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Nubes dispersas

La Ciudad

Escribe Marcos Fersen

Flor de guerrera

07|10|18 10:25 hs.

Por Marcos Fersen


“Un año. Un año de que una simple tapita cambie mi vida. Un año de que un poco de falta de sueño pusiera mi vida en el filo. Un año de que un segundo de inconsciencia me dejara en terapia intensiva. Quién iba a decir que ya pasó un año. Quién iba a decir que iba a poder estar festejando este año. Quién iba a decir que iba a soportar todo lo que conlleva un accidente de tal grado. Cómo no voy a festejar si hasta a mí me es difícil de creer estar viva! La vida es un 10 por ciento lo que te ocurre y un 90 por ciento cómo respondes a ello”. Facebook de Florencia Hansen, 30 de septiembre de este año. 

Fue un posteo simple. La frialdad que siempre tienen los números indica que el párrafo anterior cuenta con nueve oraciones y cuatro interrogantes bien marcados. Sin embargo, esa composición muestra mucho más que eso. Refleja lo que Florencia Hansen, una joven de 20 años oriunda de Claromecó, sintió cuando se cumplieron 365 días del, para ella y todo su entorno, fatídico 30 de septiembre de 2017.

“Nada en la vida pasa porque sí. Por algo pasó lo que pasó. Y también por algo fue que, con semejante quemadura y con tan pocas probabilidades de seguir con vida, yo siga con vida. Lo pienso así”, señaló Florencia, quien lejos estuvo de bajar la guardia luego de una jornada que, seguramente, nunca olvidará. 

Ese día, un descuido casero que la misma Florencia tuvo la dejó al borde de la muerte. Sin embargo, la joven nunca se rindió. Se sobrepuso a la adversidad y salió victoriosa en cada batalla que protagonizó luego del accidente que sufrió en su casa de Claromecó. Y en la actualidad, a poco más de un año de la explosión de una salamandra que le quemó el 63 por ciento de su cuerpo y que casi le quita la vida, va por más. Mientras, en capital federal, atraviesa por una recuperación lenta pero segura, lucha para cumplir con sus sueños y metas. A tal punto que por estos días definirá si en el 2019 empieza a estudiar Derecho o Medicina, dos carreras que le atraen mucho. 

“Siempre que nos levantamos, aunque sea una frase hecha, hay que agradecer que podemos empezar un nuevo día y estar con las personas que uno quiere, haciendo lo que uno quiere”


-¿Cómo va la recuperación? 
- La recuperación va bien. Hay que tener paciencia porque es lenta. Sin embargo, todo lo que fueron heridas provocadas por el accidente ya cerraron y lo único que queda es hacer cirugías reconstructivas de algunas zonas, como en el cuello o axilas para recuperar movilidad. A eso se le suma toda la kinesiología que estoy haciendo para volver a recuperar masa muscular, fuerzas en las piernas y movilidad en los brazos. En comparación a lo que fue el accidente, y según lo que me dicen los médicos, la recuperación es rapidísima, aunque ya llevamos un año. A veces cuesta y uno se cansa. Me doy cuenta que voy bien cuando logro hacer cosas que dos meses atrás no podía hacer. 

-¿Cuántas operaciones tuviste desde el día del accidente hasta la última intervención? 
-Pasé por una grande, en la que se hicieron los injertos de piel. Después tuve muchos toilettes quirúrgicos, es decir, entrar a quirófano con anestesia general para que los médicos hicieran un raspaje con el fin de limpiar toda la piel estropeada. Eso me lo hice una vez por semana. No tengo contabilizada la cantidad de veces que entré a quirófano para ese procedimiento. Además, me hicieron una traqueotomía, injertos y los toilettes. Hace mes y medio entré también para la colocación de unos expansores en la espalda para poder acomodar una piel que se hará en una próxima cirugía con el fin de una reconstrucción de cuello. 

El 30-S
El 30 de septiembre del año pasado, Florencia, luego de su trabajo, amaneció un tanto dormida. Su único objetivo en aquella mañana tener todo en condiciones para darle una feliz bienvenida a su padre, quien regresaba a casa luego de un problema de salud. “Del día del accidente recuerdo todo. Me levanté luego de haber trabajado y, con el cansancio todavía encima, prendí la salamandra. Hice algo de persona inconsciente. Eché una tapita con alcohol en la salamandra que, por lo visto tenía restos de brasa, y explotó”, relató. 

