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Opinión

Sólo expertos, nunca improvisados

Demagogia, un arma de doble filo

10|11|18 21:48 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello


En el ámbito de la política existen formas y estilos que componen de manera, casi general, prácticas de comunicación a las que en algún momento se debe recurrir para impactar de forma directa en la sensibilidad y la atención de las personas, buscando producir impacto emocional a favor del que expone, para lograr el apoyo individual o colectivo de un objetivo, previamente analizado y desarrollado, como resultado a lograr. 

Primero se impone el tema a tratar, posteriormente el objetivo de presentarlo para su aceptación y finalmente su implantación en el imaginario colectivo, para que lo acepte como suyo. Son técnicas que desarrolladas con inteligencia y conocimiento real de las situaciones en cada oportunidad suelen producir resultados a favor de quien las propone. 

Esto está en la propia esencia de la política y sin ello no es fácil lograr el éxito deseado. Obviamente que obtener el éxito no es fácil, la política es la herramienta y si no existen los “operarios” que la utilicen con profesionalidad, dedicación y creatividad, los resultados esperados pueden diluirse en un fracaso no deseado, como resultado de mala praxis. 

Los vericuetos de la política son tan multitudinarios, como la cantidad de personas que los transitan. Todo vale, o parece que así es, en pos de obtener el resultado buscado, que en definitiva es lograr el poder. 

Lo importante, entre otros factores, es convencer, y para ello utilizar generalmente “promesas” que impacten en la gente, conociendo previamente lo que esa gente “quiere escuchar” y prometiendo realizarlo. Esto que parece un ejercicio del cinismo, y en alguna medida lo es, también es una variable de conducta, que conforma la actividad política en general y muchas veces individual. 

Trampolín de estrategias 
Una de esas variables endémica es la demagogia, que se utiliza como trampolín de estrategias, muchas veces basadas en prometer lo que la sociedad reclama sin que posteriormente se concrete. O en otras situaciones sostener acciones que no atiendan las prioridades de políticas que se necesitan para reemplazarlas por inversiones coyunturales de actualidad, que no solucionan los problemas sino que los postergan indefinidamente, en aras y conductas, para lograr o sostener el poder. 

La demagogia es simpática y con respuestas de rápida actualidad para conformar soluciones bonitas, pero que a la larga siguen disfrazando los problemas, sin lograr remedios definitivos. Todos los gobiernos la utilizan, en mayor o menor medida, en todas las geografías y en las diversas geopolíticas, en algún momento de su accionar. 

En América Latina es en donde más se ha utilizado, en razón de las situaciones socio económicas que han padecido y padecen sus sociedades. Por estas condiciones, las democracias de este continente, con variaciones de inconsistencia, han asociado sus contingencias políticas de defensa de sus pueblos. El populismo y la demagogia, como argumentos posibles, contra la explotación y la colonización de sus culturas y economías. 

Han usado la demagogia para asociar las mayorías populares a sus propuestas, que tampoco dieron soluciones a sus padecimientos. 

El gobierno argentino utiliza para castigar a la oposición la calificación de demagogos, en razón de la política económica del gobierno kirchnerista. Es aceptable su opinión, muchas veces el peronismo no sólo el kirchnerismo, ha sido criticado por conductas demagógicas. 

La gestión del PRO ha formalizado una propuesta económica – social cuyos resultados, hasta el momento, no responden a las necesidades y reclamos de la sociedad argentina. 

Casi todas las promesas efectuadas se han licuado en una realidad, con resultados diferentes, pero con mayoría negativa. Una vez más, la política argentina tropieza atrapada por la demagogia, lo prometido es un espejismo inconsistente. 

Si para derrotar la demagogia nacional, loable propósito, la receta es el FMI con sus planes de ajuste, sacrificando la población en su presente y futuro, al menos es opinión mayoritaria en los ámbitos políticos, económicos y sociales que rechazan la injerencia del organismo internacional. 

El peronismo 
Parece existir algo que no anda bien. Indicador que el “remedio” es peor que la “enfermedad”. La demagogia posee como toda estrategia política, distintas variables, ninguna perfecta. 

