo un paro cardíaco y lo volvieron a internar hasta que falleció. Ella se quedó, pero no tiene buenos recuerdos. “Un día me llené de ronchas y me picaba y me picaba. Mi hija me llevó al médico que dijo que era sarna. Me recetó unas pastillas y una crema que me la aplicaron. La enfermera de la noche que era bastante atenta me daba las pastillas a las dos de la mañana cuando me tocaba y así me curé. Pero había una señora que había venido del Hospital, porque estaba en el geriátrico de Güemes y tenía sarna, por ahí nos contagió”, señaló. 

Con respecto a la actitud de la encargada, expresó que “Andrea me quería echar para que yo no contara lo de la sarna, me pidió que no dijera nada, así que no hablé más”. 

En sus palabras, queda clara la opinión que tiene del geriátrico. “No me trataban bien. Estoy operada de vejiga, me daban ganas de orinar, pero después no podía pararme, además tengo un hombro quebrado y nadie me ayudaba, una decía que le dolía la espalda, otra que estaba embarazada. Pero yo no me podía agarrar para levantarme. Empezaron a protestar y las escuché decir que yo molestaba”, aseveró. 

Retomó su descripción sobre la comida. “Era asquerosa, el aceite ordinario y viejo, guardaban la fritura de todo el mes en una lata de dulce de batata”. 

“Una noche – relata Mirta- nos dijeron que no había más que caldo para comer, eso pasó dos veces”. Además agregó que “pan nunca hay, traen las chicas de su sueldo”. 

Hace pocos días se fue, pero no volvió a su casa para no extrañar tanto a su esposo. Por el momento, vive en la casa de la ex empleada Miriam Anselmi, a la que le pidió que la acompañara.