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Interés General

Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer

¿Qué es la violencia de género?

25|11|18 10:58 hs.

Por Betiana Pérez (*)


Se trata de una violencia que afecta a las mujeres por el mero hecho de serlo. Constituye un atentado contra la integridad, la dignidad y la libertad de las mujeres, independientemente del ámbito en el que se produzca. 

Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal. 

El concepto "violencia de género" da nombre a un problema, que incluso hace poco, formaba parte de la vida personal de las personas; era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para fuera y, por lo tanto, en el que no se debía intervenir. Entender la violencia como un asunto personal refuerza a las mujeres a una situación de subordinación respeto del hombre e implica asumir las relaciones de poder históricamente desiguales entre ambos y a través de las cuales se legitima al hombre a mantener su status-quo de la dominación incluso a través de la violencia. Esta percepción contribuye a que las mujeres no denuncien su situación por miedo, vergüenza o culpabilidad. 

La discriminación de las mujeres y la violencia de género (como la manifestación más brutal de las desigualdades entre hombres y mujeres) es un problema que traspasa fronteras y que está presente en la mayor parte de los países del mundo. 

Debe recordarse que la violencia es una estrategia de relación aprendida, no es innata. Si esto fuera así, todas las personas serían violentas o todas las personas ejercerían la violencia de la misma manera y en el mismo grado; sin embargo, no siempre la empleamos en nuestras relaciones: hablamos, negociamos, pactamos, tratamos de comprender el punto de vista de la otra persona y finalmente llegamos a un acuerdo, aunque no obtengamos el que en principio queríamos. 

Los maltratadores son selectivos en el ejercicio de la violencia, lo que demuestra que son capaces de controlarse en cualquier otra situación. Este aspecto, frecuentemente, produce en la victima miedo a hablar, a romper el silencio y denunciar el maltrato, dado que siente y/ o piensa que no le creerán, porque el accionar de su victimario se esconde en una “doble fachada”.

La violencia contra las mujeres adopta diversas formas: física, psicológica- verbal, sexual, económica, patrimonial, obstétrica. Sean cuales sean las formas en que se manifiesta el maltrato, siempre busca un mismo objetivo: erosionar la autoestima de la mujer con fin de que el agresor aumente su grado de poder y control sobre ella. La violencia se fundamenta en una relación de poder dónde alguien trata de dominar a la otra persona por la fuerza, contra su voluntad; trata de obligarla a que haga lo que no desea, a que se ruegue y reconozca su inferioridad y dependencia con respecto a quien ejerce la violencia. 

En todos los casos de violencia las víctimas pasan por un gran sufrimiento y todas ellas requieren cuidado y atención, y todas las personas agresoras son dignas de su correspondiente sanción penal. Cuando una mujer se enfrenta a repetitivos episodios de violencia, y considerando que la situación no va a cambiar, adopta una actitud pasiva por miedo y para evitar que se produzca una nueva agresión, incluso mayor, hacia ella o hacia sus seres queridos. 

Esta conducta de sometimiento, de resistencia y tolerancia frente al maltrato, se denomina: conducta de indefensión aprendida; la mujer aprende a no defenderse. La experiencia de maltrato provoca un alto nivel de ansiedad, alteraciones psicosomáticas; sentimientos depresivos, disfunciones sexuales, dificultades en sus relaciones personales. Alteración en el sueño, en la alimentación, en la concentración y atención. Sentimiento de desesperanza, fatiga, baja autoestima, baja autoimagen, desmotivación, inseguridad, vergüenza, sentimiento de inferioridad y miedo al castigo que puede proporcionar la sociedad. La violencia puede provocar la muerte.  

La dificultad de salir 
El maltrato es un proceso cíclico que se inicia poco a poco, como un goteo de pequeños episodios que parecen insignificantes pero que no lo son. 

El ciclo comienza con una primera fase de acumulación de la tensión (agresiones verbales y psíquicas) en la que la víctima va percibiendo como el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación. 

