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Opinión

Por Esteban Ernesto Marranghello

Fútbol: improvisación y carencia asociadas a corrupción e impunidad

03|12|18 18:28 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello


Con situaciones que aunque no se den por primera vez, en muchas oportunidades los seres humanos experimentan igual sensaciones de impotencia. Ante su magnitud, esas situaciones logran golpear nuestra sensibilidad. No por lo cotidiano de su aparición en nuestras vidas dejan de provocar un sentimiento negativo, de que nuestra sociedad en sus diversos estamentos, está transitando un período que no logra superar. Un derrumbe de conductas y acciones de una decadencia moral y material que desequilibra con sus resultados el presente problemático de buena convivencia social. Eso asociado a un futuro económico, que agrede por su inconsistencia de resultados, la esperanza de esperar cambios que mejoren el comprometido presente. 

Lo grave proyecta en una inmensa mayoría de la población, con todo el andamiaje de lo que somos los argentinos -con nuestros defectos, que los tenemos y no son pocos-. En definitiva sabemos que tenemos un país con inmensas posibilidades de recursos para explotar y aprovechar, junto a una herencia cultural que nos muestra lo que nuestros antecesores nos entregaron para continuar construyendo la Nación. La mayoría de la sociedad pretende vivir en paz y desarrollarse en armonía, pero en la actualidad existe un auto sentimiento de hastío y falta de fe en aquellos que tienen la obligación de gobernar, por sus incapacidades manifiestas, su falta de preparación y muchas veces por dudosas conductas, que incluye a oficialismo y oposición. 

En lo que se refiere al partido por la final de la Libertadores parecen haberse agotado toda la galería de errores que demuestran que un encuentro de estas características no puede jugarse en la Argentina por razones de seguridad


Todos culpables
De esta realidad, los únicos responsables somos nosotros mismos. Los gobernantes, la oposición, los referentes en los diferentes estamentos de la vida pública y privada de las comunidades, los elegimos o los aceptamos nosotros. 

No pretendo adoptar una actitud de juez porque no estoy capacitado para ellos y por lo relevante de esta función, me excede. Pero también no hace falta abundar en ejemplos. Hoy en la Argentina la Justicia, lamentablemente, es una moneda devaluada, muchas veces, en la misma dimensión del peso argentino. Todas las actividades están influenciadas y contaminadas por un estado de decadencia del valor más importante en una sociedad: la educación. A eso debe agregarse la falta de consistencia en el espíritu nacional y el respeto por las tradiciones, peligroso andarivel hacia la colonización. 

Medios de comunicación masivos en manos extranjeras que imponen sus ideas, sus costumbres y sus intereses, ajenos al ser nacional. 

Lo grave no es la propiedad material de los medios, sino los menajes ante una pasividad vergonzosa de los gobiernos, que no imponen la defensa de la cultura nacional, con un ministerio de área que marque los límites que todo país debe tener. 

Porque todos los extranjeros “defensores” de la libertad de expresión de países ajenos, dentro de sus límites territoriales, “marcan la cancha” con medidas proteccionistas, para “evitar” invasiones a su identidad. Fundamentalmente en los programas educacionales forman sus alumnos, en el más estricto nacionalismo cultural. 

Las principales sociedades conservan en sus planes de estudio, principalmente en las áreas primarias y secundarias, la defensa de las bases de sus respectivas culturas. Contenidas en sus planes de enseñanza y actividades curriculares. 

El episodio, netamente deplorable, del partido de fútbol que debía definir un ganador del certamen continental por la Copa Libertadores de América, es una demostración de la decadencia argentina en particular y el similar derrotero de fracaso, de la dirigencia internacional de dicho deporten en América. 

El fútbol es una pasión que excede cualquier geografía o estamento social. Es tan fuerte su influencia global que invade y contagia el resto de las actividades, que movilizan, por sí, ámbitos, escenarios, horarios y conductas individuales o colectivas con su desenvolvimiento deportivo y su tremenda gravitación de influencia económica. 