Ese descuido fue letal para Florencia. Las llamas se expandieron rápidamente y abrazaron parte de su cuerpo. A partir de ahí todo cambió en la vida de la joven claromequense. “Creí que sólo me había quemado el pelo. Voy al baño, me mojo la cabeza y cuando me miro al espejo veo que me estaba quemando parte del tórax, abdomen y brazos”. 

Al ver las consecuencias del accidente sufrido, pidió ayuda, aunque en ese entonces -según dijo y a pesar de lo ocurrido- su único objetivo era dejar su casa en condiciones de cara al regreso de su padre. “Le escribí a Graciela, mi abuela, y ella mandó a su marido a ayudarme. Cuando él llega, me dice de ir al Hospitalito y yo le digo que no porque tenía que prender la estufa y limpiar la casa porque estaba llegando mi papá”. 

Tras ser convencida, Florencia fue acercada hasta el centro de salud de Claromecó, desde donde rápidamente la trasladaron al Hospital Pirovano de nuestra ciudad. “Recuerdo cosas puntuales, como por ejemplo, la cara de miedo de mi hermana. Y escuchaba a los enfermeros que decían que me tenían que sacar de ese lugar porque estaba muy quemada. Y que no me iba a ir bien”.

La delicada situación obligó a los médicos locales a decidir un traslado urgente a un centro de mayor complejidad, pero el panorama, a medida que pasó el tiempo, se puso cada vez más oscuro. “Me tenían que trasladar pero no había lugar por ningún lado. Yo me quemé al mediodía y recién pude salir de Tres Arroyos pasadas las seis de la tarde. Los hospitales de quemados estaban llenos. No había camas. Se logró conseguir una cama de terapia intensiva de la Clínica Itoiz de Avellaneda. Ahí me atendieron y entré a quirófano, donde me hicieron lo principal, que fue ponerme un tubo para que pudiera respirar porque tenía vías aéreas comprometidas”, recordó Florencia. 


En Buenos Aires, Florencia tiene su sostén. Brenda, su hermana mayor


Con un 63 por ciento de su cuerpo quemado, la joven permaneció casi dos meses en terapia intensiva. Entre su cuello y cintura, sufrió quemaduras de primer y segundo grado, de las cuales todavía hay marcas que, de acuerdo a lo que le adelantaron los especialistas que la atienden en Buenos Aires, desaparecerán luego de una pronta y nueva intervención quirúrgica. “En el cuello hay que hacer todavía una cirugía reconstructiva. Gracias a Dios tengo un cirujano muy bueno que sabe cómo solucionar el tema, dejando que no haya mucha cicatriz y logrando un cuello normal, por decirlo de algún modo. Al brazo derecho no puedo levantarlo porque no se puede separar bien la axila. Eso hace que no pueda subirlo, ni tampoco moverlo mucho hacia adelante. El brazo izquierdo, a diferencia del otro, no tengo quemada la parte interna de la axila. Tengo movilidad reducida, aunque un poco más que brazo derecho”, describió. 

En tanto, agregó: “El otro día estaba lavando los platos y en un segundo se me cruzó por la cabeza que, hace ocho meses, eso era algo que no lo podía hacer ni de casualidad. Y ahora, con algunas limitaciones, puedo hacer una vida normal”. 

-¿Ahora en qué etapa estás de la recuperación? ¿Cuánto tiempo más, según te han dicho los médicos, vas a seguir en Buenos Aires? 
-Los tiempos no son exactos. Estoy en la última parte de la recuperación. Quedan cirugías reconstructivas, es decir, acomodar lo que la quemadura provocó. Son todas fechas estimativas, no hay nada certero. Se calcula que a fin de noviembre voy a estar en cirugía, pero tampoco es seguro. 

En la medida que transita por el camino de la rehabilitación, Florencia vive en Buenos Aires junto a Brenda, su hermana, a quien la definió como su sostén. “Mi vida en capital es bastante sencilla porque no conozco a mucha gente acá. Vivo en un hotel que me dio la obra social y estoy con internación domiciliaria. Todos los días viene una kinesióloga y una enfermera”. 

Mientras tanto, mata el tiempo mirando series, películas o escuchando música, siempre en compañía de su incondicional hermana. También pinta mandalas, una actividad que descubrió cuando estuvo en terapia intensiva. En su relato, reconoció que sale poco a calle. “Se hace difícil porque la gente mira mucho. No está acostumbrada a ver algo distinto o, mal llamado, raro. Que te miren, cuesta. Pero creo que hay que salir igual. Es cuestión de aguantarse las miradas”. De todos modos, -agregó- “hago una vida bastante casera. Siempre tengo la visita de conocidos y amigos de Claromecó y La Plata”.  