Una segunda fase supone el estallido de la tensión, en la que la violencia se vuelve más virulenta, dando cabida a la agresión física. 

En la tercera fase, denominada luna de miel o arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase se va reduciendo con el tiempo, siendo cada vez más breve hasta desaparecer. 

Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue el episodio de arrepentimento ("no volverá a ocurrir", "todo cambiará"…) alimenta la ilusión del cambio. Esto puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos. Al mismo tiempo que el agresor muestra su arrepentimiento, puede ocurrir que simultáneamente excuse su conducta culpabilizando a la víctima (si tu no hubieras hecho … yo no lo haría ) de modo que la mujer acaba dudando de cualquier cosa que hace o piensa; en definitiva, acaba dudando de ella misma. Desde lo terapéutico, es importante cuando se comienza a trabajar con una víctima de violencia de género, desenterrar el sentimiento de responsabilidad por el maltrato recibido, desnaturalizar las situaciones para poder comenzar a denominarlas como corresponde y dejar de justificar el accionar del violento. 

 Así como trabajar para que la víctima, reconozca el riesgo de vida que corre manteniéndose dentro del círculo de violencia, que su victimario gesta. En Argentina, un femicidio es cometido cada 32 horas, estadística levemente inferior al promedio de los últimos 10 años, que arrojaba uno cada 30, informaron desde la Casa del Encuentro al presentar los resultados del último relevamiento realizado entre el 1 de enero y el 31 de octubre de este año. 

Durante este período, el Observatorio de Femicidios de Argentina "Adriana Marisel Zambrano", que depende de la Casa del Encuentro, contabilizó 225 femicidios y femicidios vinculados a mujeres y niñas (aquellas asesinadas por estar en la línea de fuego o para torturar psíquicamente a la mujer) y 29 femicidios vinculados de hombres y niños. Además, 250 hijas e hijos quedaron sin madre, de los cuales el 67% son menores de edad. 

El feminicidio es la manifestación más extrema del abuso y la violencia de hombres hacia mujeres. Se produce como consecuencia de cualquier tipo de violencia de género, como pueden ser las agresiones físicas, la violación, la maternidad forzada o la mutilación genital.

Prevención 
Educar a los niños y niñas, desde las edades más tempranas, en una cultura centrada en la resolución pacífica de conflictos, fomentar la empatía y desarrollar una autoestima equilibrada, son principios que favorecen la desaparición de los perjuicios de género que se dan ya desde la escuela. Eliminar al máximo los estereotipos transmitidos por la cultura patriarcal; por lo tanto, enseñar a ‘ser persona’ en lugar de enseñar a "ser hombre" o a "ser mujer" y así desterrar mitos como que la agresividad es un rasgo masculino, o por el contrario, la sumisión, el silencio, la obediencia… son rasgos femeninos, son objetivos de la coeducación. 

Además, se debe: 

• Evitar todo menosprecio hacia aquellos chicos u hombres que no se adaptan al modelo de masculinidad dominante. 
• Evitar todo menosprecio hacia aquellas chicas o mujeres que no se acomodan al modelo de feminidad dominante. 
• Enseñarles a los niños y a los hombres a incorporar en sus vidas las vivencias y expresión de los propios sentimientos y emociones que enriquecen sus relaciones personales y así favorecer la resolución de conflictos sin recurrir a comportamientos violentos, por medio del diálogo, el acuerdo, la negociación…
• Desarrollar una buena autoestima que capacite a niñas y niños para adoptar una actitud resuelta ante los desafíos, asumir responsabilidades y enfrentarse con seguridad a los problemas. 

 (*) La autora es licenciada en Psicología (M.P. 40.161). Trabajó durante 10 años en Construyendo; es parte desde hace cuatro años del equipo técnico de Unidas hacia un cambio, programa del Ejército de Salvación, que funciona los días martes de 15 a 17 y jueves de 13 a 15 horas, en Quintana 739