El peronismo la incluyó en su desenvolvimiento, con una estrategia que no abandonó nunca, con errores y aciertos, apuntalando las clases populares y la clase media. 

 El PRO coquetea con la demagogia sin dejar de criticarla, pero tentado de utilizarla, sin entenderla, y así le va. Muchos de los integrantes y funcionarios del Gobierno han estado ajenos a la demagogia, nunca la necesitaron por sus condiciones personales económicas de origen familiar, que les permitió desarrollar sus proyectos de vida a futuro con comodidad y sin necesidades insatisfechas. 

Esto no tiene nada de malo y mucho menos objetable porque sus realidades los ubicaron donde correspondía de acuerdo a ellas. Cuando llegan las responsabilidades de gobierno y se encuentran con una realidad que hay que enfrentar: pobreza, marginalidad, desempleo, inseguridad, justos reclamos de varios frentes con problemas. 

También los “clásicos” pícaros y vividores de la política muchos de los cuales se infiltraron en sus filas, como ha sucedido siempre sin solución de continuidad. De repente se encontraron como despertando de una pesadilla, pero no era un suelo, sino una cruda realidad que exigía respuestas concretas. Despreciaron esa realidad, que hasta hoy no terminan de interpretar y por ello fallaron en el diagnóstico. 

Resolvieron tomar al Estado con las características de una empresa privada, sin advertir, por falta de preparación previa, las diferencias contundentes que las separan. El ámbito oficial es mucho más amplio, por su heterogeneidad, y por ello difícil. Constituido por diferentes realidades muchas veces enfrentadas por cuestiones económicas, sociales, religiosas y culturales. 

Todas constituyen en un combo real y complejo para lo que hay que prepararse. Primero: conocer que es gobernar. Segundo: a quienes hay que gobernar. Tercero: lo más difícil; provocar un equilibrio que contengan un proyecto que aglutine dentro de la realidad posible, la estabilidad social y el desarrollo sustentable, lo más armónico posible. Para Argentina, magia. 

El oficialismo tiene una oposición peronista, donde el kirchnerismo deberá insertarse si quiere sobrevivir. Esa oposición tiene experiencia en el manejo de situaciones que ameritan la demagogia como paliativo a la falta de soluciones reales a problemas concretos, pero ha cuidado con firmeza, siempre, atender las necesidades básicas de la gente con demagogia o sin ella. Son años y no pasaron en vano.

Teoría vs. realidad 
El macrismo recurrió a medidas teóricas de manuales técnicos, que desconocen las realidades concretas. No se prepararon estudiando la realidad de la sociedad que les toca gobernar. Nunca necesitaron para vivir de la demagogia, la descubrieron verdaderamente sin buscarla, cuando comenzaron a anunciar soluciones y resultados futuros, que no se concretaron y fueron derrumbados por la realidad, a la que actualmente enfrentan con un plan de ajuste. 

Hacen y practican demagogia, mal manejada, mientras sus promesas y pronósticos anunciados se van convirtiendo en “pompas de jabón”. Las mismas de los anteriores, con iguales resultados, y lamentablemente como los que vendrán si las cosas no cambian. 

La demagogia, como atributo político, siempre hay que “disfrazarla” y para que ayude es necesaria la experiencia de muchos “carnavales electorales”. El señor presidente en el tema del encuentro de fútbol River – Boca por la Copa Libertadores, pareció cometer demagogia para aprovechar políticamente el suceso nacional del enfrentamiento deportivo. 

No voy a reiterar el episodio ocurrido y posteriores situaciones sobre el mismo tema, poco gratas. Una situación insólita e inexplicable desde el punto de vista político, que el tiempo se ocupará de disolver en una anécdota de frustrada demagogia. 

Lo que si puede dejar como corolario, que la demagogia como elemento de la política, debe instrumentarse con conocimiento para practicarla con eficacia. 

“Un arma de doble filo”, “sólo para expertos, nunca para improvisados”.