La Ciudad

Lo pidió la nieta de Martín Reta

Que el camping “quede donde está”

16|09|18 10:29 hs.

Por Fernando Catalano


María Etelvina Hernández Montero de Dosio -o Maritel- recuerda con ternura a su abuelo materno, Martín Reta. Fue un próspero productor agrícola ganadero, pero ella le reconoció la especial virtud de ser un verdadero visionario, y sobre todo generoso. 

Regaló a la Provincia parte de sus tierras para asentar allí un pueblo con las dependencias necesarias. Años después el municipio reclamaría al pueblo como de su propiedad, y de a poco las buenas intenciones de aquel hombre favorecedor comenzaron a verse afectadas por decisiones tomadas por encima de su gesto altruista. 

También recuerda que su madre, Etelvina, hija de Martín, debió pelear durante muchos años después de la muerte de su padre para que se cumpliera con el cargo incluido en la donación que hoy vuelve a tener protagonismo tristemente porque el gobierno municipal de Tres Arroyos intentó lotear tierras que el antiguo propietario regaló para que se utilicen en paseos y espacios verdes. 

El gesto de su abuelo merece que exista “un organismo municipal local que cuide el patrimonio de Reta, que lo proteja, que lo defienda ante toda irregularidad. Para que no hayan más decisiones arbitrarias, ni intenciones que -por más buenas que sean- vayan por sobre lo que debe ser”


En este contexto, un capítulo aparte merece el camping municipal Martín Reta, que el municipio quiere reubicar en un sector del poblado que hoy no tiene servicios. 


Martín Reta fue un próspero productor agrícola ganadero. Pero se destacó por su faceta altruista, ideó el pueblo que lleva su nombre y donó generosas extensiones de tierra


Maritel, de niña, abrazada con su madre, Etelvina Reta


O cumplen, o devuelven 
“Pobre vieja mía, mi mamá estuvo por 40 años pidiendo y luchando para que se cumpliera con la donación y el cargo como él lo había soñado, o fuera devuelto a la familia”, confió Maritel. 

Harta de reclamar porque los espacios verdes y paseos comiencen a verse, Etelvina decidió donar -aparte- la punta de las 35 hectáreas que su padre ya había regalado, para que allí funcione el camping municipal, Martín Reta.

Fue entonces que a partir del tenor del reclamo de la madre de Maritel, que “ese cargo que no había sido cumplido en más de 40 años comienza a verse. Se empieza a forestar, se hacen los baños públicos y hasta una construcción que quedó un poco hundida que habían pensado para el Centro de Jubilados y después terminó con el colegio”, dijo. 

Igualmente la nieta de Martín resaltó al proceso de forestación como lo más importante en el cumplimiento del cargo. Y del camping dijo que fue pensado “con un criterio más ecológico, que tuviera cuidados, lugar de esparcimiento con baños, agua buena, plantaciones y demás”. 

“Que quede ahí” 
Hoy al conocer la intención anunciada del gobierno municipal de pretender reubicar el camping municipal, cambió su tono de voz y mostró que no está de acuerdo. “Prefiero que quede donde está. Mejorarlo todo lo posible, darle más servicios a la gente. Pero que quede ahí”, afirmó la mujer que mantiene un contacto periódico con la localidad, sobre todo en verano. 

Recordó además que el camping se ubicó haciendo cruz con el que resultó ser el primer hotel del balneario. Se trató del Hotel Reta, cuyo edificio con el paso de los años pasó a ser de la cooperativa, posteriormente se convirtió en departamentos y luego en un mercado. 

En su momento el hotel contaba con una bajada compactada con pedregullo mejorado que se extendía hasta la playa, y que el movimiento de la arena finalmente fue tapando. “Ese trayecto fue utilizado por los vehículos de la época para bajar hasta la orilla del mar”, repasó al valorar el modo en que se hacían las cosas en aquellos tiempos. 


Maritel en su escritorio con el plano de la primera entrada vieja al balneario por el campo que se llamado La Casualidad. También era tierra de su abuelo


“Por el costado de la ley” 
Mientras la charla con Maritel prosiguió entre los gratos recuerdos familiares del pasado en Reta, con los temas que cobraron actualidad y se chocan con su historia familiar por decisiones que quiere llevar adelante el gobierno municipal, el tono de su conversación ya expresa desilusión y rechazo. 

