La Región

98 años de Claromecó

La casa de los Hurtado, con una historia centenaria

09|11|18 11:44 hs.

En este 2018 cumplió 100 años la casa más antigua de la localidad, el chalet de la familia Hurtado, de 26 y Costanera. Es la primera casa de Claromecó construida en material, enclavada en el lote 1 de la manzana 1, en el primer terreno vendido por la familia Bellocq cuando iniciaron el loteo del Pueblo Balneario Claromecó en 1917.


La casa comenzó a construirse en 1918, y fue finalizada dos años después. El constructor fue Juan Oneto, que también erigió otras edificaciones en la misma época, entre ellas el almacén La Palma, luego Arbasetti, actualmente El Chipi, edificio que también arriba a su centenario. 



Juan Antonio Hurtado era casado con Otilia Marolle, que tenía una hermana llamada Alicia, casada con Pedro Bellocq, primo de los propietarios de la Estancia San Francisco, luego fundadores de Claromecó. Es decir, tanto el terreno como la construcción fueron solventados por ambas familias, quienes durante años veranearon juntas en largas temporadas. 

Los Hurtado llegaban el 2 de enero a Claromecó, y partían a principios de abril, así todos los años. Un camión con todos los elementos para pasar la temporada llegaba previamente, y luego lo hacía la familia.

La razón del apresuramiento en adquirir un lote y construir en forma inmediata, se debió a una cuestión familiar de salud. Uno de los hijos del matrimonio Hurado Marolle contrajo poliomielitis y quedó postrado, como ocurría en aquellas épocas. 



Agotados los recursos para recuperar la salud del chico, uno de los especialistas consultados les dijo que tal vez el contacto con la arena y el mar podrían ser beneficiosos para el tratamiento, por lo que aprovecharon el incipiente loteo de los Bellocq y rápidamente se pusieron en marcha. 

La casa fue construida como una típica vivienda de campo de la época. En un principio era en forma de U, con habitaciones a los costados, y cocina comedor en la parte central, sin baño. Luego cerraron la parte restante con baño, despensa y demás, quedando al centro un living de considerables proporciones. 



Los Hurtado además habían construido una casilla de madera en la playa, a modo de lo que hoy sería una carpa. No tenían más que caminar algunos metros para llegar al mar, no había Costanera, ni nada. De hecho las crónicas indican que a raíz de los temporales, varias veces la marea creció hasta muy cerca de la edificación. 

Fermín Massigoge, integrante del Museo Regional Aníbal Paz, y un referente a la hora de indagar sobre la historia de Claromecó, contó una anécdota tragicómica de la emblemática casa de los Hurtado. Cuenta “Mincho” que “un día que estaban comiendo con unos amigos, que también eran amigos de mi familia, se desplomó el cierlorraso por el peso de la arena que se había ido filtrando entre las chapas. Los salvaron los respaldares de las sillas, que eran altas, quedaron ahí atrapados. Nunca nadie se había acordado de ese detalle, la arena se filtraba entre las chapas, se ubicaba en el cielorraso y hacía peso”. 

La casa de los Hurtado sigue firme, en 26 y Costanera, en el lote 1 de la manzana 1 del ejido urbano claromequense. Ha sido testigo del pasar de los años, en realidad ha sido testigo y protagonista de toda la historia de Claromecó.