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Caro Mansilla descuelga su corazón del lienzo

25|11|18 12:05 hs.

El taller de Caro Mansilla destila color, armonía, desequilibrio, temperamento. Todo concentrado en obras auténticas que hablan de ella, de sus sentimientos, descubrimientos, del rico interior que desborda en cada pincelada. 


Algunas figuras aparecen escondidas entre los diferentes lienzos, bocas, ojos, miradas, corazones rotos, sanos, singulares. Signos zodiacales que llegaron directo desde el estudio de Caro al anexo del Louvre, chacras que sanaron de adentro hacia afuera y terminaron sellando vida en las pinturas de la artista. 

En octubre la profesora de arte llegó a París invitada por Diego Real -artista plástico que vive en Buenos Aires- quien organizó el stand de argentinos en la feria internacional que se llevó a cabo en el Carrusel del Louvre. “Se te pone la piel de gallina al estar ahí, estuve a pasos de Leonardo Da Vinci y ¡la Caro al lado!”, describe la artista. Del 19 al 21 de octubre Carolina expuso en la feria y luego siguió viaje con sus hijos por el viejo continente, “¡Tenía que compartirlo con los nenes!”, manifiesta. La pintora llevó cuadros en madera que pudieran entrar en la valija, así es que colgó en la muestra a “Aries” y “Leo”, “Soy sagitario, ascendente en Leo y la luna en Aries”, explica. 

La motivación, el eje 
La artista elige un eje, una motivación para realizar sus pinturas. Aparecen por azar, por necesidad, por imaginación. En el caso de los “chacras” cuenta que hace cinco años le diagnosticaron hipotiroidismo por lo que Caro decidió “resistirse”, aunque consideró la situación “muy heavy por eso empecé a hacer un análisis personal, a ir un poco hacia adentro, hice acupuntura y cada día ponía música y hacía meditaciones con un chacra diferente cada vez. Fui viendo qué me pasaba a mí, dónde estaba un poquito averiada o del todo”, relata y muestra la evolución de esos sentimientos a través de sus cuadros. 

Señala que en los últimos chacras que pintó se fue “desestancando más”, a los seis meses se volvió a hacer los estudios médicos por su hipotiroidismo, luego al año. Y se había curado. 

Carolina piensa en “seguir, no en volver”, porque nació en Buenos Aires, luego vivó en Pehuajó hasta que se fue a estudiar a La Plata. Hace quince años que vive en Tres Arroyos y considera que “ya es suficiente”. Se recibió de profesora y licenciada en Artes Plásticas en la Facultad de Bellas Artes de La Plata, empezó dando clases en esa alta casa de estudios, mientras trabajaba en un banco. 

“Jere tenía seis meses y Cande cuatro años cuando llegué, así que el primer año en Tres Arroyos me puse en “modo madre”. El segundo año puse el taller y comencé a trabajar en las escuelas, que me encantan y es lo que me ancla. Me fascina el vínculo con los chicos”, cuenta. 

Candela, su hija mayor cursa segundo año de psicología en La Plata y Jeremías tiene 15 años y está en tercero de Secundaria, por eso Caro está decidida a esperar a que el menor finalice sus estudios y partir, “me encantan San Martín de los Andes o Europa”, expresa y suelta una sonrisa franca. “¡La tipa se va al otro lado del mar! ¡Por ahí termino allá, me gusta viajar y necesito moverme!”. 

Caro revela que cada vez que viaja lo primero que hace es ir a los supermercados, que es donde puede ver la cultura de cada pueblo, valora esos espacios y puede conocer así la idiosincrasia de las diferentes ciudades y países. “Visito por supuesto, los museos y lugares de arte, pero donde más aprendo es en los lugares comunes, en los que circula la gente”. 



Las pinturas 
En todos los cuadros Caro dibuja un corazón, “siempre pinto lo que siento, esté mambeada o esté muy bien. El corazón está roto o entero. El año pasado, que atravesé un período gris y buscaba la pasión en muchos aspectos de mi vida, entonces era poder romper con la estructura”. 

La artista buscó “no perder el gusto a estar más tiempo con el arte, proyectar, hacer cosas juntas -como con Natalia Balul-“, algo que también trascendió a los lienzos. 

Hubo otra etapa -que comenzó en la tesis- que tuvo que ver con ir desde lo figurativo a lo conceptual, allí es donde aparecen los espejos intervenidos y a partir de ahí, “desde mi visión, mi realidad y sentimientos empecé a pintar qué pasa cuando se refleja el que está mirando mi realidad, esa intertextualidad que puede generarse. Y juego con eso”. 

Preside el taller una obra recién nacida: “Nunca pinto a alguien en especial, siempre es lo que siento que se va transformando, empiezo con los trazos sacando todo lo que estaba ahí -señala su pecho- porque o lloro o pinto”, declara y exclama al mismo tiempo, “¡Pintá querida, pintá!”. 

Así comenzó a estructurar el cuadro y salió una cara que no es “la cara de…Fijáte que el corazón está algo manchadito, los colores son más grises”. 

Caro pinta día por medio y su cabeza funciona pictóricamente, hace una síntesis visual: “Proceso mentalmente todo eso que me pasa para poder ponerlo en la pintura”. 

Muestra su obra y va recorriendo diferentes etapas de su vida, los grises, los negros y de pronto salta uno muy colorido: “Este es diferente porque pasó algo muy particular”, declara y agrega, “éste fue un año muy power o con temas que tienen que ver con conocerme”. 

El taller es el espacio de arte que también eligen las alumnas de Caro todos los martes y jueves. Los cuadros de la artista están expuestos en el atelier, algunos tienen nombre, otros algún escrito, es más, confiesa que de a poco se anima “a ponerles texto”. 

“El labio parece comercial, pero como estoy sintiendo amor, siempre está”, continúa. Hay otras pinturas que tienen fondos negros, “cuando estoy un tiempo sin pintar arranco con los negros y rojos, es como si no hubiera estado, cuando vuelvo empiezo por ahí”.

Sin dudas el taller habla, cuenta los sueños y frustraciones de Caro, sus dolores, sus profundos miedos, las alegrías, buenos momentos, reflejos de su alma y de quien mira su obra. 

Es alegre, divertida, tiene fuerza, espíritu aventurero, ella no vuelve a ningún lado, sino que quiere llegar a otros para aprender, crecer y volver a partir. Pinturas que revelan el íntimo sentido de la vida y salen del taller para contar la historia en otras paredes, tan lejos y tan cerca.