Grondona 
Precisamente nuestro país transitó un largo período de tiempo con una ubicación privilegiada dentro de la FIFA. La excluyente presencia de Julio Grondona al frente de la AFA durante tres décadas, influyó en el ordenamiento interno e internacional. Siempre su reelección fue votada por unanimidad. En el orden internacional fue gravitante su presencia en la FIFA, vicepresidente primero y tesorero. Influía de manera directa en las decisiones institucionales y controlaba el desenvolvimiento económico. Con su presencia y opinión siempre impuestas por su capacidad dirigencial gravitó durante años en el fútbol mundial. Esa misma gravitación la impuso “con mano de hierro” en la AFA. Durante su conducción sorteó todos los acontecimientos económicos y políticos de la Argentina, con su participación siempre consultada. 

Los acontecimientos y situaciones acaecidos después de su fallecimiento, no son motivo de esta nota. Lo que sí es motivo es que quienes lo suplantaron en la conducción del fútbol argentino, condenaron por su incapacidad de gestión, su ineptitud de liderazgos y su falta de capacidad intelectual, agravados por conductas muchas veces cuestionables, la decadencia más notable en la historia del deporte más popular. A todos los vergonzantes episodios que se fueron sucediendo los últimos años y son bien conocidos, algunos podrían integrar una galería del horror, verdaderamente desopilantes, si no fuera por las circunstancias realmente trágicas con graves reiteraciones. 

En lo que se refiere al partido por la final de la Libertadores entre River y Boca, parecen haberse agotado toda la galería de errores que demuestran, lamentablemente con razón, que un encuentro de estas características no puede jugarse en la Argentina por razones de seguridad. Papelón para la imagen del país. 

Lo verdadero en el análisis es que la resolución final no podrá ocultar la grosería e ineptitud oficial y privada de no poder evitarle a la Argentina una imagen negativa, política y deportiva, absolutamente deprimente


Las explicaciones del Gobierno, incluido el señor presidente, con todo respeto, son una demostración de impotencia preocupante. Las opiniones de la ministra Patricia Bullrich, si no fuera por la gravedad de los hechos, serían un buen libreto para un “sainete”. La señora Bullrich exclamó muy suelta de cuerpo y de lenguaje, esto muy preocupante: “La culpa de los incidentes no son de las Fuerzas de Seguridad, sino de los que arrojaron piedras y demás objetos”. La señora ministra se olvida que la obligación de “su tropa” es detener y reprimir a los vándalos para impedir la agresión al micro que trasladaba a la delegación boquense. 

Las fuerzas están para actuar, no para mirar lo que hacen los delincuentes. Un nuevo fracaso de esta funcionaria en un área sensible a la seguridad pública. En lo que hace a la dirigencia del fútbol argentino se ha demostrado una vez más el pobre nivel de conducción que posee. Al señor presidente de la AFA, con errores gruesos de todo tipo, ya le va quedando demasiado grande la responsabilidad de la conducción del fútbol argentino. 

Ser o no ser 
Los dirigentes no se “inventan”. “Lo que natura no da, Salamanca nos presta”. Acontecimientos dramáticos, declaraciones cambiantes y fuera de lugar, conductas erráticas y poco claras, acciones ilegales y reclamos que parecen legales. Un Boca – River que concentra la esencia del fútbol argentino, más popular en historia y en adhesión de simpatizantes e hinchas. Algo que merecía ser una fiesta de fervor y color con todo el escenario del folklore futbolero, con dos voluntades tratando de imponerse para satisfacer su amor propio y cumplir con el entusiasmo de sus hinchas a lo largo y a lo ancho del país, no pudo ser. 

La definición de cuál será la sede del partido, el estadio del Real Madrid en España, no es trascendente. Sólo tendrá importancia en el orden institucional y económico. Lo verdadero en el análisis es que la resolución final no podrá ocultar la grosería e ineptitud oficial y privada de no poder evitarle a la Argentina una imagen negativa, política y deportiva, absolutamente deprimente. 

El deporte más popular, el fútbol, nos muestra un espejo de improvisación y carencia, asociadas a corrupción e impunidad. Corregir y enmendar debería ser una tarea común a todos, ni fácil ni rápida, pero habría que comenzar antes de que sea demasiado tarde. 


Esteban Ernesto Marranghello