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“A esta experiencia voy a sacarle hasta la última gota de jugo”

18|11|18 02:13 hs.

Marcos Lo Fiego se tiró un lance y mal no le fue. Todo lo contrario. Fue en febrero pasado, cuando, a lo mejor sin esperarlo, recibió una noticia que lo obligó a rediagramar su año. Un par de horas pasaron entre que envió un mail y su posterior respuesta. Aunque en ese entonces todavía restaba conseguir el financiamiento, el investigador tresarroyense ya contaba con el OK de Todd Lowary, un prestigioso profesor de la Universidad de Alberta, ubicada en Edmonton, Canadá, para darle continuidad a un trabajo científico sustentado en los hidratos de carbono. 


 Lo Fiego tiene 39 años. Completó la educación Primaria en la Escuela 24, establecimiento ubicado a apenas dos cuadras de su casa de crianza. La Escuela Agropecuaria lo acobijó en su etapa de adolescente. Allí finalizó el Nivel Secundario en 1998. Y un año después emigró hacia Bahía Blanca, donde empezó la carrera de bioquímico, graduándose en 2005. 

 Hijo de Antonio y Ana, a Marcos siempre lo movilizó todo lo relacionado con la incorporación de conocimiento, una premisa que tiene en su ADN y que pone en práctica permanentemente. “Yo siempre decía que de grande quería estudiar. Vivir de estudiar. Estar aprendiendo todo el tiempo. Por eso elegí bioquímica y me encantó”, destacó. 

En 2007 fue becado por el Conicet para dar inicio al Doctorado en Química, proceso de formación que también concretó en la Universidad Nacional del Sur. “Ahí entré en el mundo de la investigación, que es la forma de estar todo el tiempo estudiando. Al doctorado lo terminé en 2012. Después me fui a Buenos Aires para hacer la instancia posdoctoral. La idea era buscar otro instituto lo más alejado posible de la formación inicial para no quedar viciado”, indicó. 

Lo Fiego, posteriormente, se radicó en capital federal para darle inicio a su camino en CIHIDECAR, que es la Unidad Ejecutora del Conicet, la cual funciona en el Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Allí se focalizó en llevar adelante una línea de trabajo con grupo de investigadores del doctor Oscar Varela. “Ahí nos dedicamos al estudio de los hidratos de carbonos. Son las moléculas más importantes y abundantes del planeta. Están en todos lados pero son muy poco explotadas”, señaló. 

“En Buenos Aires estuve casi tres años y me volví a Bahía Blanca. Empecé mi propia línea de investigación en base a los hidratos de carbono, ya con ideas y proyectos propios, siempre en instalaciones de la Universidad Nacional del Sur”, agregó el investigador tresarroyense, quien, en base a eso, buscará nutrirse de conocimientos y experiencia en Canadá, para luego aplicar en nuestro país todo lo absorbido en tierras del primer mundo.  

- ¿Qué le puede aportar su trabajo de investigación a la comunidad? 
- Estudio a los hidratos de carbono. El hidrato de carbono tiene una mala propaganda porque se dice que engorda. Y no es así. Los hidratos de carbono no engordan, porque, en paralelo a ellos, hay un montón. Son una fuente inagotable de potenciales medicamentos y fármacos. Pero todo el tiempo se dejaban de lado los hidratos de carbono, que son súper abundantes y que, por decirlo de alguna manera, los tenemos al alcance de la mano. Conocer el funcionamiento de los hidratos de carbono nos puede dar mucha idea de cómo puede construirse un medicamento. En mi caso particular, siempre me interesó el estudio de enfermedades que atacan a una parte de la población, tales como el chagas o la tuberculosis. Por lo general, impactan en aquella población con menos recursos y por eso poco estudiadas. Mi idea fue estudiar la manera en la que los hidratos de carbono pueden acercarse a estas enfermedades.   

Rumbo a Canadá 
El bioquímico tresarroyense, quien además es docente en la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca, está a pocos días de emprender un viaje que le permitirá, durante un año completo, ser parte de un grupo de investigadores nucleados en la Universidad de Alberta, en Canadá. 

El viaje será a partir de una beca otorgada desde el Conicet, un beneficio al que sólo accedieron 36 argentinos. Pero para llegar a tener el mencionado subsidio, Lo Fiego recibió una respuesta que generó gracias a una propuesta que él mismo puso a consideración. 

 “Durante toda mi carrera en Buenos Aires y de lo que llevo haciendo en Bahía Blanca, debo haber leído unos cien trabajos de un hombre que se llama Todd Lowary, un prestigioso profesor de la Universidad de Alberta. Un día me animé y le mandé un mail para ver qué posibilidad había de que trabajar con él si me salía un subsidio del Conicet”, recordó. 

 Y agregó: “Dos horas después de haberle escrito, recibo la respuesta. Me dice que sí, que vaya cuando quiera pero que no tenía recursos para solventar el viaje y la estadía pero que los costos del laboratorio corrían por su cuenta”. 

 Ante esa respuesta, Lo Fiego se movió rápido. Gestionó la beca del Conicet y superó todo escollo burocrático que se le cruzó. “En agosto tuve la respuesta que esperaba”, expresó el tresarroyense, quien por estos días disfruta de su familia en su ciudad natal, previo a partir hacia Canadá. “Me voy la semana que viene. El 27 de noviembre salgo de Bahía Blanca. Voy a tener varias escalas hasta llegar a Edmonton, que es la ciudad donde está la Universidad de Alberta”, señaló.   

En el extranjero 
Lo Fiego, a partir de experiencias de compañeros y colegas, tiene en claro que los países desarrollados, en materia de ciencia e investigación, están varios escalones por encima de Argentina. “Uno se está criando con que lo de afuera es lo mejor. Tengo muchos compañeros que pudieron hacer instancias en el extranjero y que confirman que en Europa, Estados Unidos o Canadá es otro mundo”, puntualizó. 

 Y graficó: “En Argentina uno empieza de muy atrás y pierde mucho tiempo para hacer la investigación propiamente dicha. Es como que te encanta jugar al futbol y te dicen que a un trapo lo tenés que transformar en una pelota para poder jugar. Entonces, empezás a coser y a formar esa pelota, pero una vez que la tenés, ya se te fueron las ganas. No digo que es siempre así pero se da”. 

“Cuando podés -acotó- llegar a probar tu teoría o hipótesis ya no te quedan ganas. En cambio, en los institutos de primer nivel de Europa, Estados Unidos o Canadá hay más herramientas porque los gobiernos le dedican más plata a todo lo que es investigación”. 

- ¿Se te cumple un sueño o aspirás a más? 
- Un investigador nunca llega al tope. El tope sería llegar al Premio Nobel, pero esa meta no me la puse porque sería lo mismo que un futbolista quisiera tener el contrato de Messi. De todos modos, soy una persona muy ambiciosa. Trato de superarme todo el tiempo. Esto es el principio. Obvio que voy a volver a Argentina. Por varios motivos. Primero porque tengo un contrato con el Conicet. Y segundo, porque amo Argentina y quiero hacer investigación en mi país. Es para devolverle algo a la sociedad. Uno se formó en el sistema público, al cual se lo suele criticar pero considero que muchos no seríamos nada sin ese sistema. A esta experiencia voy a sacarle hasta la última gota de jugo.

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