Cuando se la consulta por la intención -expresada por el municipio- de volver a lotear tierras donadas con cargo por su abuelo, afirmó que a pesar que le gusta ver que “que la ruta permite que más gente llegue al balneario, que cada año hay mejores casas, va más gente, se ve más movimiento y hasta negocios puestos con otro criterio, con otro gusto; sí me molesta que se hagan las cosas de un modo arbitrario, o por el costado de la ley. Eso me desagrada. No lo veo justo. No está bien, nadie es el dueño para que se le ocurra hacer algo y hacerlo”, soltó la mujer que desde muy chica vio cómo llegaban los turistas a disfrutar de la playa en una casilla, cuando aún no había casas en el balneario.  

“Nada de esto es nuevo” 
Maritel también tiene claro, después de la lucha que atravesó su madre hasta entrada la década del 80, que en la actualidad no puede haber ninguna autoridad de gobierno que “desconozca” la existencia de la donación con cargo hecha por su abuelo. “Claro que lo conocían al cargo. Nada de esto es nuevo”, afirmó. 

Y si bien asegura desconocer a las actuales autoridades municipales, como a las anteriores, sí retuvo el recuerdo de (Cocorolo) Foulkes. El primer intendente de la democracia, y de la Unión Cívica Radical, es a quien su madre le nombraba por apoyar sus reclamos para que se cumplieran los deseos del abuelo Martín. 

“Sí me molesta que se hagan las cosas de un modo arbitrario, o por el costado de la ley. Eso me desagrada. No lo veo justo. No está bien, nadie es el dueño para que se le ocurra hacer algo y hacerlo”, aseguró Maritel


De todas maneras, la nieta reclama que el gesto que tuvo su abuelo para con la comunidad merece que exista “un organismo municipal local que cuide el patrimonio de Reta, que lo proteja, que lo defienda ante toda irregularidad. Para que no hayan más decisiones arbitrarias, ni intenciones que -por más buenas que sean- vayan por sobre lo que debe ser”, que en este caso sería ni más ni menos que respetar las condiciones de la donación. 

“Con otro criterio” 
No alcanzó a conocer a su abuelo, sin embargo creció escuchándolo todo sobre él. Como consecuencia heredó desde la sangre el sentimiento de orgullo, de pertenencia, arraigo y el amor por la historia del lugar -y sobre todo- por la ilusión y visión que tuvo aquel hombre que por más generoso que fuera “muchas cosas no se siguieron dando como él las soñó”. 

“A raíz de las notas yo estaba recordando que una persona que no tenía demasiada instrucción o educación formal ideó un pueblo con todo lo que tenía que tener”, sostuvo. 

Fue así como Martín Reta proyectó “la plaza, el registro civil, la iglesia, la casa del párroco, la escuela, el jardín. Todo diagramado y de buenas a primeras veo, a lo largo de los años en mi vida, que una iglesia está en una punta, la otra está en la otra punta, la plaza a veces está muy cuidadita, y otras veces es como que no existe”. 

Su nieta hoy lamenta que después que todo fuese pensado con generosidad ahora debe ver “con asombro lo de los lotes y el camping, el sacar y poner como fichas de dominó algo que estuvo soñado, pensado, donado, regalado para la comunidad con otro criterio, con otra visión, con otra seriedad”. 

“No fue arbitrario” 
Como ejemplo contó que “no fue arbitrario” ceder los espacios de la línea más próxima al sector poblado. “Fue hecho en función de donde llega el máximo de la marea, y a partir de ahí está todo estudiado, como los metros a partir de los que puede haber población, o tierra para habitar”. 

A este aspecto, según Maritel, su abuelo lo consultó con un arquitecto que él mismo buscó. “Y fue así como hizo también la famosa donación con cargo de esa primera franja de 35 hectáreas que las reservó para parque público y para paseos”. 

Hoy al ver cómo avanza la construcción sobre la primera línea de médanos y hasta en proximidades de la albúfera, dijo desconocer quien autoriza ni con qué conocimiento -o criterio- esos emplazamientos, por lo que también se mostró en contra de las construcciones frente al mar.

La mujer que hoy extiende en su nieto, el fotógrafo profesional Lucas Chillemi, el amor y el arraigo por Reta, admite sentir “en el alma que se haya transformado de buenas a primeras en algo más anárquico donde uno no sabe bien quién autoriza, desautoriza, pone, saca o corre las cosas. Eso me preocupa”, dijo en alusión a cómo -por ejemplo- se intentó volver a lotear terrenos donados con cargo.