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Opinión

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La inconsistencia de lo deseado frente a la innegable realidad

17|11|18 23:59 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello


No resulta fácil y muchas veces comprensible aceptar el producto de la realidad frente a aparentes teorías, supuestamente científicas, que indican que existe “un único camino” para desarrollar con éxito las soluciones deseadas. 

Los laboratorios de todo tipo, seriamente constituidos, enfrentan a sus teorías y lo saben y aceptan, los fracasos de negativas respuestas a sus intentos. 

Este es el desafío de sus científicos, encontrar en sus experimentos negativos, las bases reales de los resultados que pretenden, por eliminación paulatina de sus errores, hasta arribar al éxito de la respuesta esperada, que corone su inteligencia, paciencia y perseverancia, en el resultado deseado como premio a su talento y dedicación. 

El tiempo no cuenta, no los preocupan las horas del reloj, los días transcurridos, los meses transitados o los años acumulados. 

El objetivo de la ciencia es el logro de los propuestos y por ello, siempre, más tarde o temprano, lo obtienen, unas veces para bien y otras veces para lo contrario. Esto comprende la capacidad de decidir, libre albedrío, que Dios nos otorgó a los humanos y hasta que su paciencia, que es mucha, se agote, esto para los creyentes. 

Los que no creen, también saben que no estamos los humanos haciendo las cosas bien para esperar, de seguir así, un prometedor futuro. Cuando se agrede el orden natural, en cualquier aspecto de la vida, se rompe el equilibrio y sin equilibrio toda sobrevivencia está amenazada. 

La naturaleza que no ha podido ser dominada por ninguna soberbia humana, está avisando que los tiempos se acortan y sus respuestas son gravemente imprevisibles. 

La política como la ciencia, es por su contenido, muy abarcativa porque conjuga en su accionar, prácticamente, todos los estamentos de la actividad humana y ha sido considerada, estudiada y practicada por las mentes más brillantes del transcurrir histórico. 

Esto en la dimensión intelectual máxima de quienes se ocuparon de ella en los diferentes períodos. Debajo de este nivel, también ha sido considerada, por su influencia y penetración en la búsqueda de obtener el poder real como arte de los posible. 

De esta manera se ha convertido en la vida práctica de las comunidades en una herramienta útil para el acceso mencionado poder. En la conformación de sociedades como la argentina, también la política ocupó el lugar preponderante que debía en la vida de la república. 

Sólo mencionar algunos: Moreno, Castelli, Belgrano, San Martín, Güemes, Rosas, Urquiza, Roca, Avellaneda, Sarmiento, Mitre, Pellegrini, el Perito Moreno, Sáenz Peña, los diferentes sacerdotes que aportaron la fuerza de la fe y la capacidad intelectual a la causa de la emancipación y consolidación nacional. 

Viniéndonos más cerca: Alem, Irigoyen, Alvear, Perón, Eva, Illia, Arturo Frondizi, Alfredo Palacios, José Ingenieros, Lisandro de la Torre, el general Mosconi, Alicia Moreau de Justo. 

Todos nombres inscriptos en la historia argentina, con sus errores y aciertos, pero todos con un denominador común irremplazable, “todos” personas munidas de educación y cultura sólidas, que ameritaba estar preparados para enfrentar las responsabilidades de gobierno y también poder representar internacionalmente al país con solvencia integral y solidez profesional, un solo ejemplo claro y contundente: Saavedra Lamas. 

En la actualidad la política está desvirtuada en alguna medida, mezclada con inconsistencias que no soportan consideraciones. La política es un desafío para el que hay que prepararse como en cualquier profesión. 

Nadie nace político, el político se hace, se forma, debe adquirir experiencia. Esta experiencia se lograba en la escuela de la política, los comités partidarios, verdaderos formadores de los futuros dirigentes, tan vilipendiados, erróneamente, por los tecnócratas de la “pituquería política”, siempre de espaldas al desarrollo nacional y muchas veces adversarios de la defensa de la soberanía. Todo eso ya no está. No hay “escuela de dirigentes”. 

La tecnología, bienvenida es, abarca todos los vericuetos de la comunicación, pero es fría y distante desde el punto de vista personal y afectivo. No es lo mismo el contacto individual que la imagen en una computadora. 

La política argentina está involucrada en un proceso de deshumanización, en un “clise” de frases huecas y una alarmante trayectoria de fracasos de acción y gestión, como nunca ocurrió antes. Y no la favorece. 

Y lo que es más preocupante, gente con aspiraciones a ocupar cargos importantes, con un nivel de educación y cultura que muchas veces provoca alarma por su escaso nivel e inconsistencia de preparación, para lo que aspiran. 

