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Daniel Torres Tear: “En mi casa siempre había música dando vueltas”

18|11|18 12:42 hs.

Todo empezó a los cuatro años, cuando le regalaron una guitarra de juguete. O tal vez incluso antes, porque su hogar fue un verdadero estímulo; “en mi casa siempre había música dando vueltas. Mis padres cantaban en coros”, recuerda Daniel Torres Tear. Conserva la foto del regalo premonitorio. 


 Tenía nueve años al iniciar la formación académica en el Conservatorio Provincial de Música, en la carrera de guitarra clásica y posteriormente en el profesorado de percusión. Por entonces, ya conocía bastante la guitarra y los acordes. 

Identifica claramente “el momento en el cual todos tenemos que decidir qué hacer con nuestra vida”. En la culminación del Secundario, se presenta un dilema existencial: “Si seguir lo que nos gusta a veces o decidir por otras carreras, dependiendo de muchos factores que hay en la vida de cada uno”. No dudó en continuar el camino de la música, “aceptando todo lo que viniera, las consecuencias”. 

Se radicó en La Plata y cursó profesorado de contrabajo en el Conservatorio de Música Gilardo Gilardi. En forma paralela, adquirió conocimientos en Dirección Orquestal en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. 

Residió posteriormente poco más de un año en la ciudad de Buenos Aires y luego en España, primero en la ciudad de Bilbao y luego en Logroño, donde permaneció aproximadamente cinco años. “En ese período más que nada toqué en la sinfónica de La Rioja, como guía de contrabajo. De a poco conoces a la gente y te conocen, fuimos haciendo buenas migas con el director. En ese tiempo, como yo ya estaba dedicado a la música antigua, con los integrantes de la orquesta que tenían interés formamos un grupo. Ahí se fue dando todo”, relató. 

Su trabajo con la música antigua “viene desde el año 2000 –puntualizó-. Me dedico a tres instrumentos: la viola da gamba, el archi laud y la guitarra barroca”. Explicó que “en otros estilos musicales, como por ejemplo el tango o el jazz, toqué el contrabajo. Aprendí mucho también en Tres Arroyos con un maestro que venía de Buenos Aires Tango, Oscar Vidal. Después cuando fui a Buenos Aires teníamos un grupo con él”. 

Se siente agradecido por tanto que le dio la música. En este sentido, argumentó que “todo lo que conozco en Latinoamérica y Europa es porque he ido a tocar, a dirigir, a hacer música. Al día de hoy no te podría decir fui a tal país de vacaciones, siempre los conocí haciendo música y lo sigo haciendo por trabajo”. 

 Define su sensación como “una dicha muy grande” y expresa que “la música muchas veces te da esas oportunidades de conocer gente, países, que quizás de otra manera sería un poco más difícil”.  

En Ecuador 
La convocatoria para el proyecto “Capella Aeqvator”, de investigación e interpretación histórica de la música, motivó su traslado y radicación en Ecuador en el año 2012. La tarea abarca el período desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX. “Se estudian los tratados de la época, mirar un poco cómo se pudo interpretar con los instrumentos y el sentido musical”, indica. 

De la misma manera, en la faz investigativa, “se revisa y trata de rescatar música que se haya creado en esos siglos en lo que hoy es Ecuador. Se llamaba Real Audiencia de Quito y abarcaba un poco más de territorio de lo que es hoy”. 

Daniel Torres Tear considera que “fue un proyecto pionero. Me impulsó a ir a Ecuador y aceptar ese reto. De forma continua hay un grupo dedicado a este tipo de corriente estilística; hay una muy buena receptividad de la gente, ávida de conocer, lo que crea interés, amplía el público y permite abrir otras facetas”. 

Durante la entrevista con este diario, deja en claro que no hay mayores secretos: No tenés que entender nada, simplemente escuchar, si te gusta y te llega perfecto”. 

No tiene dudas de que es “un patrimonio intangible de la humanidad. No sé la Unesco como no lo ha declarado de este modo”. Marca una clara diferenciación, porque “en cualquier ciudad antigua ves las construcciones históricas, lo mismo pasa con las pinturas, las esculturas, algo material y tangible. Con la música no, nace y muere en el momento que la hacés, con suerte te queda una partitura que es un plano, una idea de cómo puede ser; si alguien no sabe interpretarla o no la estudia o hace un trabajo queda ahí y la gente no se entera”. 





Un retroceso 
Uno de los diálogos habituales con sus colegas está relacionado con la música seleccionada por el mercado “porque vende más, lleva a una moda equis”. Observa que, por esta razón, “no hay un abanico amplio para que la gente pueda decir ‘quiero elegir escuchar esto’”. 

Tras aclarar que “no sabría decir cómo está la situación en Argentina”, habla de la educación en otros países y específicamente señala que “en Ecuador la materia de Artes la han eliminado en las escuelas. La única expresión que nos queda humana, nuestros sentimientos. Lo que el corazón, el alma o en lo que creas, te hace plasmar en algo plástico, musical”. 

Sostiene que “el arte te da la capacidad de razonamiento, de pensamiento, de discutir en el buen sentido, de debatir ideas. Todas esas posibilidades y las están quitando”. Con una mirada crítica, opina que “lamentablemente se lo ve como un anexo a algo. Como si fuera un juguete. No se entiende la importancia que tiene a nivel humano el arte. Creas sensibilidad en la persona”. 

Su visita 
El regreso a la ciudad dio lugar al reencuentro “con antiguos compañeros y maestros”. Sucedió el domingo pasado, en una charla que fue organizada con la participación de Romina Reimers. Dice que “si bien había gente que yo conocía de joven, que estará ahora en el Conservatorio enseñando o aprendiendo, también había personas que fueron profesores míos o en el momento que yo estudiaba estaban terminando sus carreras. Ahora estar frente a ellos me dio cierta cosa”. 

La experiencia fue “muy linda –describe-. Ahí se nota la calidad de profesores que siempre ha tenido el Conservatorio, musical y humana. Cuando tienen la actitud de querer aprender dan una muestra de sabiduría. En cambio, el que te dice ya lo sé todo, sabes para qué lado va, pero aquí eso no se ha dado”. 

Rememora que en sus años de estudiante “los profesores siempre me explicaban lo mismo: ‘yo te digo tal cosa, pero investigá, mirá esto y lo otro. Eso no es común’”. 

Compañeros 
Con Romina Reimers, fueron compañeros en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. “Compartimos materias –afirma-. Ella hizo coral y yo orquestal, pero las materias principales, troncales, las compartíamos”. 

Califica como “enorme” el trabajo que lleva adelante la directora del Coro de Jóvenes municipal, del nuevo Coro de Niños, formado este año, y de otras agrupaciones. “Con el semillero, como le dice ella, ayudás a que ese niño cuando sea adolescente o mayor tenga el conocimiento de que existe algo más. Le puede gustar o no, pero tuvo la oportunidad de acceder a una parte de la música, a desarrollar su oído, su sensibilidad, a un montón de factores que te da el arte expresivo”, valora. 

Concluye que “quizás en el momento no se da cuenta. A todos nos pasa, pero con una perspectiva de acá a diez o quince años el aporte será notorio”.