Opinión

Escribe Angel Bernasconi

Un recorrido por la historia de la prensa escrita local

14|09|18 19:41 hs.

Puede afirmarse que desde la misma iniciación de su historia, la comunidad tresarroyense contó con medios periodísticos, elementos que se constituyeron en un importante factor coadyuvante de las ansias de progreso de la incipiente población que nacía a la vida civilizada en las postrimerías del siglo XIX. 


Es así que la paulatina evolución de la comunidad tuvo en la prensa escrita no solamente un auxiliar en múltiples sentidos, tanto en el orden material como en lo que se refiere a la faz de la defensa de los derechos democráticos, muchas veces conculcados por los poderes políticos imperantes. 

No son totalmente certeros los datos referentes a los primeros órganos de prensa con que contó Tres Arroyos. Con seguridad sí se conoce que el 9 de julio de 1887, es decir cuando la localidad contaba con sólo tres años, vio la luz el periódico “El libre del Sur”, que surgió por iniciativa de Teófilo Gomila, quien se distinguiera además como un gran propulsor del progreso regional.



El mismo año comenzó a editarse “La Reforma”, con la dirección de Angel Insúa. Al margen de ello, indagaciones realizadas en archivos comunales, más precisamente en lo referente al Concejo Deliberante, dieron por resultado la comprobación de que se hallaron referencias al pago de publicidad de dos publicaciones anteriores a las mencionadas correspondientes a algunos años antes. 

En este caso se trata de los periódicos “La Reforma” y “La República”, de los cuales no se conocen mayores detalles.

Perseguidos 
A partir de esa época, puede afirmarse que Tres Arroyos no careció en ningún momento de órganos periodísticos, salvo algún interregno de escaso tiempo. Esos medios, en general opositores a los gobiernos de turno, debían afrontar duras circunstancias y persecuciones. Teófilo Gomila, por caso, desde las páginas de “El Libre del Sur” desarrolló una prédica en severos términos, enjuiciando los desaciertos de los gobernantes de turno o la falta de cumplimiento de normas básicas del quehacer comunal. 

El órgano de prensa, al igual que otros, debía soportar con frecuencia duros ataques del oficialismo. Y no solamente de palabra, como lo demuestra lo que debió soportar Gomila en noviembre de 1892 en momentos en que se encontraba trabajando en su escritorio del domicilio que poseía frente a la plaza San Martín. 

Allí, desde la calle, y a través de una ventana, le efectuaron dos tiros de arma de fuego, que afortunadamente no dieron en el blanco. Su periódico dejó de aparecer el 7 de octubre de 1899. Con una población en decidido crecimiento, en las décadas siguientes hubo muchas publicaciones que fueron haciendo su aparición, algunas de ellas, por cierto, de vida efímera. 

Entre los periódicos que alcanzaron mayor trascendencia se pueden mencionar a “La Provincia”, “El mercurio”, “Diario de Pueblo”, “La Reforma”, “Justicia”, y en años más recientes “La Comuna” y “La Hora”. El 1 de mayo de 1901 vio la luz “La Voz”, con la dirección de Ricardo Fernández, que se constituyó en la primera hoja periodística del siglo XX y fue, a la vez, la precursora de LA VOZ DEL PUEBLO.

“La Voz” era de carácter semanal y constaba de solamente cuatro páginas, contando Fernández como colaborador de Juan Alzola, propietario del establecimiento gráfico denominado “La Unión”, que se hallaba ubicado en la calle Maipú al 200. Ricardo Fernández tuvo una larga y activa vida periodística, ya que años después de haber dejado de aparecer dicha hoja, echó las bases de “La Reforma”, y además, al haberse lanzado a la palestra LA VOZ DEL PUEBLO fue un colaborador frecuente de este periódico. 

Como hemos dicho, “La Voz” fue la publicación precursora. El 14 de setiembre de 1902 hizo su aparición este diario. Fue en sus inicios, por cierto, un vocero de los intereses políticos representados por el radicalismo, pero sus páginas estuvieron siempre abiertas a todas las inquietudes populares de diversa procedencia, tendencia que se acentuó a lo largo de los años, convirtiéndose en verdadero vocero de los intereses de la comunidad y la región. 

En sus primeros tiempos, la publicación fue de carácter hebdomadario. En 1905 se trasladaron los talleres y la administración desde Maipú 224, donde funcionaba la imprenta “La Unión”, a la calle 9 de Julio entre Moreno y Colón. Allí se convirtió en diario, modalidad que no variaría con el transcurrir del tiempo. 

Ese local, de construcción antigua, fue abandonado el 31 de enero de 1931, pasando a instalarse en calle Independencia (hoy Hipólito Yrigoyen) número 245, donde contaba con mayor espacio para el desarrollo de su actividad. Casi un año después, el 23 de diciembre de 1931, el diario fue clausurado por la policía alegando “orden superior”, medida que se prolongó hasta el 1 de abril de 1933.  

Evolución 
El 31 de marzo de 1937 se da comienzo a otra etapa de importancia en la existencia de LA VOZ DEL PUEBLO, y que en esa jornada se instaló en la primera cuadra de la calle Colón. 

Allí se desarrollarían paulatinamente importantes avances, tanto en lo que se refiere a la parte técnica como en la ampliación de los servicios informativos. 

Además de las distintas mejoras en la parte tipográfica, se contó con una verdadera novedad para la ciudad, la instalación de una sirena, que de ahí en más se haría sonar para hacer saber a la población que se había producido un acontecimiento de importancia. El diario se mantuvo en ese local hasta el 1° de mayo de 1995, día en que se trasladó con toda su infraestructura.

Esta vez lo hizo a su propio edificio, en San Martín y Almafuerte, que fue objeto previamente de importantes modificaciones con el fin de adecuarlo a las necesidades de las distintas secciones, sobre todo las partes de armado e impresión. Enrique Betolaza, el fundador del diario, desarrolló una fecunda labor no solamente en el ámbito periodístico, sino también en el político -como se sabe el comité local del radicalismo lleva su nombre- y en el social. 

Su intensa actividad y su inclaudicable defensa de los intereses populares le valieron ser objeto de ataques por parte de los políticos corruptos y de los sectores oscurantistas. Todos esos ataques tendrían su culminación una desgraciada jornada de 1917 en que fue alcanzado por el plomo homicida, en un cobarde atentado, que ocasionó su muerte al cabo de un mes. 



En esos primitivos tiempos de duras confrontaciones, otros hombres de valía y de pluma valiente fueron sucediéndose en la dirección y la redacción del diario: Pablo Cantagalli, Teodoro Alanís, Guillermo Vélez, Antonio Fábregas, Adam F. Jiménez, Evaristo Bozas Urrutia, Juan B. Carrere, Marcos Maceiras, Juan B. Aranguren, José I. Brizuela, Manuel Romero Aguirre y Julio Rivas. 

En los últimos años de la década del 30 se incorporó Nicolás Di Palma, quien actuó en carácter de secretario de redacción hasta 1952 en que se produjo su fallecimiento. 

A partir de allí esa función fue ejercida por F. Genaro Greco, quien dejó el cargo en 1972, pasando entonces a cumplir esa función Hugo Arturo Pérez, que tuvo una destacada actuación hasta su prematuro fallecimiento en 1989. 

Fue reemplazado en la jefatura de redacción por Mario Ceriani, quien tras muchos años de labor también dejó de existir en forma imprevista en 2009. Desde entonces se halla a cargo de la redacción el periodista Alejandro Vis.