También están los otros “aspirantes” sumamente peligrosos, “aparentemente” más preparados por sus estudios y condición social económicamente solvente, que aportan propuestas y soluciones, al estilo “Harvard”, negándose a reconocer que esas recetas no son aplicables a la Argentina, y lo que es peor, que cada vez que se implementaron el país fue a parar a… “donde ya sabemos”. 

Otra vez en la tierra “del fin del mundo” estamos ante una alternativa de promesas incumplidas con futuro incierto y creciente desesperanza, que no resultaba fácil de revertir. Frente a esta realidad, la oposición debe pensar cuáles son las propuestas de acceder al poder. Su pasado no convence con muchas de sus recetas y su conducta, tampoco. 

Debe proponer que hará y con quién. Ese es su desafío, nada fácil, pero no imposible si prosigue la actual debilidad política del oficialismo. 

Uno y otros, con errores y aciertos. Porque el que estaba, perdió. Y el que está, defrauda. 

A Cambiemos se le acortan los tiempos y tampoco lo favorece los enfrentamientos internos, con epicentro en la provincia de Buenos Aires, por razones presupuestarias con errores de funcionarios nacionales, que involucran al propio Macri, para con Vidal, en repetitivas actitudes, propias de “aficionados” políticos. 

 En el peronismo, a medida que el tiempo transcurre parece definirse una estrategia de unidad. “Todos” conversan con “todos”. No hay “irreconciliables”. El “milagro” de la política donde eso puede suceder, cuando el “olfato” de la política “huele” sangre con viento a favor. 

Las puertas están abiertas para todos, incluida Cristina, la ex presidenta es necesaria, pero también la “dama” acepta que “sola” no le alcanza y a su vez acepta a todos. 

Hay en el Justicialismo un nuevo tablero para la estrategia. Frente a él, experimentados jugadores entre los cuales está Cristina, lo que resulte será una decisión “compartida”. 

Todos los peronistas con ambiciones de futuro posibles no le van a dar tregua al oficialismo y por ende no van a atacar a Cristina. No es que los peronistas se han vuelto kirchneristas sino que Cristina trabaja y acepta el diálogo que el peronismo le propone. Los nuevos tiempos han dejado a un costado el “liderazgo único”. 

Un ejemplo, Pino Solanas quiere integrar frente con el Justicialismo, incluida Cristina. En política no existe “lo imposible”, lo que existe es la realidad y como usarla para lograr objetivos. Eso en todos, no sólo los justicialistas. 

Otro ejemplo: el diputado Emilio Monzó, de origen peronista, actualmente legislador de Cambiemos y titular de la Cámara de Diputados, fue el principal artífice para Macri de los acuerdos para que la oposición le aprobara los proyectos. Esto por su capacidad política y sus viejos vínculos justicialistas. Lo ofendieron y humillaron tanto los “muchachos” del Ejecutivo, que se cansó. Lo demostró en una sesión del Cuerpo, cuando la diputada Camaño le pidió en medio del tumulto, “toque el timbre presidente”, a lo que Monzó, respondió: “no me gustan los ‘timbreos’ diputada”. Ante la sonrisa y el aplauso de integrantes del Bloque Justicialista. 

Monzó anunció que finalizará su mandato y no renovará, prefiere regresar al llano. Difícil le resultará a Cambiemos reemplazarlo. El talento no se puede suplantar con soberbia. 

Tampoco fue feliz la frase del ministro Dujovne sobre que el ajuste efectuado fue el más duro de la historia y que le hubiera provocado la caída del Gobierno en otras épocas. Esta es una falla elemental de prudencia que debiera respetar un funcionario de su nivel. Otro innecesario costo político para el Gobierno. 

Consulté a un viejo dirigente peronista con raigambre sindical, con importante historia en el movimiento y al que siempre le reconocí su objetividad cuando analiza, obviamente voy a reservar su identidad, sobre Dujovne, Macri y Cristina. 

La respuesta fue irónica pero contundente: “Amigo, nadie tiene la boca de cristal, y los que la tienen no creen en la misma. Pero no creo que el éxito acompañe políticamente a Dujovne con la pancarta de Lagarde o a Macri con las de Trump o Bolsonaro. En cuanto a Cristina le quedan dos caminos: o aprende o termina mal”. 

Todavía falta un montón de tiempo para las candidaturas. Acontecimientos y hechos que pueden cambiar situaciones drásticamente. 

Siempre es interesante tener en cuenta, que en lo heterogéneo de la actividad política, puede señalarse, o al menos mencionar con criterio: “Que la inconsistencia de lo deseado, frente a la realidad innegable”, puede tener u resultado imprevisible, que generalmente no suele ser grato.