Sociales

Cynthia Yitani

Una mamá de la gran siete

21|10|18 09:50 hs.

Por Juan Berretta


- ¿La maternidad es como te la imaginabas? 
- No, es mejor. Es mucho mejor. 

Cynthia mira a Serafín, que después de muchos berrinches se quedó dormido en brazos de su papá, y empieza a llorar. El jueves su bebé cumplirá seis meses, pero la emoción y la felicidad que destila ella cuando habla de su hijo, pareciera que la cesárea se la hubieran hecho hace 15 minutos.

“Estoy feliz, esto es un sueño. A veces lo miramos con Luciano y no lo podemos creer que esté con nosotros. Es un sueño. Y lloro…”, cuenta Cynthia y corta las lágrimas con una sonrisa franca, profunda. “Me encanta ser mamá”, sigue su relato, como una catarsis. 

“Es que fue tanta la lucha y la espera, y todo lo que pasamos para que él esté acá, que no caemos”, asegura. “Creo que durante todo el embarazo no pudimos creer que era verdad”, insiste. Y la tierna mirada de Luciano es el reaseguro de que no exagera. 



El sueño madre 
Cynthia Yitani y Luciano Reynaud se pusieron de novios hace 10 años. En marzo de 2011 decidieron formalizar la relación y se casaron. Y enseguida quisieron transformarse en padres. Pero la vida les tenía previsto otros planes, o mejor dicho, un camino plagado de obstáculos que iban a tener que sortear para cumplir el deseo. 

Entonces, los meses fueron pasando y la buena nueva no llegaba, entonces decidieron consultar a un médico. “A mediados de año fuimos a ver a un especialista y empezamos. Primero fueron análisis de rutina, simples. Después todo se fue complejizando”, dice. 

Aquellos primeros estudios fue el primer paso de un proceso que se extendería por siete años, en el que el matrimonio atravesaría angustias, depresiones, desilusiones, y en el que Cynthia expondría su cuerpo una y otra vez a los invasivos tratamientos para cumplir su mayor ambición en esta vida: ser mamá. “El deseo que tenía de ser madre, de formar la familia, era más fuerte que los miedos y las angustias, por eso nunca dejé de buscar”, cuenta. Y con el aporte de Luciano se anima a contar cómo fue el espinoso camino que tuvo que recorrer para traer a Serafín al mundo. 

“Los resultados de los primeros análisis que nos hicimos indicaron que ninguno de los dos tenía algo que imposibilitara que yo quedara embarazada, así que nos derivaron a Bahía Blanca para comenzar con los tratamientos, en principio de baja complejidad. De entrada hicimos tres, era uno por mes, y no funcionaron”, recuerda la empleada administrativa del Colegio Holandés. 

Si bien se trataba de los tratamientos más simples, implicaban periódicos viajes a Bahía, cumplimiento de horarios, prácticas muy invasivas para el cuerpo, un importante gasto y también el condimento psicológico: alimentaban la posibilidad de un final feliz. Entonces, el golpe era fuerte y feo cuando el resultado volvía a ser negativo. 

“Después de los tres fracasos nos ofrecieron los tratamientos de alta complejidad, que es la fecundación in vitro. Pero eso ya no lo podíamos pagar nosotros porque eran sumas enormes. Aunque justo se aprobó la Ley de Fertilización Asistida y empezamos a tratar de que la obra social nos ayude”, dice Cynthia.  



Empujón legal 
Pese a estar la ley ya sancionada, el matrimonio Reynaud no conseguía que la obra social afrontara el gasto del tratamiento de alta complejidad. “Lo que ocurría era que nos decían que ella tenía que volver a empezar, es decir, hacer otra vez los tres tratamientos de baja complejidad para después ver si hacía falta hacer los de alta”, explica Luciano. 

Y así lo hicieron, pese a que sabían que los de baja complejidad no iban a funcionar. En realidad, empezaron a hacerlo, porque una vez que fracasó el segundo tratamiento, el médico fue contundente. “Esto es estar haciéndote pelota el cuerpo de gusto”, le dijo a Cynthia. “Y era verdad, habíamos arrancado en 2011 y eso era 2014, y otra vez las inyecciones, la medicación… No tenía sentido. Entonces tuvimos que recurrir a un abogado y pedir un recurso de amparo”, cuenta Luciano. 

Con ese empujón legal, la pareja consiguió el OK de la obra social y Cynthia entró en la etapa de los tratamientos de alta complejidad. La más difícil, la más dolorosa, pero también la que daba las mayores chances de lograr el embarazo. 

El nuevo proceso lo llevaron adelante en Mar del Plata y la movida ya era mucho más intensa. “Para el tratamiento yo me tuve que internar para que me extrajeran los óvulos, me tenía que poner inyecciones a la misma hora todos los días, además de haberme hecho una serie interminable de análisis y estudios de todo tipo”, cuenta. 

Pero el primer tratamiento no funcionó. “Para mí fue un golpe durísimo y decidí dejar pasar un poco el tiempo para hacer el segundo”, recuerda. “Fue la primera vez que preferí parar un poco, antes apenas veía que no había funcionado ya quería volver a probar”, revela. 

