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Las perturbaciones por las crisis económicas

14|10|18 01:27 hs.

¿Quién puede negar los hechos que vivimos a diario? “El sueldo no me alcanza, creo que voy a tener que recortar ciertos gastos… no sé cómo voy a hacer para cubrir el alquiler, la mutual, el colegio de los chicos, los servicios, los impuestos etc. etc.”.


Y así podríamos seguir enumerando un sin fin de situaciones que nos producen un malestar diario, a veces muy difícil de sobrellevar.

No vamos a hablar de política ni de economía, pero si, intentaremos reflejar como nos perturban las crisis económicas a nivel psicológico. 

Este contexto podría afectarnos de manera particular o a algún familiar y claramente repercutir en los vínculos interpersonales. Es que una situación laboral complicada, tanto por desempleo o su amenaza como por precariedad, puede tener graves repercusiones en la salud mental. 

La crisis implica cambio, generalmente traumático. Trae consigo la inestabilidad de una realidad que considerábamos firme y segura. Nos arrastra hacia la incertidumbre de un futuro que se nos muestra difuso. Toda esta situación tiene una serie de consecuencias más allá de lo económico, sus secuelas tocan los pilares más importantes de nuestra vida. 

Se suele vivir estos tiempos con mucha inseguridad, podemos deducir cuando fue el comienzo pero no cuando será el final de esta situación. Logramos ver a distintas personas con alguna de las problemáticas relacionadas con la crisis y el mundo laboral: aquellas que se han quedado sin trabajo, muchas de ellas llevaban una larga vida laboral y de repente se han encontrado en una situación totalmente nueva, y otras que están trabajando bajo un alto nivel de presión que les exige rendir cada vez más y realizar sus tareas con menos ayuda.  

 El no tener una posible continuidad luego de haber disfrutado de ella durante cierto tiempo, puede provocar un importante sentimiento de frustración. Del mismo modo, pueden sentirse altamente frustradas todas aquellas personas que terminan sus estudios, desean iniciar una carrera profesional, y la imposibilidad por desarrollarla les conduce hacia un estado de importante desmotivación. 

Como podemos ver, tanto empresarios como trabajadores asalariados están afectados por esta incertidumbre que mencionábamos al principio, este no saber cuándo la situación de crisis terminará, todo ello acompañado por una elevada desmotivación y desilusión. 

 Ante el hecho de verse presionado por este cinturón tan apretado, puede llega a provocar una real sensación de ahogo, que podría derivar en sintomatología ansiosa, depresiva y que podría ocasionar un trastorno del estado de ánimo. 

Si indagamos la emoción que define esta situación de crisis, podríamos decir que se trata de miedo. El no saber qué va a ocurrir, genera miedo. Solemos distinguir, un importante agotamiento, y con ello la existencia paralela de un intenso estrés laboral. 

Por otro lado también es cierto que, entre aquellos grupos de personas que mantienen su puesto de trabajo y se sienten satisfechas en él, existe ilusión y un especial cuidado del mismo para no perder lo que se tiene; no todos los sentimientos son negativos, también existe, por suerte, esperanza y motivación por seguir trabajando y ser productivos. 

Pero la ansiedad no deja de ser una de las muchas secuelas que pueden sufrir las personas en situaciones de crisis o precariedad prolongada. Pueden aparecer otros trastornos asociados como por ejemplo los trastornos de sueño, trastornos de alimentación, ludopatía, el incremento de programas de televisión relacionados con el juego o el aumento de las ventas de apuestas y loterías, o trastornos relacionados con el consumo de sustancias como alcohol, tabaco y drogas ilegales, donde las personan buscan alivio momentáneo de un malestar que les resulta insoportable, aún a riesgo de caer en la adicción.  

Podemos encontrar otras manifestaciones de nuestras emociones ante este panorama como podrían ser la de frustración, ira, así como pensamientos de incapacidad, fracaso, vergüenza o culpa, que poco a poco van sumiendo a las personas en un estado de inactividad y apatía. Haciendo que su autoestima decaiga y por lo tanto el concepto que tienen de sí mismas. 

La ansiedad será uno de los principales indicadores de saturación. Cuando uno lleva un estrés sostenido, empieza a sentir ahogo, dificultad para conciliar el sueño o despertares a media noche, más impulsividad para comer o desgana, etc. En este tipo de situaciones, habitualmente, el cuerpo expresa y nos habla antes que la mente, puesto que ésta está ocupada en trabajar y rendir sin parar. 

 Y ante una sintomatología ansiosa unida a una más depresiva, encontraríamos la apatía, la desmotivación, el levantarse por la mañana sin fuerzas, el llanto incontrolado, la hipersensibilidad y la sensación de no poder cargar las pilas. 

Ahora bien, ¿Qué hacer ante esta situación que, claramente, no depende solo de nosotros? ¿Cómo sobrellevamos estos momentos de crisis? 

 Sé que no es fácil y que no hay formulas mágicas para poder afrontarla, también dependerá de los recursos internos que tengamos cada uno de nosotros, pero el apoyo de la familia y amigos es muy saludable, ayuda a ver la situación desde otros puntos de vista y proporciona comprensión y soporte emocional. 

También es importante aprender a desconectar y disfrutar, es muy recomendable recrearse con alguna actividad; que repercutirá positivamente en nuestro ánimo, en nuestra percepción de la situación y en nuestra capacidad para abordar los problemas.  

Si necesitamos ayuda, debemos pedirla; no es bueno mantener una apariencia de normalidad por miedo o vergüenza. Por otro lado, es bueno comunicar a los hijos los cambios en la familia de manera natural. Así, les enseñamos a ser francos, a priorizar valores y a adaptarse. 

Este podría llegar a ser un buen modo de mantenernos motivados y lograr la energía necesaria para seguir pensando en un futuro mejor. 

Nietzsche, filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, sostenía: "Todo lo que no me mata me hace más fuerte". 

 (*) La autora es licenciada en Psicología (M.P.: 40256) 
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