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Policiales

Asalto muy violento a Nicolás Van der Berg y familia

La inseguridad golpea al campo

02|12|18 10:29 hs.

El camino vecinal que conduce hasta el campo donde desde hace diez años residen Nicolás van den Berg y su familia está a un paso de la ciudad. Al llegar a Luna Azul, hay que descender desde la ruta 228 y transitar en línea recta unos tres kilómetros, doblar a la derecha y desde allí se puede observar un monte, la vivienda y otras construcciones pertenecientes al casco del inmueble. 


El jueves por la mañana, Nicolás van den Berg, su esposa, sus tres hijas –que son trillizas y tienen 20 años- y un nieto se vieron afectados por un asalto violento, ejecutado por tres personas armadas. Se llevaron del lugar entre moneda nacional y dólares el equivalente a 220.000 pesos, así como una camioneta Toyota que luego fue hallada en el Parque Cabañas. Por este caso, se registraron tres allanamientos, incautaron dinero y drogas, y se produjo una aprehensión

En el galpón 
Ayer por la tarde, la víctima recibió a este diario en su casa y recordó que “el jueves me levanté minutos después de las 7. Puse la pava, salí en calzoncillos para encerrar unos lechones que tenía que carnear. Tomé después unos mates con mi señora. Salí nuevamente 7.35 para buscar las vaquitas que tengo para ordeñar, me faltaba comida para darles, voy al galpón grande y ahí me sorprendieron”. 


En este galpón fue sorprendido Nicolás


Señaló que “me torturaron un poco”, para luego describir que “me lastimaron sobre la cintura con un destornillador, me pusieron alambre de fardo en el cuello, en las manos y en los pies. Y una bolsa de nylon en la cabeza. Estuve así un buen rato hasta que les dije ‘no puedo respirar más, me estoy muriendo’. Me sacaron la bolsa y me preguntaron cuántas personas había adentro de la vivienda, quien estaba durmiendo y quien estaba levantado”. 

En su reconstrucción de lo sucedido, sostuvo que le soltaron los pies y lo trasladaron hasta la vivienda. “Uno de ellos se adelantó y agarró a mi hija que estaba en la cocina. El otro entró por detrás y agarró a mi señora. Las ataron. Despertaron a mis otras dos hijas, para después también atarlas”. 

Hizo referencia a tratos violentos, amenazas. “Preguntaban una vez y otra vez donde estaban los euros y los dólares –puntualizó-. Supuestamente yo había vendido campo según creían ellos, les dije que no era así. Les pasaron datos falsos”. 

También relató que “en cierto momento estaban tan agresivos, sobre todo el más grandote, que le empezó a pegar a mi señora”. 



En tales circunstancias, Nicolás van den Berg les dijo “tengo un poco de plata –contó-. Los llevé adonde estaba y se las di para que se vayan. ‘Con esto no me conformo, vos tenés más’, repitió uno de ellos. Mi señora pidió que la suelten, que tenía plata de ella para darles, no la soltaron, la llevaron a la pieza después de que les indicó donde estaba el dinero, la tiraron boca abajo en la cama y le pegaron en la espalda”. 

Posteriormente, lo llevaron hasta una habitación ubicada en la parte de atrás, donde “no podía ver nada y escuchar tampoco. Revolvieron todo, encontraron ahorros de los chicos y agarraron algún otro elemento como un sombrero y lámparas. En pesos y dólares, robaron más o menos el equivalente a 220.000 pesos”. 

Una actitud que le sumó dramatismo al asalto traumático se registró cuando un delincuente amenazó “vamos a agarrar al nenito, así el pelado canta”. 


Nicolás van den Berg muestra la marca sobre su cintura, provocada por un destornillador con el que lo lastimaron los delincuentes


Estima que fue aproximadamente a las 8.45 cuando se fueron con la camioneta. “Me preguntaron si tenía gasoil. Les dije que sí, que la llave estaba puesta. Me advirtieron que no avise a los medios”, expresó. 

Pudieron desatarse. Los delincuentes tiraron los teléfonos en el patio y él pudo encontrarlo al escuchar cuando sonó por el ingreso de un mensaje de Whatsapp. “Una hija fue a lo del vecino a pedir ayuda. La novia del vecino es policía, actuó muy bien llamando a sus compañeros y agilizando las cosas. Yo llamé a mi hermano, también se comunicó con la policía. Salieron a buscar la camioneta y apareció en el Parque Cabañas”, señaló.   

La espera
Los asaltantes le recordaron en detalle lo que habían hecho la noche anterior. El horario en que llegó su hija en moto y el encuentro que el matrimonio tuvo con el vecino para tomar una cerveza y compartir “una picadita”.

“Estuvieron toda la noche”, afirmó con énfasis y agregó: “Fue un desastre. Los han traído el miércoles al atardecer y entraron por una calle lateral. Me esperaron en el galpón para sorprenderme y que no me pueda defender, ellos me dijeron que sabían que si entraban en la casa no me iban a agarrar fácil. Mi reacción iba a ser distinta”.



“No se puede” 
Es la experiencia más dura de su familia por la inseguridad, aunque tuvo otras. “Hace más o menos dos años entró un delincuente solo. Quedó una hija con el nieto acá, se estaba bañando, salió y lo encontró en el pasillo, tenía un arma larga. Como yo no estaba y vio al chiquito, salió, pegó un grito y se fue, seguramente eran más. Creo que serían los mismos. Esa vez no me alcanzaron a robar”, explicó. 

Afuera de la vivienda sufrió la sustracción de “animales, plata, una motosierra, herramientas de mano. Me robaron doce o tres veces. Hace veinte días me sacaron plata de la camioneta en Tres Arroyos. Culpa mía tal vez, pero no puede ser que uno no pueda andar libre haciendo sus cosas para poder vivir dignamente”. 

En este sentido, agregó con indignación que a su hermano Pedro “le robaron dos veces en una semana, también en la zona rural. Trabajamos, nunca le hicimos mal a nadie. De esta manera no se puede. Esto lo tienen que parar. Hay que empezar por arriba, fiscales y jueces tienen que decir basta, porque se está yendo todo de las manos”. 

Sus hijas nacieron en Holanda, donde Nicolás y su señora vivieron entre 1991 y 2008. “Mis hijas y mi mujer, que es de acá, quieren volver a Holanda o ir a otro país. Yo estoy ahí, pensando. La inseguridad es mucha. Pasamos un susto tremendo”, concluyó.