Entonces, para despejar un poco la cabeza y fortalecerse anímicamente, Cynthia empezó a hacer atletismo, a andar en bicicleta, hizo un curso de masoterapia y logró correr un poco el foco y dejar de sentirse tan frustrada y culpable. “Porque la culpa que sentía era muy grande. Culpa por no cumplir el sueño de mi vida, que era ser mamá. Culpa por impedir que él (por Luciano) fuera papá. Culpa porque mis viejos y los de él no pudieran ser abuelos… Era una mochila muy pesada la que llevaba”. 



En realidad, desde el primer tratamiento que hicieron y no funcionó, ella apeló a todo lo que tuvo a su alcance para ayudar desde lo emocional y lo espiritual a lograr el embarazo. “Yo estaba convencida de que era un bloqueo mío, entonces empecé a ir al psicólogo. Pero como soy muy creyente fui a pedirle a la Virgen de Luján, a la de San Nicolás, a la Del Cerro en Salta. Y también probé con medicinas alternativas, como la homeopatía, y hasta incluso fui a un médico que venía de Bariloche y te hacía un tratamiento con imanes… Seguro que me olvido de alguna. Porque hice de todo”, cuenta. 

La llamada 
En julio de 2017, los Reynaud decidieron volver a intentarlo. Cynthia iba por el segundo tratamiento de alta complejidad, con la cabeza más despejada, es cierto, y también con el camino más allanado: “Como la primera vez había congelado varios óvulos este tratamiento era menos invasivo. El 80% ya estaba hecho, sólo me tenían que implantar el embrión”. 

Claro que eso incluía inyecciones y medicamentos también, porque tenía que preparar su organismo. Así fue que el 31 de julio le implantaron dos embriones. Dos semanas después, pese a tener dolor de ovarios, Cynthia viajó a Mar del Plata a extraerse sangre según la recomendación de la médica (“si no te indispusiste vení”, le había dicho). 

Para el matrimonio fue un viaje más. Llegaron a las 8 al laboratorio marplatense y a las 8.30 estaban otra vez en la ruta. Cynthia seguía con dolores de ovarios. Pero todo estaba por cambiar para siempre. “A eso de las ocho de la noche yo estaba limpiando el baño y suena el teléfono, era la doctora, y me pregunta ‘¿llamaste al laboratorio?’ no, le dijo. ‘Dio positivo, estás embarazada’, me dijo…’”. Cynthia tiró el teléfono, empezó a los gritos y a llorar de felicidad. Luciano agarró el tubo y le preguntó a la médica qué le había dicho a su mujer para que tuviera semejante reacción. En menos de una hora la pareja fue casa por casa de sus familiares para darles la gran noticia. 

Nunca digas nunca
Cynthia asegura que ni en el más oscuro de los momentos pensó en bajar la guardia. “Nunca, jamás nos resignamos. Yo quise ser madre toda la vida”, asegura. 

Es más, si bien atravesó situaciones difíciles donde expuso su cuerpo hasta mucho más de lo recomendado, nunca sintió miedo por su salud. Su infierno interno era pensar que no iba a lograr ser mamá. “Empecé los tratamientos a los 31 y pasaron siete años... Los médicos te dicen que el cuerpo de la mujer tiene un límite. Entonces, mi temor pasaba por la posibilidad de no lograrlo. Pero gracias a Dios llegó Serafín. Fue mucho tiempo, todo muy doloroso, pero no me arrepiento de nada. Volvería a pasar por lo mismo”, asegura con la mirada vidriosa. 

- ¿Qué mensaje le darías a todas las mujeres que están pasando la situación que atravesaste vos? 
- A esas mujeres -o parejas- que desean ser madres y aún no lo logran les digo que nunca aflojen. Yo sé de sus miedos y lo difícil y angustiante que es, ¡¡¡pero no es imposible!!! Y después el resultado es el más lindo. Es el sueño más deseado y el milagro más grande de la vida: tener a tu hijo en tus brazos. 


Luciano, Cynthia y Serafín


“No sé si hubiera aguantado todo lo que soportó ella” 
“Sé que hay parejas que llegan a separarse ante fracasos en los tratamientos. Pero nosotros nos mantuvimos siempre unidos. El jamás me puso piedras en el camino, sí me decía que le dolía mucho verme sufrir cada vez que no funcionaba”, dice Cynthia sobre Luciano, su compañero en la vida y pieza indispensable para Serafín esté hoy de brazo en brazo. 

“Cada vez que se indisponía la veía destruida… Era doloroso. Como ver todo lo que hizo, a todo lo que expuso su cuerpo, las inyecciones que se tenía que dar todos los días, los medicamentos, el desgaste era tremendo. Yo traté de apoyarla en todo siempre”, comenta Luciano, que en el último tratamiento fue quien le aplicó las inyecciones. “La verdad es que se la re bancó. No sé si hubiera aguantado todo lo que soportó ella”, agrega.