-¿Cómo tomaste todo lo que te pasó? 
- No hay muchas opciones. Era ponerse triste, encerrarse a llorar en una habitación y hacer que la recuperación sea más lenta; o ver el lado positivo, que estoy viva. No había tantas esperanzas de para que eso suceda. Uno siempre tiene que ser positivo y salir adelante, sin importar lo que haya pasado. Si uno le pone ganas, se puede salir adelante. Siempre hay que pensar en el futuro, en estudiar o en trabajar. Siempre con la mente ocupada en lo que nos gustaría hacer para evitar los ataques de bajones o tristezas. Siempre hay que estar alegres y ser positivos. Siempre que nos levantamos, aunque sea una frase hecha, hay que agradecer que podemos empezar un nuevo día y estar con las personas que uno quiere, haciendo lo que uno quiere. Se me dio -indicó- por hacer muchos chistes con lo que me pasó. Humor negro. Gracias a dios tome todo con mucho humor, más allá de que soy consciente de que hubo mucha gente que se preocupó mí. Pero a pesar de todo, sé que hoy estoy y hay que reírse. Hay cosas que molestan y duelen. A veces me miro al espejo y digo: “mirá cómo cambié de un día para el otro, sin pensarlo. Pero me lo voy tomando con humor y adaptándome”. 

- ¿Valoras más ahora las cosas sencillas de la vida? 
- Siempre fui de valorar las cosas sencillas, pero cuando a uno le pasa algo así se da cuenta que tiene que disfrutar más de lo cotidiano, como por ejemplo tomar un mate con amigos, reírse, salir a caminar… A veces metemos excusas y no sabemos si mañana tenemos la oportunidad de hacerlo. Hay que aprovechar todos los momentos. No sabes que te puede deparar el destino para dentro de una semana, un mes o mañana mismo. 

-¿Qué sacás de positivo de todo lo que viviste y estás viviendo? 
-De todo se puede sacar algo positivo. Con estas situaciones, uno se empieza a dar cuenta de la gente que, realmente, está en las malas. Son muchas las personas que rezaron por mí, que mandaron cartas, fotos, virgencitas, presentes, rosarios. Muchas cosas que las tengo guardadas a todas. Esto deja muchas enseñanzas. Y para mí eso es muy positivo, saber quiénes son mis fieles compañeros que estaban en las buenas y en las malas. Obviamente, de mi parte, siempre van a tener una mano mía el día que la necesiten. 

- ¿Cuál fue el peor momento anímico que pasaste y qué te aferraste para seguir adelante? 
-Lo que más tristeza me generó fue notar la ausencia de personas que uno pensó que siempre iban a estar. Nunca me iba imaginar que no estarían en este mal momento. Esa fue una de las grandes tristezas que pasé después del accidente. Me aferré a no lastimar a los demás. Uno quiere seguir para ver que la otra persona que tanto lo ayudó esté contenta. También me aferré y pensé en todas las personas que me mandaron cartas y afiches. Tenía para empapelar toda la habitación. Son cosas sencillas que ayudan mucho en una situación tan fea. 

- ¿Volviste a Claromecó después del accidente?
- Hice una visita relámpago. Fui a buscar unas cosas que necesitaba y a saludar a Graciela y a Franchino. Fue un solo día. Y vi a mi querida salamandra. Fue difícil verla porque tomé consciencia de la dimensión del accidente.  

-¿Qué se te pasó por la cabeza en ese momento? 
- Estar frente a la salamandra fue una sensación rara. Era en invierno y estaba encendida. Ver cómo estaban marcadas unas cortinas me dio escalofríos. Ahí me di cuenta de lo grande que fue la explosión. Pero gracias a Dios nunca le tomé miedo al fuego después de lo que pasó. 

En el cierre del contacto con este diario, Florencia Hansen agradeció a cada una de las personas que, de alguna u otra forma, estuvieron y están presentes. Vivió una situación límite que la puso al filo de la muerte.

Sin embargo, camina a paso firme por la senda de la recuperación; siempre con la idea de mirar hacia adelante, pase lo que pase. Florencia es una flor de luchadora. Así lo demostró y lo seguirá demostrando.